lunes, 24 de noviembre de 2014

YO HABLO CASTELLANO, PORQUE EL ESPAÑOL NO EXISTE

Este es un tema por el cual me he peleado con medio mundo, probablemente debido a varias razones de peso. 

Entre las que se cuentan, que existe una profunda ignorancia sobre esta materia, la arrogancia y anacronismo de una institución que supo brillar y marcar un rumbo, pero que de 30 años a esta parte, pareciera que perdió el rumbo y ya ni sabe lo que hace. 

Escribir sobre el castellano me resulta tan apasionante que dudo que estas 100 líneas puedan resumir algo tan extenso y complejo como es esto, pero en fin, comencemos a analizar juntos, punto por punto, y veamos hasta donde llegamos.
Primero tenemos que en España existen varias lenguas: entre ellas el castellano (mal llamado español), que es la que hablan aproximadamente 45 millones de españoles.

Luego existen varias lenguas que cohabitan en el mismo reino como el gallego, el vasco o euskera, el catalán, valenciano, y el guanche entre los más importantes, seguidos de más de 90 dialectos regionales. 

Sucede exactamente lo mismo con el inglés, que salió de Inglaterra y luego paso a dominar e imponerse a la lengua de los otros países, que luego formarían la poderosa Gran Bretaña. 

Segundo punto, entre las cuatro lenguas que más se hablan en el mundo, en el primer lugar estaría lo que se denomina “chino” que definitivamente no es un idioma, sino 129 y en el que se destaca el idioma mandarín, tomado como oficial, desde la revolución cultural de 1966. 

Luego le seguirían el wu, el cantonés o yué, el min, el jin, el xiang, cuyas diferencias entre sí son aún más grandes que las que tiene el castellano y el portugués. Fácilmente lo hablan unos 850 millones de seres. 

El castellano (mal llamado español, incluso en Internet) es la segunda lengua más hablada en todo el mundo, con unos 550 millones de individuos, que se desglosan de Sudamérica con 300 millones, incluidos los 12 de Brasil. 

En América del Norte 150 millones de almas y en América Central y Caribe unos 55 millones más. 

 En Europa se cuenta con 45 millones de España y otro millón para el resto del continente. En África unos 3 millones, sumándole unos 2 millones más para el resto del planeta. En tercer lugar se encontraría el idioma inglés que jamás reuniría 500 de parlantes y el cuarto puesto quedaría para el hindi.

Por lo tanto, confiar ciegamente en que Wikipedia sea una fuente creíble, es lo mismo que depositar nuestra confianza en la promesa de un político. 

El valor es el mismo. Además allí cualquier badulaque puede colocar lo que se le antoje. 

Para que se den cuenta, allí dicen que el “español” cuenta con 414, cuando solo en Sudamérica hay 300 millones. 

Tercer punto consiste en que el idioma castellano no nació en una región llamada Castilla, sino cercana, de nombre Rioja, más precisamente en el monasterio de San Millán. 

Popularizándose por toda la península, con la llegada de Isabel de Castilla al trono y prevaleciendo sobre todas las otras lenguas y dialectos hablados hasta ese momento. 

Ahora bien, la palabra “español” tiene dos acepciones: la primera nos dice que español es un sustantivo que designa al gentilicio de todos los nacidos en España, y la segunda afirma que el español es el modismo natural que hablan los nacidos en España, y que por cierto, es muy distinto al castellano que se habla en América. 

Por lo tanto en España se habla el “castellano español”, así como en México, el “castellano mexicano” o en Paraguay, el “castellano paraguayo”. 

Muchos dicen que castellano y español es la misma cosa y yo les respondo siempre: “que no es lo mismo un gato montés, a que te montés un gato. 

Habiendo aclarado este punto, nos queda finalmente resolver cual es la verdadera importancia de la RAE y el Instituto Cervantes en este espinoso asunto. 

