jueves, 24 de septiembre de 2015

LAS AZAROSAS PENURIAS DE LOS ESCRITORES (Parte II)

Como ya dije anteriormente, cuando uno se fija una meta, no importa que vaya en línea recta, que es lo ideal, pero que nunca se olvide que la vida siempre nos pone obstáculos que inevitablemente debemos sortear. 

Salvo casos aislados, la mayoría de los artistas deben enfrentar la dura realidad, para poder sustentarse. 

Esa es la parte negativa de la cosa, lo positivo es que conocerán una infinidad de personas y situaciones que pueden constituirse en la palanca que mueva su futuro. 

Muchos de los grandes escritores sacaron partido cuando sintieron sus vidas miserables, sin embargo consiguieron traspasar las fronteras del tiempo, con anécdotas de la vida real.

Como Mark Twain, Charles Dickens, Jack London que incluso fue vagabundo, subiendo y bajando de los trenes, que luego esto los harían famosos. Fue para ellos una experiencia enriquecedora. 

Es el ingrediente fundamental para hacer que un escritor haga un buen trabajo, proyectar en el virtual papel de Word, todas sus vivencias y experiencias de vida. 

Muchos escritores y poetas jóvenes acuden a mí, trayendo, en un pendrive, algún material para que les dé mi opinión y siempre les digo lo mismo; “capacítense, lean, aprendan todo lo que puedan de la vida, sepan interpretar lo que leen y tengan cerca suyo un diccionario real o virtual”. 

Muchas nenas entusiasmadas me acercan sus versos de amor y cuando me cuentan su edad, me rio interiormente para no ofender sus sentimientos. 

Pero entre nosotros que puede saber una nena de 15 años de amor, cuando apenas sabe lavar su ropa interior. 

Sus excitadas hormonas viajan por el torrente sanguíneo a 1000 km/h, confundiendo fácilmente calentura con amor. 

Pero no estamos aquí para debatir eso, si no para dar ejemplos de vida de algunos escritores que no tenían a la suerte de su lado, si no que con una voluntad férrea, creyeron en sí mismos y respondieron a un llamado interior. 

Que es la llama que todo creador posee y no importándole lo que tuvieran que hacer, no permitirían que nada ni nadie se los impidiera. 

Dejando ellos su mensaje a la posteridad. Tal como el caso de los siguientes escritores: 

– Henry Miller. Autor de los polémicos libros “Trópico de Cáncer” y “Trópico de Capricornio” entre otros. 

Su vida desordenada y totalmente fuera de lo común, hizo que sus escritos no siempre pasaron la censura, en una época altamente puritana en los EEUU de los 40/50 del siglo pasado. 


Aún así, sus libros prohibidos en su país eran una verdadera sensación entre los círculos intelectuales de toda Europa. Tuvo varios oficios, pero el más estable fue en la Western Union Telegraph Company, la compañía de teléfonos y telégrafos donde llegó a ser jefe de personal. 

– George Orwell. Autor de “1984” (una de mis preferidas) y “Rebelión en la Granja”, entre los más conocidos. Fue oficial de la Policía Imperial en Burma, lavaplatos en el lujoso Hotel X de París y también ayudante de venta de libros de segunda mano. 

Trabajó como profesor en una pequeña escuela. Sin embargo es considerado por el Times de Londres como uno de los mejores escritores británicos de todos los tiempos. 

– Edgar Allan Poe. Autor de “Los crímenes de la calle Morgue” o su poema “El cuervo”. Su primer trabajo fue soldado, cobrando 5 dólares mensuales, de esa época. Luego se le doblaría el sueldo al nombrársele artillero. 

Más tarde tomó contacto con el periodismo, llegando a ser editor, pero fue despedido por su alcoholismo. Sus comentarios eran ácidos pero justos y eso le granjeó muchos enemigos como leales seguidores de su estilo. 

Durante toda su vida el dinero le fue esquivo conspirando su adicción a la bebida y su lengua hiriente que nunca supo refrenar. 

– John Steinbeck. Ingresó en la Universidad de Stanford, pero jamás egresó de ella. En Nueva York fue despedido de dos periódicos seguidos. Luego fue guía turístico en un acuario de peces en Tahoe City. 

Además de un montón de trabajos menores y temporarios. Sin embargo eso no le impidió encontrar tiempo para escribir sus tres mejores obras como “Al este del paraíso”, “Las uvas de la ira”, “De ratones y hombres”. Y tampoco recibir el premio Nobel de Literatura en el año 1962. 

– Wallace Stevens. Poeta vanguardista norteamericano, autor de “Harmonium” y “The Man with the Blue Guitar”. Trabajó brevemente como periodista aunque hizo valer su título de abogado recibido en Harvard, en la Hartford Accident and Indemnity Company, donde trabajó hasta su muerte. 

Esto le dio una estabilidad económica que le permitió escribir sin sobresaltos. A pesar de esto, se lo considera un poeta tardío ya que el grueso de su obra fue escrita pasando los 50 años de edad. Eso no impidió que en 1955 obtuviera el Premio Pulitzer de Literatura. 

– León Tolstói. Autor de “La Guerra y la Paz” y “Anna Karenina”. Perseguido por el hambre y las deudas de juego acompaña a su hermano soldado a Guerra de Crimea. Sus constantes viajes y amistades de distintas formas de pensar le dieron el suficiente material para su obra. 

A pesar de descender de una noble familia rusa con muchas propiedades, por propia decisión dejaría el vicio del juego y todos los lujos acostumbrados, mudándose a una parcela entre los campesinos y adoptando el oficio de zapatero. Influyo mucho en el pensamiento de Mahatma Gandhi.

– Anthony Trollope. Autor de “Las torres de Barchester” y “Phineas Redux”. Este prolífico escritor británico trabajaba en una oficina de Correos, llegando al cargo de supervisor. Proporcionándole un buen nivel de ingresos, pero se le dificultaba trabajar y escribir al mismo tiempo. 

Por lo que debía robarle muchas horas al sueño, para hacerlo. En compensación, el mismo trabajo le exigía viajar mucho incluso hasta las exóticas arenas de Egipto. 

– Kurt Vonnegut. Autor de “Matadero Cinco”. Hizo de todo un poco en su vida, Licenciado en Bioquímica, periodista y editor en la universidad. 

Luego ante sus pocas expectativas de trabajo, montó un concesionario de Saab y se dedicó a vender automóviles. 

Fue un fracaso y acabó yendo a la quiebra, no impidiendo que al mismo tiempo escribiera algunas de sus obras más famosas. 

No hay más que decir, toma tu computadora y no pares hasta que dejes tu último aliento entre tus teclas. El éxito es tuyo si es que así lo quieres.

1 comentario:

  1. Un verdadero aliciente para los que tenemos la inveterada costumbre de escribir, escribir y escribir...
    Sin importar en dónde, ni cuándo...

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