martes, 17 de septiembre de 2013

MUCHO MÁS, DE LO MISMO DE SIEMPRE

Apenas cumplido el primer mes del mandato del presidente Horacio Cartes, se puede decir sin duda alguna, que bien merece un sincero aplauso, ya que a mi entender, este se encuentra embarcado en una difícil empresa que es la de encausar por el buen camino a nuestro país, sacarlo definitivamente del analfabetismo y el atraso, para por fin colocarlo en el siglo XXI. 

Sin embargo para que nuestra endeble democracia paraguaya funcione como una poderosa máquina recién aceitada, necesita también que la ciudadanía colabore en su fortalecimiento. Incluso el mismo presidente dijo en varias oportunidades que las criticas y las movilizaciones serían muy bien vistas si eran para construir y no lo contrario. 

Es decir que, para afirmar abiertamente que el período de transición ha terminado se precisa que tanto los gobernantes como los gobernados alcancen un cierto grado de madurez cívica. Todos esperan demasiado de este gobierno, como si tuvieran una varita mágica. 

Para que este logre el éxito deseado, ambas partes deben cumplir con su cuota de responsabilidad, especialmente cuando se pretende construir un mejor país. 

Desde ya que Horacio Cartes no tendrá una gestión muy fácil, especialmente si es presionado y criticado, en todo momento, por sus propios correligionarios, principal fuente de resistencia y usina de rumores hacia ciertos cambios que se van introduciendo en los distintos estamentos del Estado paraguayo. 

Eso se notó durante la celebración de los 126 años de fundación de la centenaria Asociación Nacional Republicana (ANR). 

En dicho evento había suficientes motivos para festejar por partida doble, no solo por un aniversario más de su fundación, si no por su retorno al poder, pero por la puerta grande. 

El tema que era la comidilla de afiliados y simpatizantes en dicha reunión fue la supuesta presión de Lilian Samaniego hacia nuestro presidente para que este aceptara a su hermano en la entidad Binacional Yacyretá como consejero. 

Este hecho generó cierta irritación, especialmente entre los “seccionaleros”, pequeño grupo de mandos medios, muy acostumbrado a ser privilegiado en anteriores gestiones coloradas, premiándolos con cargos generadores de jugosos sueldos. 

Poco importaba, en aquel momento, que apenas supieran firmar estampando su dedo entintado, lo fundamental era recompensar la lealtad de un correligionario. Todo lo contrario a la actual filosofía impuesta por Cartes. Capacidad e idoneidad ante todo. 

Él más crítico fue todos fue Javier Zacarías Irún, quien seguramente sangraba por su herida, al no ser tenido en cuenta para Itaipú. Este como otros más hicieron hincapié en el hecho que Cartes quiere darle oportunidad a todos aquellos que sepan sobre su tema y que en su gestión no habrían improvisados. 

Como lo viene diciendo el señor presidente. Las puertas no están totalmente cerradas, pero si hay que demostrar capacidad para entrar. 

Ya que la llave que permitirá los cambios anunciados por Cartes es acabar con la impunidad de la que gozan las autoridades que dirigen las instituciones públicas, o al menos reducirlas a la más mínima expresión. Esto impedirá que continúe el eterno robo de los recursos públicos. 

Como ha sucedido durante el gobierno de Fernando Lugo y Federico Franco e incluso gestiones anteriores, donde la prensa ha denunciaron muchísimos hechos graves de corrupción, sin embargo, hasta la fecha, ninguno de los involucrados en los diferentes casos, le ha rendido cuentas a la sociedad que ha depositado toda su confianza. 

Los tres poderes del Estado deben operar, coordinadamente aún a pesar que cuenten con criterios y códigos diferentes, cosa que les otorga una enorme responsabilidad en la imagen de nuestro país cuando se la proyecta al exterior. 

Son ellos los que marcaran las futuras pautas a desarrollar en el sector público como en el privado y es por eso que debe existir entre los tres poderes, una buena complementación, más que una ridícula competencia. 

Se ven muy claras las intensiones del señor presidente que es la de organizar primero al Estado, para luego sentar las bases para que la iniciativa privada vaya absorbiendo a la gente no tomada o rechazada de las reparticiones públicas así como la gran cantidad de desempleados que existen en nuestro país. 

Al hacerse de este modo, en corto tiempo se podrán ver la reducción de los índices de extrema pobreza en que la que viven muchos compatriotas. 

Por lo tanto el contrabando, en cualquiera de sus modalidades, es el enemigo más grande que tiene el fisco paraguayo, ya que nuestro país deja de percibir sumas varias veces millonarias en concepto de impuestos y es el máximo impedimento del desarrollo, ya que la mayoría de los productos y así como los productores nacionales se ven bastardeados por precios tan ridículos que es casi imposible competir en casi todas las áreas. 

Pero si el sector privado comienza a crecer y necesitara abundante mano de obra, calificada o no, con mucha seguridad que el contrabando, los robos y los asaltos decrecerán en un gran porcentaje. Creer utópicamente que pueden ser eliminados no tiene sentido ya que en ninguno de los países del Primer Mundo se ha logrado desaparecerlo totalmente. 

Existen dos palabras muy usadas solamente en los discursos, pero muy poco empleadas en la práctica. Una es patriotismo y la otra soberanía. Aunque ambas tengan distinto significados, las dos son muy similares en cuanto se habla de la misma identidad genética guaraní, pero que a la hora de la verdad, es permanentemente relegada ante cualquier producto extranjero. La hipocresía semántica también a veces nos domina. 

Paraguay puede volver a ser un país grande y poderoso como lo fue en una época. Pero todo depende de cada uno de nosotros. Tanto de los gobernantes como de los gobernados. Estar en el permanente control que los tres poderes funcionen con independencia y exigir que se cumplan buena parte de las promesas, ya que todos estamos cansados de escuchar mucho más, de lo mismo de siempre.

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