sábado, 19 de mayo de 2018

LAS MALAS PALABRAS

A pesar que confieso públicamente, que mi boca es una verdadera letrina, juro solemnemente no hacer ningún tipo de apología de ellas, pero si buscar los motivos por el cual las decimos y todas las variantes que ello tenga. 


En principio, no existe ninguna persona sobre la faz de la Tierra, que no las haya pronunciado, un par de veces en la vida. Así sea santo o demonio. Son palabras cotidianas, generalmente utilizadas con dos propósitos bien definidos. 


El primero se limita al agravio personal, en el más puro estilo ofensivo, hacia otra persona. 

Y en el segundo se circunscribe al insulto hacia uno mismo ante un error cometido o haber recibido algún doloroso golpe sorpresivo. 

Ahora bien, estas provienen, según mi modesto criterio, de cinco vertientes tambien hiper definidas. 


1.- De los genitales tanto masculinos como femeninos y todos sus sinónimos nacidos del populacho. O de donde la espalda cambia de nombre y nunca recibe la luz del sol. Y se le suma todos los residuos que este pueda expulsar.

 2.- De la promiscuidad de la madre de cada uno. 

3.- De la poca virilidad o femineidad con que el insultador te rotule. 

4.- Cualquier referencia proveniente del acto sexual. 5.- Cualquier referencia a los prostíbulos, y todos sus sinónimos. 

En mi caso, las uso con frecuencia, especialmente cuando necesito hacer algo más gráfico, lo que quiero expresar, ya que en ciertas circunstancias son casi irreemplazables, tremendamente exactas a mi pensamiento y tan justas que calzan a medida. 

Aún cuando en algunos momentos suenen muy vulgar. Sin embargo en mis escritos no las utilizo, ya que las reglas y los códigos cambian. Solo las coloqué en tres cuentos de unos 720. Y no lo hice sencillamente porque no encajaban, de ningún modo, en la trama. 

Creo que las malas palabras en el arte, llámese literatura, cine o teatro, es solo uno de los tantos recursos, de los muchos que ya poseen y si uno se excede en ellos, terminará haciendo el ridículo o siendo un vulgar escritorzuelo esnob. 


Del mismo modo que una ensalada, debe llevar una buena proporción de aceite o de sal, si uno se excede en dichos condimentos, es probable que deba tirarlo a la basura. 

De igual manera ocurre con el arte. Muy buenos escritores las han usado, como Henry Miller, sin embargo en determinado momento, al leerlos, me sentí algo incómodo con el abuso de estas palabras y lo deje de lado. 

La mayoría de los psicólogos interpretan que al decirlas, es una forma de rebelarse contra la autoridad, de los padres, maestros, profesores, jefes y hasta de su pareja. 


Sin embargo, a mi me parece que al decirlas sin reprimirse, libera toda la tensión debido al estrés acumulado que uno siente, ante los problemas cotidianos. Tremenda contradicción entre la ciencia y la práctica. 

Pero no se puede hablar de las malas palabras sin nombrar al gran humorista y caricaturista argentino Roberto Fontanarrosa (1944-2007), creador de personajes inolvidables como "Inodoro Pereira" o "Boogie el aceitoso", quien dijo que las “malas palabras” no existen, entendiendo que ninguna le pega a la otra; ni palabrotas, porque no se escriben en mayúscula. 


Fue un invitado de Honor en el 3º Congreso de la Lengua Española que se desarrolló en Rosario (Argentina), el 20 de noviembre de 2004. 

En el mismo dio una charla titulada "Sobre las malas palabras".​ 

Con el correr del tiempo se constituyo en un ícono memorable sobre este tema. Les sugiero que lo busquen en la red, ya que no tiene desperdicios. 

A las malas palabras se las llaman de distintas maneras y de muchas formas, siendo las más comunes las de groserías, insultos, vulgaridades, palabras altisonantes, vocablos chocantes, palabras crudas, dichos indecentes, lenguaje soez. lenguaje procaz o palabras obscenas. 

Y quienes las dicen son facilmente tachados de desconsiderados, desatentos, incorrectos, descarados, insolentes, impertinentes, maleducados, ordinarios, toscos, frescos, cínicos, sinvergüenzas y desfachatados, son los que ahora recuerdo. 

Sin embargo existe toda una realidad concreta y contundente detrás de todo este asunto, que el tiempo y la gente con pocas luces, se han encargado de enturbiar.

Las mala palabras tienen su propia fuerza expresiva y dependen mucho con la entonación que se le de a la palabra en cuestión. 

En Argentina la palabra "BOLUDO" que significa que el varón tiene los testículos grandes, pero nada de cerebro; ha pasado de insulto a un saludo cotidiano y de buena onda. Incluso las mujeres se llaman asi unas a otras, aunque todos sabemos que ellas no tienen testículos. 

Otro ejemplo muy llamativo es el de "HIJO DE PUTA", terrible insulto en todo Hispanoamérica, sin embargo, en Argentina, según la inflexión de la voz, puede ser una agresión gratuita a la pobre madre que no tiene nada que ver en el asunto. 

Pero también llega a ser un saludo cariñoso, entre amigos con muchos años de tratarse. Ahora bien, las palabras se utilizan por simple convención y eso significa que todos saben y concuerdan con el significado de una determinada palabra. 

Si yo le digo a una mujer tocate el ombligo y ella se toca la nariz, aquella convención que mencioné más arriba, se va a la mismísima cloaca. 

Sin embargo existen los regionalismos, o sea los dichos comunes en ciertos lugares de determinados países. 

Aquí nos encontramos con la misma palabra pero con muy distintos significados. La palabra PIÑA, que significa fruto del pino, pero en Argentina es una trompada, en El Salvador es un homosexual, en Perú, una persona con mala suerte y en Centroamérica, la fruta bromeliácea también llamada ananá. 

Pero vayamos a ejemplos más concretos, en la mayoría de los países centroamericanos decir TENER CALENTURA significa tener fiebre, mientras que en Argentina, Paraguay y Uruguay quiere decir que se está muy excitado. 


La palabra PENDEJO significa el pelo del pubis, sin embargo, en México, es un terrible insulto, mientras que en el Río de la Plata y en Paraguay se interpreta como niño pequeño o un adolescente sin experiencia. 

Si uno dice CORRERSE en España estará diciendo que está teniendo un orgasmo, mientras que en América hispano parlante, es cambiar de lugar. 

Lo mismo sucede con la palabra COGER, que ellos la toman por asir o tomar con fuerza mientras que en Paraguay, Argentina, Uruguay, Perú y Bolivia lo toman como tener sexo. 

Si llegamos a decir CUCHARA en Venezuela, es probable que alguien se ofenda, ya que allí significa "vulva" y nada que ver con un utensilio de cocina. 

Nunca diga la palabra HUECO en Guatemala, ya que alli lo interpretarán como homosexual. Decir MANCO implica que le falta una mano, pero en Costa Rica significa tener cabellera rubia mientras que en Venezuela da a entender que alguna mujer es lesbiana. 

Como han visto esto de las malas palabras no eran tan simple y ellas tienen su vuelta. Decirlas puede traerles disgustos, especialmente si salen de viaje, pero existe algo muy importante, nunca, pero nunca se repriman si es que las quieren decir.

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