domingo, 6 de marzo de 2016

LA POCA LECTURA Y LA IGNORANCIA VAN DE LA MANO

La gente de mi generación y las anteriores, acostumbraban a leer no solo como un simple esparcimiento, si no buscando también el conocimiento. 

Puedo recordar aquellos gloriosos veranos, donde devoraba libros uno tras otro. Todos de acuerdo a mi edad preadolescente. 

Esto hizo que despertara mi curiosidad intelectual y comenzara a leer escritores más complejos. 

Mi amor por la lectura fue creciendo, pero eso sí, siempre apoyado y estimulado por todos los integrantes de mi grupo familiar. 


Hablando de la década del 50, del siglo pasado, no existía tanto entretenimiento para nuestra edad. 

La radio aún no era portátil y no todos tenían televisión. Si querías ver dibujos animados, seguro que tenías que ir a la casa del niño rico del barrio. 

Una vez por semana, teníamos acceso al cine. Eso si nos portábamos bien, que incluía no hacer renegar a mama y notas aceptables en la escuela. 

Había uno, en Castelar, donde pasaban 3 ó 4 películas, en la matiné, todas del llamado cine “B”. La función comenzaba a las 13 y 30 y terminaba a las 18. 

Todos salíamos con los ojos colorados y medio mareados, pero muy contento ya que nos divertíamos como locos. 

Recuerdo que la temática por sesión era una de vaqueros, una de monstruos, otra del espacio y la cuarta era indefectiblemente de tema policial. 

Si bien esto último, aparentemente no tiene ninguna relación con el tema que propuse; puedo afirmar que a esa edad, la literatura y el cine me sirvieron como un gran estímulo para que liberara a mi imaginación de todas sus ataduras. 

Sobre esa sólida base me apoyé para desear, alguna vez, convertirme en escritor. Creo haberlo logrado, solo que si soy bueno o no, eso ya es otro tema. 

Retomando el hilo, en mi generación y la siguiente todavía perduraba la cultura de la lectura, pero posteriormente surgieron varios elementos que conspiraron en su contra. 

Primero la masificación de los medios de comunicación, luego la miniaturización de los aparatos para transmitirlos y por consiguiente la baja del precio final. 

Las radios portátiles y los aparatos de televisión más chicos y livianos se hicieron accesibles hasta para las capas sociales menos favorecidas. 

Posteriormente aparecerían en escena, la computadora de mesa, los videojuegos, el celular, las redes sociales, entre los principales rivales de la solitaria lectura. 

Los mismos padres que antes motivaban e inducían a la lectura, con el correr de los años, pasaron a ser padres totalmente indiferentes, al menos en este punto. 

Por coincidencia aparecieron de pronto, en nuestro continente, gobiernos totalitarios donde leer y pensar pasó a ser un pecado. 

Y todo se volvió pan y circo. Los mismos maestros ya no tenían el mismo conocimiento que los antiguos, quizás debido a los nuevos programas menos exigentes. 

Por lo que no sería muy extraño que los alumnos resultaran unos egresados demasiado mediocres. Ya el pensamiento docente había mutado. 

Antes ser maestro o profesor, eran títulos que daban estatus a la persona y estos eran tratados con total respeto. 

Ante cualquier duda eran motivo de consulta debido a la sabiduría acumulada. Hoy en día, la profesión ha dejado de ser un apostolado para convertirse únicamente en una mera fuente de entradas. Al más puro mercantilismo de tanto me pagan, tanto enseño. 

Es más, la profesión ha sufrido, en los últimos tiempos, una clara erosión no solo en la calidad educativa que se transmite al alumnado, si no también se lo nota a fin de mes, cuando se cobra el salario. 

El mismo sistema ha permitido que la educación se relajara y fuese más permisiva. Los alumnos encuentran muchas más tablas de salvación para evitar ser reprobados en sus materias. 

Eso los convierte en alumnos mediocres y profesionales de igual tenor. 

Profesionales universitarios que no saben leer en público, ya que tartamudean como si fueron novatos de la primaria y que producen vergüenza ajena.

 Que no conocen mucho todo aquello que no sea sobre su profesión, siendo un verdadero ignorante en todo lo que sea cultura general. 

Consecuencia resultante de la falta de lectura, milagros de este tipo no existen. Las nuevas generaciones (10 años a esta parte) buscan con desesperación chatear con sus amigos, ver videos musicales en YouTube o películas recién estrenadas en Internet. 

Navegan por la red sin preocupación del tiempo invertido, ven tanto la televisión abierta como en la televisión por cable. O bien juegan con un costoso Play Station. 

Buscaran entretenerse con cualquier medio electrónico novedoso, pero jamás se les ocurrirá, ni por equivocación, tomar un libro, por temor a que los muerda, 

A menos que únicamente sean forzados a ello. Comentar que el uso del diccionario, es para estos, una verdadera y absoluta pérdida de tiempo. 

Según una encuesta realizada por la UNESCO (La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), en varios países de la región, las personas entre los 15 y los 25 años casi no leen libros. 

Solo algunos de ellos leen un máximo de 4 o 5 libros al año. El 32 % de los universitarios jamás leen y solo un mísero 13% lee un libro al año. 

Los niños entre 10 y 15 años leen un poco más, aunque se incluyan historietas. Aún así, las mujeres leen mucho más que los varones. 

Preocupa el poco o nulo interés hacia la lectura de las nuevas generaciones, ya que provocará en ellos, que la capacidad de escribir y enriquecer su conocimiento y por ende su vocabulario, se reduzca hasta niveles muy primitivos. 

Si tomamos como premisa que los jóvenes de hoy, serán los adultos del mañana, siguiendo este mismo camino, nuestro futuro es realmente muy negro. Sería ya hora de revertir todo este proceso cultural que ha destruido a nuestros jóvenes. 



Pero tiene que ser una lucha abierta y frontal donde no solo intervengan los distintos Ministerios de Educación, con programas más atractivos, si no que maestros y profesores deben ser capacitados y elevado su nivel salarial.

Pero la ecuación estaría incompleta sin los padres y los mismos interesados. Hacerles tomar amor a los libros como a la misma lectura, no es nada fácil. 

Pero eso sí, enseñarles al mismo tiempo a comprender lo que se está leyendo, de lo contrario solo tendremos analfabetos funcionales y eso es mucho más grave que lo otro.

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