viernes, 5 de octubre de 2012

FORMATEANDO NEURONAS


Estoy convencido que, para que este bendito país comience a funcionar, no son necesarios introducir tantos cambios, como muchos suponen. Y si tendría que elegir solo dos, de esas mudanzas a implementar, en nuestra sociedad, diría sin dudar un solo segundo que deberían ser: organización y respeto.

Desde que vivo en este país, y puedo afirmarlo  con conocimiento de causa; nunca he visto nada bien organizado y mucho menos algo proyectado en función de futuro. Todo se hace “a lo Chaco” con intenciones de ser provisorio. Sin embargo lo que se pensó como temporario, termina siendo definitivo y perpetuo.  


En cuanto al respeto, puedo hablar y mucho, ya que esa fue una de las cosas que llamaron mi atención y que terminaron por  deslumbrar y enamorarme del país. Pero este, como otros conceptos básicos, se ha ido diluyendo con el tiempo o puesto fuera de moda. Lo que sí es categórico que, sin estos dos elementos, es prácticamente imposible que una sociedad funcione como tal.

La primera célula social es la familia y si dentro de ella, no se enseña a planificar y tomar las cosas en serio, el futuro será tan caótico como hasta ahora. 

Lo mismo ocurre con el respeto. Si no se lo práctica entre sus integrantes y su entorno, que se puede esperar entonces del resto de la gente.

La segunda célula es nuestro barrio. Ese es el campo de  pruebas de la sociedad. Si un barrio es dinámico, crece y va proyectando su futuro, según sus necesidades o prioridades. Es probable que toda la ciudad se contagie con el virus del progreso. De no hacerlo, navegará por siempre en los mares del atraso y la dejadez.

Tengo algunos ejemplos sobre lo que les estoy diciendo y no hay que ir a buscarlo a Europa, Estados Unidos o Japón. No, está aquí, en Paraguay y se llama Atyrá. Esta es una pequeña ciudad ubicada a 61 km de Asunción, en el departamento de Cordillera.

Atyrá está considerada como la “Ciudad más limpia del Paraguay”, la séptima de toda América y la octava comunidad saludable a nivel mundial, certificado por la Organización Mundial de la Salud. Sin olvidar que fue declarada “Capital Ecológica del Paraguay”, por un decreto del gobierno nacional.

Pero este logro no nació por generación espontanea. Fue una iniciativa del gobierno municipal, que priorizó la concientización del cuidado ambiental y la cultura de la preservación ecológica. Esta propuesta coherente, en seguida fue acompañada por todos sus habitantes.

Hoy día, caminando por sus calles, puede verse el esfuerzo mancomunado entre comunidad y autoridades. No me crea. Vaya y compruébelo con sus ojos y verá el gran abismo de calidad de vida que separa Atyrá de Ciudad del Este.

Para empezar, aquí, en todos los barrios reina el más caótico de los desórdenes. Cada uno de los vecinos hace lo que quiere y cuando quiere. No le importa a quien tenga a su costado o frente a su vivienda. Hará todo lo posible para sacarlo a uno de sus casillas. Porque simplemente es un desconsiderado sin educación.

Quizás no sean tantos los que aman a Ciudad del Este, ya que la mayoría de sus habitantes no nacieron aquí. Un gran porcentaje  son recién llegados de cualquier punto del país o del extranjero. 

Y  llegaron con la sola idea de hacer dinero y volverse por donde vinieron, pero, con más billetes en sus bolsillos. Así es difícil encarar cualquier proyecto con gente sin amor ni raíces hacia esta tierra.

Ahora bien, ya que nos gusta copiar los modelos extranjeros, en especial, aquellos que sirvan para deteriorar nuestra imagen. ¿Por qué no seguir el ejemplo de Atyrá? Ya sé que no es nada fácil, porque para ello, debemos formatear las neuronas de todos los habitantes de Ciudad del Este. Incluso quien escribe.

Ya con el cerebro libre de contaminación, podríamos grabarle todo aquello que hoy nos falta. Empezaríamos por ejecutar el programa: respetar las opiniones y la libre expresión del pensamiento de nuestros semejantes 3.1. Activar el dialogo con  tranquilidad, en situaciones que generen un desacuerdo.

Observar que dentro de las herramientas del programa se encuentren configuradas: el respeto a las normas de convivencia, que incluyen por supuesto: no pintarrajear los muros, barrer todos los días el frente de nuestra casa, arrojar los papeles en un cesto, juntar los desechos de nuestras mascotas, cuidar los monumentos públicos de nuestras plazas.

En el programa ser solidario con nuestros vecinos 5.5.1, nos encontramos con las aplicaciones: cuidar su casa cuando estos salen de vacaciones, no arrojar nuestros desperdicios en su vereda o su patio. Que nuestras mascotas no incomoden ni causen estragos en su patrimonio. No quemar la basura porque contamina el ambiente, y es un delito. Ser más flexible ante la adversidad de nuestros prójimos.

Poner en funcionamiento el programa: pago puntual mis impuestos municipales, por lo tanto tengo derecho de saber adónde va mi dinero 3.2. Este es un programa bastante pesado para cualquier neurona común, por lo que debe ser revisado constantemente para evitar que su máquina quede “colgada”.

Configure el programa: respetar las normas de tránsito 2.0, con sus herramientas cruzar la calle, cuando el semáforo así lo indica, manejar solo a la velocidad permitida, utilizar el casco o cinturón de seguridad reglamentarios. Pudiendo abrir “una pestaña”, a ser amable con los  discapacitados o las embarazadas en los vehículos públicos de pasajeros. 

Si cumplimos rigurosamente con todos estos pasos ya señalados, es muy posible que, a muy corto tiempo, con el respeto y la organización como bandera insignia; comience para nuestra ciudad, y por ende a nuestro país; una lenta pero inexorable mejora en la calidad de vida. Esto traerá aparejado otro estado de ánimo.

Con estos elementos incorporados, a nuestro funcionamiento cerebral, el despegue hacia un futuro mucho mejor, que el presente, es nada más que un mero trámite. Pero para llevar a cabo semejante plan, si o si, debemos formatear nuestras neuronas y sacarle todos los virus adquiridos durante los últimos 60 y pico de años.  

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