jueves, 18 de noviembre de 2010

LOS NIÑOS DE LA CALLE

Me alegra infinitamente que además de la Codeni, una dependencia municipal poco eficiente y carente en recursos como de resultados positivos; cientos de organizaciones de carácter privado, se hayan acoplado en la humanitaria tarea del cuidado y protección de los muy de moda: niños de la calle.

Para todas estas entidades, la meta final es hacer todo lo mejor que se pueda en pos del bienestar de una infancia desprotegida, criada a la vera de la marginalidad social y que con las últimas pésimas gestiones, la línea por debajo de la pobreza se desbocó, llegando hasta índices inéditos en tiempos de paz. Este es un tema realmente urticante y que solo ha logrado ahondar aún más, la enorme brecha entre ricos y pobres.


Para cualquier tipo de sociedad que tenga un mínimo de responsabilidad y sensibilidad, es como recibir una terrible bofetada en pleno rostro. También es una clara muestra de la propia ineptitud de dicha sociedad para resolver sus propios problemas sociales y que generalmente envuelven al eslabón más débil de toda comunidad, que es precisamente, la infancia de las capas más humildes.

Ahora bien, existen más de 155 ONGs, en nuestro país, solo dedicadas a la defensa de los niños y niñas en situación de calle, como gusta actualmente decirse, y esto con una clara tendencia a incrementarse. Movilizan grandes sumas de dinero. Proveniente de un gran abanico de posibilidades que van desde dinero aportado en Europa, USA o Japón por grandes empresas hasta modestas organizaciones pastorales o bien conducidas por particulares que donan su tiempo y dinero solo para sentirse satisfechos por encarar una obra de bien.

Con tantas organizaciones disputándose palmo a palmo quien hace mejor las cosas y desplegando miles de horas en la noble tarea de acompañar a las indefensas criaturas; no se ven resultados. Todos los días se notan más y más niños durmiendo sobre las veredas, cobijados por un cartón y teniendo como cielorraso a las estrellas. Muchos más niños vendiendo múltiples cosas en los semáforos o en los ómnibus urbanos, demasiadas niñas y niños drogándose con cola de zapatero y por último la mayoría de esta infancia son objeto de compra y venta sexual por parte de sus padres, pero no para satisfacer la alimentación básica de la familia, si no para la compra de alcohol, tabaco y posiblemente marihuana, para los ratos de simple ocio. 


O sea que aún estando con tantas madrinas y padrinos, los niños de la calle siguen estando tan huérfanos de cariño, de conocimientos, de alimentos, de salud y de una buena amistad, como lo hacen todos los niños y niñas del mundo entero. Lo lamentable es que todavía con tanta gente batallando por detrás de los infantes, no se pueda observar una mínima regresión o un pequeño cambio que nos permita visualizar algún resultado concreto. 


Y aquí entramos en una gran contradicción, ya que los niños y niñas de la calle, con tanta ONGs, policía, jueces de menores, asistentes sociales, Codeni, particulares, y demás funcionarios de entidades de bien público vigilándolos, se encuentran casi mucho mejor cuidados y protegidos que todos los demás niños y niñas que habitan en cualquiera de las casas de este país.


Porque digamos la verdad, quien controla a los miles de niños y niñas que viven normalmente en cualquier casa, mientras sus padres trabajan. Como una pesada carga se lo endosan a la hermana mayor, a la abuela, a una tía solterona o simplemente a una niñera. 
Apenas se produzca el primer descuido, se le escaparán hacia la computadora propia o la de cualquier “ciber", en donde las miles de páginas Web de pornografía, se enseñorean con todo su crudo realismo.

Pero existe un problema mucho más grave que el más arriba citado y que he descubierto recientemente. Resulta que a nuestra muy querida “caja boba” también llamada televisión, es la responsable de la difusión de avances de telenovelas de muy alto contenido erótico, fuera de los horarios de protección al menor. 


Otros suelen contener altas dosis de violencia, quizás algo exagerado para mi gusto. Nadie es tan estúpido para desconocer la enorme necesidad de los canales por vender publicidad, ya que los gastos fijos son horrorosamente altos, pero cuando la ética se une a la empresa periodística, pareciera que saltan chispazos en un gran corto circuito. 

El que más o el que menos, toda la televisión paraguaya cae en la misma bolsa, salvo honrosas excepciones. Sin embargo el canal 9 Cerro Corá de Asunción, se lleva las palmas. Los interminables bodrios televisivos en forma de telenovela, enviados con cierto acento centroamericano, abordan temas muy delicados, en un nivel de tratamiento demasiado burdo y bajo.

Ahora se puso de moda una serie, a punto de estrenarse, que trata sobre el tamaño de las tetas y cuanto éxito se puede tener entre los varones, especialmente los que tienen poder económico. Si bien quiere ser moralizadora, da nuevas ideas a nuestras adolescentes para que prioricen una prótesis mamaria antes que sus inolvidables “15”.


Sabemos que a esa edad el carácter no se encuentra formado y con amigas fomentando la superficialidad, terminará rindiéndose y dejando de lado los valores que nuestro pueblo siempre ostentó con orgullo, aún en tiempos difíciles. El horario de protección al menor es una necesidad y no un capricho. Presupone velar por la salud mental de los menores, hasta tanto ellos tengan al menos su propio criterio.

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