jueves, 18 de junio de 2015

ASESINOS ESCOLARES

Uno de los fenómenos que más me ha llamado la atención últimamente, es la proliferación de estudiantes, muy jóvenes, portando armas de fuego, dentro de las escuelas, colegios e incluso universidades. 

Si bien esto comenzó en la década del 60, del siglo pasado, con hechos bien aislados, hasta que lo ocurrido en el Instituto Columbine, marcaría un antes y un después, en este tipo de incidentes. 

Fue en abril 1999 cuando se produjo la matanza en el Instituto Columbine, de la pequeña ciudad de Littleton (Colorado). 

Allí, dos estudiantes mataron a 12 de sus compañeros, a un profesor, e hirieron a 24, antes de tomar la drástica decisión de suicidarse. 

El 20 de abril de 1999, Eric Harris, de 18 años, con una camiseta en la que se leía 'Natural Selection', y Dylan Klebold, de 17, cuya camiseta tenía impresa la palabra 'Ira', llevaron a la escuela bombas de fabricación casera. Estas fueron colocadas en la cafetería, y además dejaron otras en sus respectivos automóviles. 

Las bombas no estallaron y optaron entonces por los disparos. Los dos estudiantes habían planificado la matanza durante un año. 

El cineasta Michael Moore se inspiró en esta masacre, para realizar el documental “Bowling for Columbine”, en donde aboga sobre la restricción del uso de las armas de fuego en los Estados Unidos. 

A partir de allí, se desató una verdadera ola de incidentes, siempre en EEUU, siendo las principales la ocurrida el 16 de enero de 2002; cuando un alumno que había sido expulsado en Grundy, Virginia, le dispara a quemarropa al director del colegio y a otro estudiante e hiere de gravedad a tres personas más. 

El 28 de octubre del mismo año, en Tucson, Arizona, un estudiante totalmente fuera de sí, por haber fracasado en los exámenes, mata a dos profesores y uno de sus compañeros, para finalmente quitarse la vida. 


El 21 de marzo de 2005, en la reserva indígena de Red Lake, Minnesota; un joven mata a dos personas en casa de su abuelo, para luego dirigirse al liceo local, en donde asesina a sangre fría a otros siete individuos. 


El 16 de abril de 2007, un estudiante asesina a balazos a 32 personas, en el campus de Virginia Tech, en Blacksburg, en lo que constituye la peor matanza en su tipo, en la historia de Estados Unidos. 


El autor de la masacre fue identificado por las autoridades como Seung-Hui-Cho (23), un estudiante surcoreano de literatura inglesa, criado en Virginia y residente en la universidad. 



El 14 de febrero de 2008, Steve Kazmierczak, de 27 años, un ex estudiante en la Universidad del Norte de Illinois, de la ciudad de DeKalb, Michigan, mata a tiros a cinco personas e hiere gravemente a otros 15, antes de suicidarse. 

El 12 de Febrero de 2010, la doctora Amy Bishop, una profesora de biología con estudios en la Universidad de Harvard, muy molesta por habérsele negado un trabajo permanente en la Universidad de Alabama en Huntsville, ultima a tiros a tres personas e hiere gravemente a otras 3. 

El 27 de febrero de 2012, Thomas “T. J.” Lane, un chico de 17 años inició un tiroteo, en la escuela secundaria Chardon, en el estado de Ohio. 

El adolescente utilizó una pistola Ruger calibre 22 que le robó, en un descuido, a su abuelo. Como consecuencia de esto mueren 3 de sus compañeros e hiere gravemente a otros 2. 

El 14 de diciembre de 2012, se produjo un grave atentado en la escuela primaria Sandy Hook Elementary School de Newtown, Connecticut, EEUU. 

En aquel día, el joven Adam Lanza, de 20 años, mató a tiros a 28 personas, incluyendo a su madre El asesino, un joven trastornado que luego se suicidó. 

¿Que tienen todos estos casos en común?, muy sencillo: el perfil de los adolescentes, llamados en EEUU de “school killers” (asesinos escolares), son coincidentes. 

Todos ellos son jóvenes muy tímidos y retraídos, que en algún momento deben de haber sufrido acoso escolar por parte de profesores y compañeros. 

Por lo general son segregados, nunca invitados a los eventos sociales que tanto los adolescentes acostumbran a realizar. 

Padres autoritarios, golpeadores e irresponsables, que finalmente abandonan el hogar y madres demasiado protectoras o castradoras que los reprenden por cosas sin importancia. Viven siempre envueltos en problemas familiares o escolares. 


Costándoles mucho adaptarse a las normas convencionales que dicta una sociedad que no entienden. Saben utilizar armas de fuego, pero a escondidas y les gusta vestirse con uniformes militares. Esto les da un poder fenomenal en sus fantasías, cosa que no la tiene en la realidad. 

Muchos de ellos actúan en equipo, tipo comando, imitando a las películas de acción o los videos juegos. 

Estos son algunos de los estímulos que pueden convertir a un niño traumatizado en un asesino despiadado. Por lo general estos se mueven más por el deseo a morir que por el impulso de matar. 

El 60% de los asesinos escolares termina casi siempre suicidándose. Por lo general, el detonante de una ira largamente contenida, es una broma muy pesada, o una mala nota, o bien podría ser una broma cruel por parte de sus compañeros, agregándose a esto el rechazo que sufra de alguna amiga por no querer ser su pareja.

Sin embargo, lo que parecía ser una “moda” únicamente norteamericana, se fue internacionalizando, hasta llegar a ocurrir como hoy en día, en cualquier lugar del mundo. 

En el año 2004, Rafael Solich, un estudiante de 15 años, del Instituto nº 2 “Islas Malvinas” de Carmen de Patagones (Argentina), mata a tiros a 3 personas y hiere a otras 5. 

Tras ser desarmado por un compañero, es detenido. Se lo recluyó en un centro Neuropsiquiatrico juvenil tras declarársele inimputable. 

El 7 de abril de 2011, Wellington Menezes de Oliveira, un ex alumno de 23 años, provocó una masacre en la escuela municipal Tasso de Silveira, en Río de Janeiro. 

Armado con dos revólveres, mató a 12 estudiantes y dejó 18 heridos. Para luego suicidarse al verse acorralado por varios policías que patrullaban la zona. 

La conclusión es que padres y profesores observen detenidamente cualquier signo que delate algún desorden mental y lo ayuden con una buena asistencia profesional. 

Todos los colegios deberían tener un gabinete psicológico y un asistente social para socorrer a los alumnos que lo necesiten.

1 comentario:

  1. Estoy de acuerdo en que tanto los padres como los educadores estén alerta frente al comportamiento de los estudiantes, como mencionaste en tu artículo, el perfil que suelen tener los que cometen este tipo de crimen es similar y si una persona adulta puede notar alguna conducta extraña en un joven lo ideal sería buscar ayuda profesional.

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