jueves, 6 de marzo de 2014

EL ACOSO DISFRAZADO DE CARNAVAL

Si bien el tema del acoso sexual no es nada novedoso y mucho menos original, sigue siendo un tema recurrente y cotidiano, que hasta la fecha, se encuentra sin miras de solución. Solo de escribirlo causa vergüenza y repugnancia, cuanto más si se trata de una jovencita de origen humilde que necesita si o si trabajar. 

Hablar de esto, es como llegar a chocar de frente con las reservas mismas de la dignidad humana. 

Pero la cosa se remonta, al menos en Paraguay, desde aún antes de la colonia, quizás trayendo del Viejo Continente, esta inmunda práctica. A no olvidarse que a nuestra tierra, llegó mucha gente de malvivir, y que con la sola esperanza de una vida mejor, arriesgaban sus propias vidas. 

Para aquellos, que no tenían ya nada que perder, era preferible enfrentar lo que fuera en el Nuevo Mundo, antes que morirse de hambre en tierras europeas. 

Apenas los invasores, venidos de lejanas comarcas, desembarcaron en esta región, tomaron a las indígenas para su provecho y abuso personal. 

Esto desvirtuó aquel antiguo mito enseñado en las todas escuelas, hasta la fecha, sobre la nueva raza creada sobre la base del amor entre americanos y europeos. Luego vendría la aterradora historia de las llamadas “criaditas”. 

Estas eran niñas pequeñas, entregadas por sus humildes madres, a familias acomodadas, a quienes prometían tenerlas como sus “propias hijas”, dándole comida, vestimenta y vivienda a cambio de su trabajo, en los quehaceres domésticos. 

Sin embargo esto nunca fue verdad. Nenas de siete a doce años eran obligadas a trabajar 12 a 14 horas, prácticamente sin ningún descanso. 

Se les daba de comer las sobras, dormían en inmundos camastros, en el peor lugar de la propiedad, y sus ropas eran las que habían sido usadas por todos los niños de la familia. 

Por lo general se la mantenía escondida de las visitas a los dueños de casa, así como de los parientes de la niña. Recibían constante castigos corporales y contraían innumerables traumas psicológicos. 

A todo esto se le agregaba un pequeño trabajito extra, no incluido en ningún trato; la iniciación sexual de todos los varones de la casa, que casi siempre era sin el consentimiento de la niña. 

De vez en cuando, y aprovechando la ocasión, el mismo padre de la familia, visitaba a la preadolescente en horas no convenientes y lejos de los ojos de los demás integrantes. Esto es lo que en Paraguay se le llama “irse en jakare”. 

O sea, es una simple violación, pero sacándole todo lo dramático que este hecho aberrante implica. Ambas costumbres perduran, pero de una forma más atenuada, ya que con el correr de los años y la creación de distintas organizaciones no gubernamentales, el acoso, en sus diferentes formas, crearon cierto tipo de conciencia hacia la denuncia de estos hechos. 

Aún así, en pleno siglo XXI, sigue existiendo este tipo de lacra y quienes lo hacen, no se han amedrentado con las nuevas leyes que castigan este delito, quizás porque existe cierta impunidad que le otorga el relajado control policial – judicial, que no toma en serio esta cuestión. 

Muchas veces los mismos agentes policiales se burlan de las niñas o parientes de ellas, al hacer la denuncia. Otras, los funcionarios judiciales, saturados de cientos de procesos, lo ven como un mal menor, dentro de la marea de inmundicia que ellos observan en los pasillos de los Tribunales. 

Esta humillación que sufren tanto jovencitas solteras como mujeres casadas se encuentra empotrada en todas las oficinas, tanto estatales como privadas. El común denominador en el cual el acosador se apoya, es la falta general de trabajo y con este punto ejercen una férrea presión. 

La insistencia a veces se hace insoportable, provocando un desesperante estrés en las víctimas. La mayoría renuncia y otras acceden solo por la necesidad apremiante de mantener el empleo. 

Son cientos los casos que ocurren en nuestro territorio nacional, todos los días, solo que son muy pocos los que llegan al conocimiento del gran público. 

Cada tanto, uno de ellos sobresale y entonces toda la prensa se zambulle de cabeza, en los pormenores de tal “hazaña” e insiste durante varios días, hasta que la noticia languidece y deja de serlo. Ahora es el turno de Ciudad del Este. 

Muchas de las empleadas de las galerías y centros comerciales de nuestra ciudad son obligadas a usar un uniforme poco convencional, ya que sus empleadores las presionan a vestirse de manera provocativa, con el pretexto de atraer a una clientela decididamente masculina. 

Las chicas, muy molestas, manifiestan que desde la salida de sus casas hasta la llegada a su empleo, deben soportar todo tipo de groserías y al llegar a su puesto de trabajo, el acoso sexual y maltrato por parte de sus jefes. 

Pero el acoso no solo se refiere a lo sexual, sino también al estilo autoritario, en donde las jovencitas deben trabajar no menos de diez horas, todas de pie, donde se le controla el tiempo de estadía en el sanitario, cosa que con el tiempo les causa graves problemas urinarios. 

Se fiscaliza también el tiempo de duración del almuerzo, todas estas exigencias sin que haya horas extras por domingos y feriados, so pena de quedarse sin empleo. 

Sin embargo la piedra del escándalo fue un video que dura 2:36 minutos y en el que se observa como unas jóvenes vendedoras bailan una provocativa danza, vestidas con shorts y mini blusas, mientras una tercera lo hace descalza y con un diminuto vestido, algo transparente, al ritmo del funk, frente al pasillo de uno de los centros comerciales más concurridos de la ciudad. 

Casi al final del video, una de las jóvenes se levanta la ropa y baila, durante unos breves segundos, exhibiendo su ropa íntima. 

Las imágenes fueron compartidas en Facebook más de 200 veces durante los primeros días en que se subió dicho material a la red, creándose una singular polémica. 

Divididos entre las mujeres quienes hablaban sobre la humillación de las pobres chicas y por el otro lado, el deleite visual de los varones. 

Las mil caras del acoso se tornaron más y más sofisticadas con el correr del tiempo. Teniendo en cuenta que la Justicia hace muy poco por defender los derechos de las mujeres, ellas mismas deberán encarar al problema, aunque el acoso se disfrace de Carnaval. 

1 comentario:

  1. Respondo con este poema que aparece en mi 6º libro editado y publicado: "ANTOLOGÍA POÉTICA"

    MODERNO SEÑOR FEUDAL

    Morena la niña descalza
    desnuda
    temblando
    sin aliento.
    Clavados los ojos al suelo
    en su vestido rasgado.
    Él, avanza lascivo
    de un empellón
    la derriba
    con certera embestida
    hurga su virgen entraña.
    Ella clama por piedad
    sólo sus lágrimas responden
    corren y corren
    al igual su desgarrada inocencia.
    Nadie hablará del suplicio
    todos callarán la infamia.

    Dicen en el pueblo
    que su madrina debía favores
    al moderno Señor Feudal
    que volverá por más.

    Él puede a la indulgencia sobornar…
    Tiene fuero celestial.

    Albys Paredes B.-Derechos Reservados-2013-Paraguay-De "ANTOLOGÍA POÉTICA"...

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