Frente a la audiencia de una importante emisora de Ciudad del Este, en un debate previo, al que fui invitado, horas antes de la votación, manifesté que el partido colorado, con Blanquita a la cabeza, “ganaba caminando y sin despeinarse”.
Es evidente que la realidad me demostró una cosa muy diferente, quedando como un verdadero "mongo" frente a mucha gente, en especial, con mis compañeros de redacción. Sin embargo las señales eran muy claras. Nicanor no iba a dejar escapar el poder que regiamente ostentaba para entregárselo precisamente a un “cura guerrillero”. Estaba seguro que resucitaría todo tipo de trampas y tretas varias muy propias de su partido.











