jueves, 26 de noviembre de 2015

LA INJUSTA DESIGUALDAD ENTRE RICOS Y POBRES

A este infame fenómeno se lo conoce desde el mismo comienzo de Humanidad. Del mismo modo que a su primo hermano: La igualdad de oportunidades. 

Es por eso que siempre existieron castas de poderosos señores que hicieron lo que quisieron, sin importarles lo que la ley dijera, ya que ellos hacían la ley a la altura de sus necesidades tiránicas. 

Faraones, césares, señores feudales, emperadores, reyes absolutistas, zares y tiranos de todas las ideologías posibles, tuvieron en sus manos, la vida de miles de personas, sujeto a sus arbitrariedades y caprichos. 

Y a pesar que esto aún continúa, existen varios hitos históricos que frenaron en buena parte, los despóticos abusos del poder. 

Sin embargo, de entre todos ellos se destacan tres momentos puntuales, en donde no se termina con las injusticias sociales, pero se pone un alto a los abusos y atropellos de los poderosos. 

El primero de ellos fue la llamada Carta Magna, un documento impuesto por los plebeyos al rey Juan I de Inglaterra, más conocido como Juan sin Tierra. 

Los nobles normandos oprimían a los anglosajones y estos se rebelaron debido a los gravosos impuestos a que eran obligados a pagar. 

Además de soportar un sinnúmero de humillaciones y vejámenes. 

Luego de largas discusiones entre los nobles, la Carta Magna fue aprobada por el rey Juan I en Londres el 15 de junio de 1215. 

El segundo fue La Toma de la Bastilla, producido en París el 14 de julio de 1789. 

A pesar que dicha prisión medieval solo estaba ocupada por siete prisioneros, su invasión por parte de los revolucionarios parisinos fue tomada simbólicamente como el fin del despotismo de la monarquía francesa y el comienzo de la Revolución francesa. 

El lema de los revolucionarios-Libertad-Igualdad-Fraternidad- y su ejemplo, provocaron un verdadero terremoto tanto en toda Francia como en el resto de Europa. 

Sin embargo, su influencia fue mucho más lejos de lo pensado, llegando sus ecos a cruzar el Atlántico, asentándose en las nacientes ex 13 colonias inglesas. 

Luego sería una fuente de inspiración para la independencia de toda la América hispánica. 

Y la tercera fue la Revolución Rusa que involucra a todos los sucesos que condujeron al derrocamiento del régimen zarista, entre febrero y octubre de 1917. 

Y que llevó a la creación de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia. Esta revolución, estuvo dirigida en su mayoría por obreros, campesinos y soldados, es decir, la gente simple de pueblo. 

Aquello trajo como resultado la caída de la dinastía despótica de los zares, lo que significo la abolición del sistema absolutista hasta entonces imperante. 

Fue Nicolás II, el último soberano, y el fin de los Romanov. 

Fue en la década de los 50, en medio de la llamada “Guerra Fría”, cuando se comenzó a usar los términos “Subdesarrollo” y “Tercer Mundo”. 

Se llama Primer Mundo, a las naciones desarrolladas no solo tecnológicamente si no que la mayoría de la población goza de una buena calidad de vida. 

Se denominaba Segundo Mundo a los países que pertenecían a la ex Unión Soviética y sus aliados satélites. 

Hoy en día son aquellos en vías de industrialización y sus planes sociales se incrementaron a la par que su P.B.I. 

Y finalmente los del Tercer Mundo que son aquellos donde la brecha de la desigualdad social es enorme. 

Donde se tienen gobiernos inestables y por lo general no existe la alternancia. 

Donde hay una minoría muy rica y una mayoría que vive en condiciones infrahumanas de pobreza extrema. Donde la corrupción y la impunidad son moneda corriente. 

Donde el salario básico no cubre ni siquiera las mínimas necesidades, no existen casi esperanzas de vida, la deserción escolar es muy alta y están fuera del sistema de salud.

Sus causas son económicas, culturales y sociales. 

El bajo salario y la poca o nula capacitación; el famoso “aprendiz de todo y oficial de nada” se da en toda su extensión. 

Gente del interior, buscando un mejor porvenir, en la capital y ciudades vecinas, pero que desgraciadamente termina hacinado, en una covacha de 2 metros por 3. 

A este grupo se le suma personas de alto salario y estándar de vida que perdieron su trabajo, pero que no pueden recomponerse. Quienes por uno u otro motivo perdieron a sus familias o estas lo abandonan. 

Nadie duda que exista una gran desigualdad entre los individuos que tienen una buena preparación académica y los que no han tenido dicha posibilidad. 

Por las pocas posibilidades económicas de los padres, 12 millones de jóvenes desertan cada año, en el mundo, según la UNESCO. 

El alto grado de corrupción que existe en estos gobiernos favorece solo a unos pocos. Esos están siempre enquistados en los gobiernos de turno. Que probablemente violaran todos los derechos de los menos favorecidos. 

Muchos se aíslan en pequeños guetos y por distintas circunstancias como ciertas minorías étnicas, trabajadores inmigrantes, grupos que soportaron desastres naturales, conflictos armados que obliga a muchos a huir de sus hogares. 

Y por desgracia, mezclados con delincuentes, quienes buscan mimetizarse en zonas humildes, para evitar ser detectados por la policía. 

Aunque un país tenga un evidente crecimiento económico, esto no mejorará automáticamente la vida de los más pobres, ni siquiera con subsidios ni planes sociales. Solo con un trabajo que provenga de fuentes privadas. 

Pero socavando primero las raíces de la corrupción, independientemente de la ideología que profese el gobierno de turno.

La principal amenaza que deberán afrontar los distintos gobiernos de este planeta, durante el presente siglo será la de achicar la enorme brecha entre pobres y ricos. 

Muy por encima del terrorismo religioso, el cambio climático, el desempleo, y los ciber-ataques. 

Si bien cada uno de estos ítems, por si solos, pueden ocasionar un debacle a nivel mundial. El tema de la desigualdad social puede ser un verdadero catalizador, que arrastre a las demás causas a una nueva conflagración mundial. Subestimarla sería un nuevo pecado.

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