viernes, 12 de octubre de 2012

DIOS, PROTÉGEME DE LA POLICÍA…


Que de los asaltantes me cuido yo, diría la nueva versión de este antiguo dicho popular. La cosa se ha puesto tan negra que uno ya no sabe que pensar al respecto. Es muy triste no estar seguro, de quien es el que te defiende y quien te quiere perjudicar.

No quiero volver a aquella imbecilidad que dicen todos los “viejos chochos”, que todo lo de antes era mucho mejor, porque eso no es verdad. Algunas cosas eran más sencillas que otras, pero no sé si mejores. Solo no tenían un doblez. Lo blanco era blanco y lo negro era negro. No existían los grises.


Como cuando dicen que ahora estamos a las puertas de Sodoma y Gomorra por la gran cantidad de afeminados y lesbianas. Otra gran estupidez dicha sin pensar, porque ellos siempre existieron, solo que antes por temor, pudor, vergüenza o simple tabú, nadie se animaba a destacar su presencia.

La ventaja que se tenía, en otras épocas, era que los roles siempre estaban muy bien definidos. Los buenos eran buenos y los malos eran malos. 

Con las lógicas excepciones a la regla. Hoy todo está tan revuelto y ambiguo, que termina por confundir hasta al más atento. Y no me quejo, si no que pongo de manifiesto algo que sucede con frecuencia, todos los días del año.

Me produce gran temor cuando, cerca de la época de vacaciones, la policía nos inunda con su publicidad preventiva, aconsejándonos  avisar, en la comisaría más próxima, nuestro alejamiento de casa. Estando las cosas como están, uno no sabe si pide custodia o en realidad les avisa a los mismos ladrones para que nos visiten en nuestra ausencia.

Da mucha pena que toda la sociedad paraguaya le haya perdido toda la confianza, el respeto y la credibilidad a una corporación que ha sido diseñada para protegernos de los elementos indeseables con que cuenta toda comunidad. Nuestra seguridad está garantizada en la Constitución Nacional.

Sé que esto no es ningún aval, ya que todos se burlan de lo que se allí dice. Y hasta pareciera que tampoco a nadie le importa que esto suceda. 

Nuestra Constitución ha sido violada tantas veces en el curso de estos últimos años, por ex presidentes, por convencionales, por los mismos jueces de la Corte Suprema de Justicia, que una mancha más, que le hace al tigre.

Claro que no todo está podrido, desde ya, sin embargo, como siempre lo malo pesa más que lo bueno. Mientras tanto crecen  las  dudas, en la cabeza de los ciudadanos comunes, que se preguntan una y otra vez, sin conseguir una respuesta que los satisfaga.

Si dentro de la Policía Nacional existe un altísimo nivel de corrupción, ¿Quiénes serán los que barran con los malos elementos?, ¿acaso los jueces, los fiscales, y demás funcionarios judiciales?, ¿Pero no son estos mismos que también son sospechosos de ser más corruptos que los propios policías?

Como sentirse tranquilo con jueces que sobreseen a los elementos más peligrosos del hampa y con una foja de antecedentes más largas que rollo de papel higiénico. Esto es lo mismo que salir de las cenizas para caer en las brazas. O sea, que por más que le demos vuelta a la cosa, seguimos totalmente desprotegidos e indefensos en la tierra de nadie.

Cambiar de comisarios y de personal, transfiriéndolos de un puesto a otro, ya está visto que no resuelve absolutamente nada. Es solo premiar la ineficiencia, haciendo la “vista gorda” a vaya uno a saber que tipo de tropelía cometida. 

Todos sabemos que la corrupción siempre ha existido aquí y en todos los países, dentro de las fuerzas policiales, sin embargo son tantos los hechos, que actualmente, invaden la primera plana de nuestros periódicos y las pantallas de la televisión, que  ya es hora de tomar algún tipo de actitud.

Da miedo, con solo enterarse, que policías, en servicio activo, secuestren y pidan rescate. Que estén Involucrados en contrabando, tráfico de droga, que son guardaespaldas de tenebrosos comerciantes de armas, protectores de tratantes de blanca, del juego clandestino o del lavado de dinero.

Otra pregunta que surge como el producto de la pura decantación, es si los futuros aspirantes a policías, realizan algún tipo de estudio o test psicológico como “Dios manda” o bien se acepta a cualquiera que aparezca oportunamente, por la puerta a inscribirse. Muchos de ellos parecen que nunca hubieran recibido ningún tipo de instrucción, dicho esto en el sentido más amplio de la palabra.

Sacando raras excepciones, su atención al público deja mucho que desear. No es la primera ni la última vez, que una víctima se dirige a la comisaría, para hacer una denuncia y termina siendo maltratado por el personal de guardia. Otras veces demorado y tratado como   si fuera el delincuente más peligroso del mundo.

Por lo tanto el lema “Orden y Patria” que antiguamente los enorgullecía, a ellos y a todos los ciudadanos de bien; ha sido cambiado al actual “Caos y dame un cien”. Que tengan una changa haciendo guardia en sus horarios libres, no me preocupa de ningún modo. Si eso le molesta al Ministerio del Interior y a otros cerebros estrechos, entonces que se les mejore los salarios y los beneficios sociales y se revea su seguro de vida.   

Que un policía salga de su casa, sin saber si va a regresar; no es motivo para cambiar de bando. Ni que no le alcance para vivir dignamente. O que no siempre se vea respaldado por sus superiores. Porque él, ha contraído un compromiso consigo mismo y con toda la comunidad, que le ha depositado su confianza.

Sin embargo constantemente la ciudadanía se ve defraudada al enterarse de los hechos delictivos que los pésimos integrantes de la fuerza policial cometen. También es sabido que muchos buenos elementos son obligados a saltar el muro, por temor a las represalias de sus compañeros y superiores. 

Policías y delincuentes o delincuentes y policías apenas están separados por una delgada línea que significa vestir un simple y modesto uniforme color caqui. 

La ética, el honor, la responsabilidad y la vocación de servicio quedaron para siempre en el olvido.  Quizás sea por eso que le coloque a este comentario ese título, a modo de invocación: “Dios, protégeme de la policía, que de los asaltantes me cuido yo”.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario