miércoles, 8 de septiembre de 2010

LA BOMBACHOCRACIA NOS ATACA

Desde que el hombre seducía a la mujer con el garrote y luego la llevaba a su cueva, en la época de los Picapiedras, mucha agua ha corrido bajo el puente. Desde esos tiempos hasta la fecha, las cosas fueron cambiando paulatinamente. Con mucha lentitud, es cierto, como que también que en ciertos momentos históricos retrocedió y por lo tanto la mujer volvió a perder el poco terreno ganado.


Sin embargo, a pesar que ellas tenían en su contra la filosofía del libro más vendido de la historia: la Biblia, que es el mayor compendio machista jamás escrito, se sobrepusieron y muy astutas y calladitas como siempre, continuaron su camino hacia la liberación total.

Nunca estaban en el primer lugar, por sus condiciones intelectuales tal el caso de Cleopatra o Catalina la Grande a quienes las malas lenguas les cuestionaron siempre el pensar con la cintura para abajo, sin embargo, a la segunda de las nombradas, hizo de Rusia un gran centro cultural. Otras como el caso de Isabel I de Inglaterra, que con grandes dotes hizo de su reino, una verdadera potencia. O el caso de Isabel de España, que por puro pálpito fue la propulsora del descubrimiento de América.

El tiempo fue pasando con luces y sombras, hasta que en la mitad del siglo XIX, comienza en Inglaterra y Estados Unidos, los primeros movimientos feministas. Es famosa la anécdota que las mujeres norteamericanas presionaron a sus maridos con 60 días sin sexo y gracias a que se unieron todas, consiguieron el voto femenino.

Pequeños hitos se sucedieron desde entonces. Como enterrar para siempre el viejo corsé con varillas, las faldas excesivamente largas, las enaguas encimadas, y pasar por consiguiente a vestir mucho menos ropas que antaño. Luego de la Segunda Guerra Mundial y la guerra en Vietnam, los movimientos femeninos ganaron mucho más espacio, ya esta vez en las universidades. La ropa cambia en pocos años y se pasa a usar menos tela.

La mujer cansada de seguir atrás del hombre, busca ocupar el espacio que le corresponde y una demostración de esto, fue la quema, en improvisadas hogueras, de miles de corpiños en los campos universitarios en la década del ´70, como signo evidente de querer hacer escuchar sus voces de protesta.

Si antiguamente una doctora en medicina despertaba cierta desconfianza ante sus aptitudes técnicas, hoy en día ya nadie repara en el sexo del profesional. La mujer ha dejado de ser un objeto pasivo para constituirse en una activa participante de los acontecimientos actuales.

Ya se ha terminado eso de profesiones para hombres y profesiones para mujeres. Hoy se puede encontrar desde presidentes de distintos países hasta soldadoras, pasando por oficios tan variados y de cierto riesgo que hasta hace muy poco eran sólo reservados para los varones.

Las mujeres han dejado el fregadero y la cocina y terminantemente se han dedicado a ocupar los pocos puestos vacantes que existen en el escasísimo mercado de trabajo. Desbancando al hombre de puestos también reservado para ellos, con la desventaja para ellas que a igual trabajo mitad de sueldo.

Pero esto no termina aquí, las mujeres se han dado cuenta que el conocimiento es la llave de su futuro y por eso se han lanzado masivamente a las universidades, copando todas las aulas y las distintas disciplinas del saber. Se puede ver en cada clase 30 ó 40 mujeres y 4 ó 5 varones. Lo mismo ocurre en las bibliotecas de todo el país.

Por lo tanto, aquellas épocas en donde a la mujer se le enseñaba las cuatro operaciones aritméticas y a leer y escribir solamente, ya pasaron. Cada vez la mujer exige más. Hasta sexualmente ha variado su estilo de vida. Ha pasado de un papel de total pasividad hasta tener una exigente y activa participación. Viendo estas y otras señales por el estilo, le sugiero a mis congéneres que se ajusten los anatómicos y que se pongan urgentemente las pilas porque si no ocupan todos los espacios cedidos dentro de poco seremos simple juguetitos para ellas y lo tendremos muy bien merecido.

1 comentario:

  1. jajjajajajjajajja... Único en tu estilo inefable Ricardo Steimberg...!!!! Sí, es verdad, las mujeres hemos ido acaparando los innúmeros puestos de trabajo, en todos ellos, nos desdoblamos para estar no a la "altura" del hombre, si, para descollar sobre ellos...
    Todo lo que hacemos, lo hacemos muy bien y con TPM, o una panza prominente donde cargamos unos 13 kilos a más durante unos meses, y sobre unos altos tacos...
    Nadie puede negar que actualmente la mujer es madre, esposa y profesional de primera...
    Es multifacética y competente...
    En fin, sin dejar de ser la dulce enemiga del hombre, sigue siendo en su escencia: MUJER...!!!!

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