jueves, 16 de enero de 2014

POETAS, POETISAS Y POETUCHOS

La mayoría de las personas que habitan nuestro planeta tienen una idea somera de como se escribe. De estas solo un diez por ciento lo hace con algo de coherencia al hilar las oraciones. 

Luego podríamos tomar otro diez por ciento más, para tener un grupo de gente que escribe aceptablemente y luego finalmente quedaría un resto de un cinco por ciento que si lo hace muy bien. 

Esto viene a raíz que he notado un fenómeno cada vez, más seguido, gente muy joven y la que no lo es tanto, se me acerca pidiéndome que le dé mi impresión sobre sus escritos. No voy a negar de ningún modo que eso me llene de orgullo, el que toda esta gente respete mi humilde opinión, pero también me causa cierta dosis de sorpresa. 

Por lo general, la gente tiene el concepto que escribir y ser escritor es prácticamente la misma cosa y nada está más fuera de la realidad. La mayor parte de esas personas son adolescentes, de ambos sexos, que han escritos una gran cantidad de versos en una etapa de completa ebullición hormonal. 

Por lo que solo, con las primeras palabras y varios años de experiencia en la docencia, me garantizan positivamente saber como es que va a finalizar aquella aburrida película. 

Lo que los adolescentes y los mayorcitos escriben son por lo general temas recurrentes inspirados por ideas que caen siempre en lugares comunes o la vulgaridad. 

El primero de una lista imaginaria de asuntos tratados puede ser el triste amor no totalmente correspondido que corroe el corazón del despechado. El segundo, sin duda alguna es sobre el amor abandonado que ha sido cambiado por otro amor. 

Y entonces comienza una lloradera infernal que solo termina con nuestro sufrimiento en la última estrofa. Luego le tocaría el turno a la infidelidad y los celos desmedidos, ambos temas que devoran ríos de letras y permiten que cientos de violines llorones abran las compuertas de los lacrimales y desaten cataratas de lágrimas corriendo por las mejillas. 

Posteriormente le tocaría el turno al inconsolable y tristísimo tema de la soledad, un área muy sensible, donde la tristeza campea del principio al final. Leer este tipo de poesía junto con aquella que se refiera a la frustración personal, indudablemente lo conducirá de manera directa y sin escala intermedia, a una profunda depresión, de la que le costará bastante salir. 

Creo que los libros que contengan este tipo de literatura, deberían de incluir dentro del precio, una soga resistente para colgarse luego de la última estrofa. 

Excluí del comentario anterior al tema de la muerte, ya que no siempre es tan deprimente, debido a que por lo general, se la pinta como algo irremediable e imposible de eludir, pero no tan malo ni tan triste como la ya nombrada soledad y la depresión. 

Pasa exactamente lo mismo hablando del suicidio, que por similitud de temática, los versos derramados sobre el papel hablarán de la maravilla de la autoeliminación como una forma de evitar seguir sufriendo horrorosamente de mal de amores, parientes cercanos muertos, pérdida de trabajo o adelantarse a un próximo deceso por enfermedad incurable. 

También se utilizan como motivos inspiratorios a la belleza del campo, al gran amor maternal como primer paso ante una recorrida por toda la familia más cercana, terminando siempre con el olvidado abuelito. 

La religión ha tenido su época de gloria, tanto en la vieja Europa como en América y en la que protagonizó un verdadero monopolio poético. De esa manera tomaron el centro de atracción, las vírgenes, los santos y los mártires que desfilaron incesantemente para mostrarnos sus maravillosos y deslumbrantes milagros. 

Otra de las opciones más conocidas dentro de la poesía es aquella a quien se la llama social o de protesta y que le permite al autor despotricar a sus anchas contra todo lo establecido o que esté fijado al suelo. 

Por lo general no deja títere con cabeza y ataca a todo lo que se mueve. De una apariencia algo descuidada, al autor le encanta parecerse a estereotipo del bohemio de la década de los 70 del siglo pasado. 

Una barba muy poco cuidada, una remera algo sucia, unos jeans ultra gastados y un par de tenis a punto de recibir su jubilación, completan su apariencia característica. 

Muchos de estos, que más parecen simples recolectores de latitas vacías de cerveza en vez de artistas líricos. Algunos suelen ser demasiado arrogantes y pretenden que se los llame revolucionarios. 

Son esos mismos que echan pestes del capitalismo, que culpan de todos los males de la tierra al gobierno de un solo país y ponen por los cielos a un país caribeño, dominado por una tiranía de más de cincuenta años. 

Sin embargo, apenas comienzan a beber las mieles del éxito, compran pares de tenis de 400 dólares, de cuero de nonato de canguro, que en una época tanto se oponían. 

“Pura hipocresía perdida entre las estrofas vacías de verdadero contenido” decía un viejo poeta anónimo, quien defendía la postura que la poesía es mucho más un sentir que un saber escribir. 

Él afirmaba que conocemos a gente muy sencilla que trasmite sentires realmente exquisitos con toda la naturalidad del mundo. Y no estoy en contra de esto, pero también siempre estará totalmente limitado por su propia ignorancia. 

