lunes, 11 de abril de 2016

LA MALDITA DEPRESIÓN

Desde ya que este tipo de trastorno mental no es nada nuevo ni mucho menos. Lo padecieron todos nuestros antepasados, de un modo u otro, solo que no era tomada como una verdadera enfermedad, si no como un signo de simple debilidad espiritual o de una extrema indolencia mezclada con una dosis de vagancia. 

La depresión es algo bastante difícil de detectar, ya que sus síntomas son tan normales y comunes que se confunden, mientras sus elementos estén por separado. 

Pero juntos y por un tiempo que se extienda más allá de lo razonable, podemos tener una pequeña bomba de tiempo en nuestras manos. 


Los elementos a individualizarse y no perderse de vista son el hecho de sentirse triste, sin un motivo aparente, padecer una inexplicable melancolía y un exagerado abatimiento con una gran pérdida de las fuerzas físicas y anímicas. 

Estas son las manifestaciones externas de una dolencia que va y que viene de improviso, pero también dependiendo de la capacidad de resistencia y capacidad de absorción de los problemas del individuo. 

Mientras unos recaen una y otra vez, otros desconocen tales síntomas o sus fuertes personalidades las minimizan. 

Mientras que en la depresión clínica esos extraños sentimientos de tristeza, pérdida de algún tipo, cierta ira contenida o una pizca de frustración por un proyecto fallido, pueden interferir con la vida diaria durante un período de algunas semanas o más. 

Ya en este estado, es difícil que el propio interesado se dé cuenta de la magnitud del problema, por lo que es necesario que alguien cercano lo convenza a recurrir a una ayuda profesional. 

Existen unos números dados por la OMS (Organización Mundial de la Salud) que nos revelan una situación bastante desconocida para la mayoría de la gente. 

Como que la depresión es un trastorno mental mucho más frecuente de lo que se piensa. 

Presumiblemente afecta a unos 550 millones de personas en el mundo. 

Es la 2º causa de falta al trabajo y la 3º en despidos de personal. La depresión afecta en un 65 % más a las mujeres que a los varones. Una depresión no tratada puede llevar hasta el suicidio. 

La depresión no tiene cura pero si puede ser tranquilamente controlada. Aproximadamente unas 800 mil personas en el mundo se suicidan debido a este trastorno mental. 

Aunque existen tratamientos con cierto grado de eficacia contra la depresión, el 75 % de los afectados en todo el mundo no los recibe, ya que en la atención, en los centros de salud estatales, no cuentan con psicólogos o psiquiatras. 

Y eso es debido a la falta de recursos y de personal sanitario capacitado. 

También en ciertas empresas de medicina prepaga o de seguro médico privado no contempla a la depresión dentro de sus planes, por lo que debe abonarse entonces por separado. 

Muchos pacientes no acuden a terapia debido a ciertos temores que ellos tienen ante los prejuicios y condenas, que la misma sociedad les impone, con solo escuchar las palabras “trastornos mentales”. 

En más de una ocasión han sido despedidos de sus trabajos o radiados de sus reuniones sociales, al enterarse que se consulta con un profesional en la materia. 

No es importante el tipo de ingresos económicos que las personas tengan, lo mismo pueden ser atacadas con la depresión. 

Eso no impedirá que los diagnósticos, a menudo, no sean los correctos, y confundan sus síntomas con otros padecimientos. En otras ocasiones los pacientes no la padecen pero igualmente son tratados erróneamente con antidepresivos. 

Para la OMS la depresión debe ser una de las afecciones prioritarias en el Programa de Acción para superar la enorme brecha en salud mental que existe entre los llamados países del Primer Mundo y el resto del planeta. 


Prácticamente en casi todo África y gran parte de Asia no existen los servicios para personas que padezcan trastornos mentales, neurológicos o bien el consumo de sustancias, por parte de profesionales sanitarios, que sean especialistas en salud mental. 

El concepto básico que pregona este Programa de Acción de la OMS es que con una atención adecuada, ayuda psicosocial y una correcta medicación, decenas de millones de personas con trastornos mentales, entre ellos los que padecen la depresión, podrían tener una vida normal, incluso en entornos con muy escasos recursos. 

Existen varios síntomas a ser observados por familiares cercanos, amigos, profesores o compañeros de trabajo y que delatan una posible depresión. Lo importante es charlarlo con el afectado, pero en caso que se resista a entrevistarse con un profesional, se deberá ejercer una mayor presión y emprender otras opciones que conduzcan a su atención psicológica. 

El sujeto se vuelve irritable, le cuesta conciliar el sueño o tiene un exceso de este, puede aumentar o perder peso, según sea su apetito. Cansancio y falta de energía, aún luego del sueño. 

Se siente un completo inútil y se odia por esto. Le cuesta concentrarse en los estudios o en el trabajo. Cree estar abandonado y sin esperanza. 

A menudo piensa en la muerte y en el suicidio como una solución a todos sus problemas. Ni siquiera la actividad sexual le da placer ni lo hace ya feliz. 

La depresión es por lo general transmitida de padres a hijos; esto podría deberse a la genética, pero también con comportamientos aprendidos en el hogar o en su entorno. La depresión puede ser desencadenada por un hecho estresante o infeliz en la vida, que detona sentimientos reprimidos. Muy frecuentemente se trata de una combinación de estos factores. 

Son muchas las personas famosas que padecen de depresión, de lo que uno pensaría. Intenté hacer una resumida lista con los principales personajes, pero resultaba injusto nombrar a unos y olvidarse de otros. Así que espero nombrar a los más representativos. 

Entre los personajes que vienen ahora a mi mente están: Jim Carrey, Marilyn Monroe, Michael Jackson que ingería antidepresivos como si fueran caramelos, Jean Claude Van Damme, Heath Ledger, Van Gogh, Axl Rose, Britney Spears, Diana Spencer (Lady Di), Robin Williams. 

También el uruguayo Horacio Quiroga, los argentinos Leopoldo Lugones y Alfonsina Storni, los norteamericano Edgar Allan Poe y Ernest Hemingway, el francés Toulouse Lautrec. 

Otra escritora que también se suicidó tras una profunda depresión fue Virginia Wolf. Un actor-director que casi lo intenta fue Woody Allen. Por lo tanto se les sugiere que al menor síntoma de depresión, no lo tome en broma y consulte urgentemente por usted mismo o por alguien al cual estime.

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