lunes, 14 de marzo de 2016

SEXO, MOTOR DE LO BUENO Y LO MALO DE NOSOTROS (Parte I)

Hablar de sexo, hace unos 40 años atrás, se presuponía tocar un tema tabú, impuesto por una sociedad totalmente pacata, revestida de una gruesa capa de barniz victoriano. 

Sin embargo, desde esa fecha hasta la actualidad, muchas cosas cambiaron. Los seguidores de Master y Johnson y las nuevas generaciones de excelentes sexólogos comenzaron a difundir mensajes muy claros y fáciles de entender. 

Donde aquellos proporcionaban el conocimiento del propio cuerpo ayudando a entender sus necesidades e igualmente las causas por los cuales aquel reaccionaba a los estímulos. 

Al tener mucha más información y de buena fuente, la gente empezó a ver el sexo no como algo bajo y sucio, como los padre, maestros e Iglesia le habían enseñado. 

Si no como algo tan natural del mismo modo que respirar o hacer las necesidades fisiológicas. 

A esto se le sumaron los furiosos reclamos de las feministas, que a partir de la década de los 70 del siglo pasado, arremetieron con todas las estructuras machistas que se encontraban a su paso. 

Y eso iba desde la igualdad de oportunidades en cualquier tipo de trabajo hasta la pecaminosa idea que las mujeres también gozaban con el sexo. 

Esto último escandalizó a la Iglesia ya que siempre proclamó que el sexo era solo para la reproducción y no precisamente para el placer. 

La ropa femenina se aliviano e incluso las mujeres se animaron socialmente a mostrar partes de su cuerpo, impensado varias décadas antes. El uso de los pantalones y las minifaldas revolucionaron la moda. 


La coreografía de los bailes también se modificaron y de aquellos “lentos” tan románticos de nuestra adolescencia, pasó a que la pareja danzara mucho más separada pero con un aire más sensual y provocativo. 

Muchas de las letras poéticas dejaron de tener sentido para las jóvenes, siendo atraídas por aquellas donde explícitamente se invitaba a tener sexo. 

Así moría el bolero y nacía el reggaetón. Un ritmo demasiado pegadizo donde uno no sabe si la pareja está bailando o se está embarazando. 

Es la mujer quien lleva los condones en su cartera y decide con quiere tener como compañero de cama, tomando ahora ellas, la iniciativa. 

Todos estos cambios sociales, tienen, como todas las cosas, su lado bueno y su lado obscuro. Lo positivo es que ha habido un verdadero sinceramiento en cuanto al conocimiento de todo lo que es sexo y derribado muchos mitos malsanos.

La mujer ha podido realizarse libremente como tal e incluso decirle abiertamente a su pareja que no está satisfecha sexualmente. 

Cosa antes impensada ya que el deber implícito de una mujer era callar y soportar al hombre. Aquello no era causa para un divorcio por este motivo. 

Y eso es porque la mujer debería declararlo ante un juez y ninguna osaba tocar este tema, ni siquiera en la intimidad de la pareja. Mucho menos ante público. Temían ser tomadas como unas “cualquieras”. 

Ahora las mujeres están al tanto de las enfermedades femeninas y no les da vergüenza que su pareja conozca al dedillo los días que le viene la menstruación. 

Ir al mercado y comprar toallas higiénicas o condones es para la mujer ahora, lo mismo que comprar caramelos o medio kilo de carne. En este mismo punto el varón ha quedado rezagado, como si aún viviera en la época de las cavernas. 

Una mujer puede comprarle calzoncillos a un varón, sin ningún drama; pero este jamás entraría a una lencería a comprarle ropa interior a su mujer. Su cerebro entraría en cortocircuito o se moriría de vergüenza. 

Antiguamente, el sexo representaba un gran misterio que apenas salía de vez en cuando de las tinieblas y luego de mantenerlo, volvía al mismo lugar enigmático e impreciso. 

La gente siempre trataba de evitar tocar el tema del sexo. Todos tenían una información pésima e insuficiente. 

Casi siempre procedía de los amigos que también mal lo especificaban. Entre los varones se contaban los detalles a grandes rasgos y sobre todo mintiendo sobre sus hazañas en la cama. 

Al varón, en cuanto se refiere a conquistas, es por lo general tan creíble como lo puede ser un pescador contando sobre el enorme pez que atrapó. 

Mientras que la mujer solo le pregunta a su amiga más íntima, la actuación de su ocasional amante, en términos que implica la satisfacción física o no y si el órgano de aquel, llenaba todas sus expectativas, en cuanto a dimensiones. 



Los hombres y las mujeres difieren mucho en la manera de sentir el sexo, así como los tiempos y ritmos de excitación de cada uno de ellos. Y es por simple ignorancia que ninguno de ellos conoce a ciencia cierta lo que le pasa al otro, y ni como funcionan sus cuerpos.

Es por eso que existe un porcentaje muy alto de fracasos debido a la poca o nula comunicación que lamentablemente existe entre la pareja. 

Una consecuencia de lo ya dicho es que con tan poca información y una buena dosis de ignorancia en la materia, es lógico que ambos sientan muchas dudas sobre sus desempeños en la actividad amatoria y les de pudor preguntarse como se sienten ellos al respecto. Y no se preguntan porque simplemente temen a la respuesta. El fracaso representa una mancha demasiado pesada para afrontar. 

Especialmente cuando en nuestra sociedad hipócrita y exitista, nos encontramos bombardeados por imágenes de sexo virtual, en todos los medios masivos de comunicación, en los posters o letreros viales, el cine e incluso hasta en la literatura. 

En ellos nos muestras a falsos prototipos de varones y mujeres donde luciendo un perfume, conduciendo un auto o fumando provocará tal excitación que hará que el que reciba el mensaje tire de inmediato su ropa. 

Pero todo esto es tan falso como el sol de otoño, sin embargo el recado recibido es tan repetitivo, que terminamos finalmente creyéndolo. 

Entonces nos volvemos malabarista, imitando a Mickey Rourke en “Nueve semanas y media”, al tener sexo en un retrete o contra los azulejos de la cocina o sentada sobre la rama gruesa de un árbol, a lo Tarzán. Es probable que luego tengamos que usar 20 kilos de pomada contra los dolores musculares. 

Hasta ahora solo hable de tener sexo y no de hacer el amor, que son dos cosas muy diferentes, pero que me las reservo para plantearlo en una segunda parte. Así como entiende el sexo el varón y como lo siente la mujer. Que sería una excelente forma de comenzar a entenderse.

1 comentario:

  1. Interesante resumen a través del tiempo, espero ansiosa la segunda parte. Gracias por el aporte.

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