miércoles, 16 de octubre de 2013

CIUDAD DEL ESTE SE QUEDÓ EN EL TIEMPO

La capital del Alto Paraná no es solo la segunda ciudad en importancia de la República del Paraguay, es muchísimo más que eso. Es el polo de desarrollo más importante de toda la Nación, que ha generado riquezas y lo sigue haciendo. 

Incluso es tan generosa que reparte beneficios propios de la región, como los de Itaipú, a lugares muy distantes y que no lo merecen, en detrimento de su propia necesidad. 

Fue fundada un 3 de febrero de 1957 como una forma de sentar presencia paraguaya ante el incontenible avance de los “bandeirantes” brasileros de aquella época. Todos los pioneros de aquel tiempo coinciden que nunca hubo un verdadero plan urbanístico serio, por lo que la otrora Puerto Presidente Stroessner, creció en forma caótica y totalmente desordenada. 

Durante todo ese tiempo, incluyendo al actual, cada uno de los intendentes que tuvo esta ciudad, no hizo nada importante en cuanto a lo que esta urbe le convenía o necesitaba, pero si lo que al bolsillo del mandamás de turno le redituara mucho más. Los caudillos locales hicieron y deshicieron a su antojo todo lo que encontraron a su paso. 

Casi siempre con la indispensable venia de Asunción, por lo que se podía ver edificios de altura sin la autorización suficiente, consintieron en la ocupación de zonas verdes para hacerlas comercial e ir degradando la imagen de nuestra ciudad permitiendo la invasión de las veredas por miles de vendedores que las ocuparon y dándole esto una mala fama en el exterior. 

Hicieron a un lado la vista en cuanto a las salidas de emergencia y las improvisadas y peligrosas instalaciones eléctricas, vendieron patrimonio municipal sin dar cuenta a nadie, beneficiándose o permitiendo la construcción de estaciones de servicio donde no correspondía, shoppings cuya tierra fue birlada a sus verdaderos dueños, y también donde se ejerció el monopolio de las urnas teniendo miles de funcionarios cautivos bajo extorsión. 

La geografía del microcentro esteño fue cambiado cuando varios de los llamados “encumbrados” de ese momento, avanzaron por sobre la línea municipal dejando a las veredas tan angostas que hoy se las debe caminar de costado como las figura egipcias de las antiguas pirámides. 

Para peor de males se creó una Policía de Tránsito corrupta, acostumbrada a acosar a los vehículos extranjeros y ser descaradamente fotografiados por cuanto reportero gráfico existe en nuestro país, mientras pedían coima. 

Ni que decir de los miles de camiones que estacionan sobre la banquina de la Ruta 7 y donde con cierto disimulo, esta misma gente le cobra 30.000 guaraníes a cada conductor. 

Lo malo de ello no es la cobranza, si no que toda esa masa de dinero nunca pasa por la tesorería de la comuna y si queda depositada en los bolsillos de los actuales dueños de la ciudad y unas cuantas migajas para los que dicen dirigir el tránsito esteño. 

Desde hace unos doce años nuestra ciudad está regida, por así decirlo, por el mismo clan. Durante todo ese tiempo no han articulado ninguna obra de infraestructura de verdadera importancia, como una herencia para las futuras generaciones. 

No existe una red de tomas hidrantes, ni alcantarillado, ni un tránsito ordenado ni viaductos en el kilometro 4 y en el 7, la basura sigue creciendo en los vertederos improvisados, el servicio del transporte público es realmente pésimo. 

La misma gente cercana al Clan transforman en un espectáculo mediático una simple inauguración de un ridículo empedrado y lo manifiestan con un desmesurado entusiasmo cuando el empedrado ya no es utilizado ni siquiera en Tanganika o Mongolia, ya que el pavimento articulado es la primera opción, por costo y tiempo de mantenimiento, sin embargo al muy conocido Clan les sigue apasionando vendernos espejitos de colores. 

Ahora bien, según mi modesto punto de vista, existe un cierto criterio retrógrado, que todavía algunos nostálgicos se empeñan en querer reverdecer los viejos laureles de aquella remota época. 

Fue cuando Ciudad del Este estaba escalonada en la tercera ciudad comercial del mundo. Esto sería hermoso, sin embargo es utópico porque las condiciones económico-financieras son totalmente distintas a lo que eran 25 años atrás. Es lo mismo que los bailes lentos, ellos ya no volverán más. 

Muy pocos ven que el sistema de la triangulación ya hace rato que ha terminado, por lo tanto construir mas y mas shoppings en el microcentro es un mal negocio. Lo lógico es una total reconversión donde se construyeran plantas comerciales de 1000 a 1500 metros cuadrados para empresas de primer nivel, cosa que eso no existe en toda esta ciudad. Fomentar la maquila y las microempresas que terminen con la pandemia de los “mesiteros” informales. 

Aún así, un pequeño grupo de empresarios se movilizó para darle a nuestra ciudad una nueva imagen, por lo que decidió contratar los servicios del equipo del conocidísimo, ingeniero brasilero Cassio Taniguchi. 

Hace un par de días, esto se oficializo en un evento donde concurrieron aproximadamente unos 300 empresarios, y donde hasta estuvo nuestro presidente, como invitado especial. 

Este mismo, en un acto de total desprendimiento, donó 50.000 dólares o sea el 10 % del total que costará dicho proyecto. Algunos ciudadanos al enterarse de esto se indignaron, ya que hubieran preferido que Horacio Cartes los donara al Hospital Regional de CDE, ya que ha dejado de ser operativo por falta de suministros y medicamentos. Eso es si pensara más en la gente humilde. 

Existen tantas necesidades que los pobres ya no pueden esperar que los sueños y las quimeras se concreten ya que sus carencias son arrastradas de tanto tiempo que las soluciones deben concretarse para ya mismo. Y finalmente queda como despedida una inquietud personal mía. 

Y se refiere al motivo por el cual se debe contratar a un estudio de arquitectura extranjero para que nos rediseñe la ciudad, cuando nuestro país cuenta con 30 facultades de arquitectura. Si nuestros profesionales son mongos, estúpidos, atrasados e incapaces es mejor que cerremos todas las universidades. 

Pero luego no se enojen conmigo cuando llamo de hipócrita a la gente que habla de soberanía, pero que nunca la practica. 

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