Es lo mismo que no se le puede llamar músico a una persona que no sabe leer una partitura, debido a que sería un ejecutante solista con un techo muy bajo y que no le permitiría crecer al no poder tocar en una pequeña orquesta.

Lo mismo sucede con aquellos que escriben un par de versos sencillos pero que sus amigos adulones le hacen creer que es un Pablo Neruda o un Amado Nervo. 

Hay cosas que no se pueden ni siquiera discutir porque ellos son auténticos postulados. Se puede tener toda la sensibilidad exquisita del mundo, pero si no se tiene el soporte técnico que lo apoye, entonces no llegará lejos. 

Porque las faltas ortográficas, la carencia de un buen vocabulario, la poca práctica en el uso del diccionario, la resistencia para el aprendizaje de informática, omisión completa de la gramática, y la poca lectura, seguro que conspirarán en contra de los postulantes a poetas. Mientras ellos no se capaciten seguirán siendo en mi concepto, unos pobres poetuchos y poetuchas.

7 comentarios:

  1. HOLA RICARDO ES MUY INTERESANTE EL ARTÍCULO, Y TENÉS MUCHA RAZÓN. TE FELICITO

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  2. Es justo como lo ves Ricardo Steimberg ... Quien poco lee, poco y mal escribirá...
    Mientras más rico sea su vocabulario, más aprimorados serán sus escritos...
    Y en la poesía, más que en ningún género, la belleza, la estética, la delicadeza, el esmero, y la pulcritud con que se hilvanan las palabras nos muestra un resultado exquisito y ya nos da la idea de que quien escribe de esa manera es alguien respetuoso de la gramática y conocedor de las reglas ortográficas...

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  3. Por eso siempre le he dichos a mis conocidos que saben que "escribo" que yo no soy un poeta, que solo soy alguien que escribe y no un escritor.

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  4. FAAA, Qué viejo PELOTUDO que sos! Por dios (la mayúscula de "dios" te la podes perder en el ORTO). Como se nota que no leíste a Gelman que omitía acentos, haches, puntos, comas...y aún así es considerado uno de los mejores escritores de todos los tiempos. Por que en vez de estar haciendo este blog pedorro que lo leen tres gatos locos, no te postulas para la Real Academia Española, que es donde están todos los dinosaurios como vos, viejo choto!!!!

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  5. En mucho estoy de acuerdo con tu artículo, salvo en cuanto comparas a Neruda con Amado Nervo. Este último fue el Corín Tellado de los centenaristas latinoamericanos: mucha sensiblería y poca profundidad en su decir. Debemos agregar que no basta saber de la gramática sino tener postura y ética en y para decir. No todo lo bien escrito debe ser leído.

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  6. Esto no es mas que una basura mas donde se refleja el egocentrismo. He conocido muchos escritores como usted Ricardo Steimberg que lo único que hacen es matar el sueño de niños y jóvenes con amor por las letras, creyendo que un titulo de docencia los hace mas preparados y mejores escritores y lo único que buscan es un poco de fama apocando a los demás... me gustaría saber que esta haciendo por educar y preparar a esos jóvenes con sueños de escritores... es como todos que solo tienen una fundación o asociación de escritores solo para tener el titulo o tener reconocimiento personal pero su trabajo para luchar en contra de lo que tanto pregonan es tan triste como este articulo destructor...

    Luis Carlos Pabón Padilla.

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  7. Yo he sufrido de todo eso y lo que escribo a trascurrido por todas esas anécdotas, amor, soledad nostalgia, protesta y toda esa cotidianidad de los seres comunes a mi entorno. me divierto mucho cuando leo mi primer poemario escrito en los años cuando leía pocas cosas intelectuales, es una ensarta de lugares comunes, de boleros destemplados, de adjetivos gordos y explicativos, de cortes de venas y sogas al cuello, látigo látigo...
    Nuca he podido Obtener otra victoria como esa, mis compañeros de colegio se aprendieron los poemas y los usaban como epitafio en los funerales y otros se desparramaban en carteleras o en paredes de enamorados, se los mandaban oz unos a los otros, el rey del cliché, el poeta mas grande que había dado un pueblo olvidado de menos de seis mil habitantes. se volvió moda escribirse poemas, de la noche a la mañana había un enjambre de poetas, hermosa la función social de esa mala poesía,la gente explorando en lenguaje y las emociones cotidianas, cosas para decirse las mismas cosas. A mi me gusta escribir para que otros me lean, acepto ese ego, y jamas he podido volver a sentir esa conexión con los míos con las otras cosas que he escrito. ahora he leído mas, conozco la obra de los grandes autores, estuve en flores del mal, en la residencia en la tierra, en los laberintos, en los espejos de la Pizarnik ,en el vuelo de Gelman, cuervo de Poe, bendito Gomez Jattin, y nada mi poesía poco se vende, no llega poco comunica no conoce, nada que hacer, toca seguir escribiendo.

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