lunes, 7 de diciembre de 2015

¿POR QUÉ MI PRIMER LIBRO RESULTÓ UN ASCO? - Parte I

Es la pregunta que muchos aprendices de escritores me hacen llegar diariamente, tanto por Facebook como a mis correos de Outlook y Gmail. 

Así que lamentablemente tengo que disfrazarme de villano y responderles con una crudeza bastante diluida, como para no herir sentimientos. 

Eso es luego de leer cursis y aburridos poemas o alguna que otra enmarañada y poco creíble primer capítulo de una pretenciosa novelita. 

Así que he considerado, para bien del autor primerizo, confeccionar una resumida lista y darle un par de modestas y bien intencionadas sugerencias sobre como mejorar su próximo libro. 

Desde ya que con esto no le garantizo a nadie el éxito, pero sí mejorará la mala imagen que se ha ganado, por falta de experiencia y de conocimientos. 

1.- Se me ocurrió escribir un libro: Todo el mundo quiere escribir uno. Los motivos son varios, que van desde satisfacer el ego personal, realizar un sueño postergado, desahogar penas y traumas o simplemente hacerse rico y famoso. 

Piensan que es tan sencillo como mirar al sol y eso no es cierto. El éxito de un libro tiene tantos detalles y variantes que no se deben descuidar, a menos que se tome como pasatiempo y no como una profesión. 

2.- Uno tiene que capacitarse: La escritura como todo arte, posee su método y reglas básicas y nadie puede escaparse de eso.

Por ese motivo, a la par que hace sus primeros monigotes literarios, concurra a un taller literario o contrate a un profesor/a de castellano o Literatura. 

Como para reforzar las precarias nociones que tenga sobre la gramática, la sintaxis, y por sobre todo, la ortografía. 

Así como el cirujano utiliza con habilidad el bisturí, el escritor usa el lenguaje como su herramienta primordial. 

Y es su deber conocerlo de punta a punta. Siendo fundamental dominar la ortografía, la gramática y la sintaxis en este preciso orden. 

Con esto tendrá el escribiente, un 35 por ciento de la batalla ganada. Al menos ya no le provocará nauseas a sus potenciales lectores. 

3.- Elegir un tema lo menos trillado posible: Sea cualquiera la forma que elija para narrar una historia o un sentimiento (poesía-cuento- novela- ensayo, etc.) eviten tocar el tema de los zombis, de dragones, de magos, de espías, intrigas del Vaticano. 

Eso en relato, mientras que en poesía, nada de muerte, de la mujer o el hombre abandonado y despechado. 

Y mucho menos alabar la belleza idílica de la pareja que la que uno está enamorado o abandonado. 

4.- Nunca se olvide la importancia de la corrección: Esto es muy importante para el lector, ya que no importa cuanto haya pagado por el libro. 

Él quiere ver solo perfección y no encontrar un texto plagado de errores, de faltas de ortografía y de párrafos completos sin ningún sentido. 

Especialmente si abonó para tener un par de horas de evasión, diversión y la utópica compenetración con un determinado personaje. 

Tenga en cuenta que la corrección es una tarea muy delicada para que lo encare un novato. Por lo que no lo desmerecerá, de ningún modo, que utilice los servicios de corrector de estilo profesional. 

5.- Cuide la maquetación que es muy importante: Se llama maquetación o diagramación, a la composición de una página, con los diferentes elementos que la integran. 

O bien, es la mejor forma de ocupar el espacio del plano mesurable, que tiene la página. Por lo general eso lo hace el diagramador de la imprenta o de la editorial. 

Este profesional tendrá que comprobar que el tipo y el tamaño de las letras sea el mismo en todo el texto, y que el cuerpo del texto no sea muy grande y con los márgenes muy estrechos (lo que dificultará la costura). 

Dejar sangría y separar los párrafos con moderación, lo que facilita su lectura. 

El tamaño del libro es a gusto del escritor, pero podría sugerir que no fuera más grande que la mitad de una hoja de oficio (21,59 x 35,56) que es una buena medida. 

También propongo que no tenga más de 120 páginas, que de hacerlo debería cambiar por un tipo de encuadernación mucho más costosa. 

6.- El maquillaje es tan importante como el texto: Existen dos puntos fundamentales que muchos autores, por ignorancia o por restarle la debida importancia, no lo tienen en cuenta. Me refiero al título del libro. Este debe ser original y llamativo. 

Cuanto más loco y disparatado mucho mejor, pero eso sí, que capte la esencia misma de lo que encierra el texto. 

Del mismo modo debe ser tratada la tapa. Colores que llamen la atención, sin llegar a ser un mamarracho. Por lo pronto, encárgaselo a un ilustrador, luego, con el tiempo, aprenderás a hacerlas vos mismo, y seguro que lo disfrutarás. 

Mientras tanto espíe y aprenda todo lo que pueda, viendo como lo hace un profesional. Una buena tapa entra por los ojos y eso puede contribuir a que tu libro no se llene de polvo en las estanterías de alguna librería. 

7.- Demasiado dulce siempre empalaga: No hay cosa que irrite más a los lectores que encontrarse, en el medio de la lectura, con palabras que por lo general no se usa muy seguido o demasiado rebuscadas. Y debiendo tener a su lado, un infaltable “mataburro”. 

No abuse de los adjetivos calificativos, ya que estos solo son un recurso. Es como la sal; un poco le da sabor a tu comida, pero si te pasas, vas a tener que tirar el plato. Eso déjenselo a los escritores mediocres o los que se creen excéntricos. 

También resulta muy molesto y habla muy mal del autor, todas aquellas repeticiones hechas en el mismo párrafo. Así como las redundancias que “estupidizan” el texto (el dulce azúcar). 

El primer error se soluciona fácilmente, teniendo siempre cerca un diccionario de sinónimos. Y en el segundo, solo basta con estar más atento. Lo mismo sucede con los colectivos (manada y no manadas). 

8.- Nunca hables de lo que no sabes: Es prácticamente fundamental que el autor siempre parta de un hecho conocido, para luego sí, liberar totalmente la imaginación. Pero eso sí, certificando que el resto sea cierto y creíble. Les doy un ejemplo que me sucedió, durante la corrección de una novela histórica. 

Esta se trataba sobre la Guerra del Chaco, protagonizada por Paraguay y Bolivia, entre los años 1932-1935. El primero de los errores fue mencionar que en los distintos hospitales de campaña se usaba la penicilina, cuando este antibiótico recién salió al mercado en 1941/2.

Mientras que el segundo, tuvo que ver con la cantidad de “Jeeps” que circulaban en el frente de batalla. En realidad este vehículo militar de la American Motor fue puesto en servicio en el año 1942.

1 comentario:

  1. Muy buenas pautas, aunque algunas ya conocidas...todas ha tener muy presente. Gracias amigo Ricardo.

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