Aquí pretendo reforzar mi postura en cuanto a mis ideas emitidas reiteradamente, no solo en mi blog personal, sino en más de 40 medios digitales de la red y que a la brevedad serán editadas en un libro titulado “Achicando las orejas”. 

Allí expongo, entre otras cosas, que nuestra lengua es la lengua castellana o el castellano. Y es así como nos lo enseñaron a nosotros desde la escuela primaria. 

El tema que quien fiscaliza y regula a su antojo y arbitrariamente es la Real Academia Española, más conocida por su sigla RAE. 

Antigua entidad que ya tiene 300 años de antigüedad, pero que en los últimos 20 años ha comenzado a orinar fuera del sanitario. 

Por lo tanto, las afirmaciones que haga la RAE, así como el alicaído Instituto Cervantes, tienen una muy relativa validez. 

Ya que ambas instituciones se han encargado reiteradamente de blanquear las palabrejas vulgares dichas por todos los ignorantes hispanoparlantes que habitan estas latitudes. 

Monasterio de San Millán 
Cosa que pongo de manifiesto en mi libro “Achicando las orejas”. 

Más de 3.000 palabras expuestas, provenientes del blanqueo del léxico vulgar. Lo que antes nuestras maestras y profesores nos inculcaron que estaba mal decir o escribir, ahora la RAE dice que está bien. 

Como setiembre por septiembre, güisqui por whisky, alverja por arveja, otubre por octubre, parquear por estacionar, posicionar por colocar, kínder por jardín de infantes, amigovio por relación, entre algunas pocas que vienen a mi memoria. 

Desde sus páginas, alerto sobre el desconocimiento de muchas palabras, especialmente por parte de la mayoría de los comunicadores sociales, locutores, periodistas, correctores y hasta muchos profesores universitarios, que siguen afirmando que el español es una lengua o que “concienciación”, “balacera”, “insumo” están bien dichas, cuando estos son modismos o barbarismo de origen mexicano o centroamericano y finalmente blanqueados por la “honorable” Real Academia de la Lengua Española. 

Una prueba de lo que digo, es el lenguaje vulgar de las novelas que inundan nuestra mediocre televisión nacional o el de nuestros noticieros radiales, televisivos y la misma prensa escrita. 

Palabrejas que luego de tanto insistir se incorporarán por desgracia a nuestra habla cotidiana. 

Una cosa es que el idioma sea flexible y dinámico, e incorpore palabras que no existan en castellano, como “mouse” porque decir “arrastrar el ratón” es realmente ridículo. Como una vez ya lo hizo al agregar palabras de origen árabe o americanas. 

Pero no se justifica cuando existen suficientes sinónimos y ya no hace falta como “monitorear” reemplazable por vigilar, controlar o espiar. 

Eso sin contar con que se rompa la gramática y se deje manipular por los grupos feministas, con aquella estupidez de la inclusión. Olvidándose que los cargos públicos no tienen pene ni clítoris. 

Una cosa es la incorporación de nuevas palabras útiles al lenguaje y otra muy diferente es darle carta blanca a la RAE para que haga cualquier aberración idiomática sin fundamento.

2 comentarios:

  1. Cuando lei "El guanche" deje de leer el resto. Pues dejaste claro no tener ni puta idea.

    El guanche ni siquiera es un dialecto, pues la lengua fue un derivado bereber a trazos, hablado por una cultura perdida, de la que quedan solo retazos castellanizados y que no es hablada por ningún canario, y te lo aseguro yo, que soy de Tenerife.

    El castellano no existe, pues los reinatos de castilla (de donde proviene el castellano - castella - castilla) ya no existen.

    Lo que se habla es el Español, del reino español (si, reino, pues vivimos en una Monarquia Parlamentaria)

    Y todo lo que tu llamaste "lenguas" en España, no son lenguas, unas son dialectos (derivados del español y del francés) y otros dialectos atemporales (como el euskera, que no proviene del español)

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  2. http://www.revistaarcadia.com/libros/articulo/pablo-montoya-escritor-discurso-academia-colombiana-de-la-lengua/61460

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