domingo, 22 de enero de 2017

EL ACOSO PUBLICITARIO

La publicidad como la conocemos, comienza a partir de la revolución industrial, cuando los primeros empresarios industriales vieron la gran necesidad de promocionar la venta sus productos. 

Los primeros pasos fueron carteles en blanco y negro, hechos por talentosos dibujantes anónimos, y puestos a ambos lados del comercio en cuestión. 

Luego esos mismos carteles pasaron a los primeros periódicos, donde los dibujos eran un poco más elaborados, pero ahora con un texto que comentaba las bondades del producto. 

Con la aparición del cine comercial, también asomaron los noticieros y en ellos la publicidad gráfica se tornó imágenes en movimiento. Toda una nueva dimensión a desarrollar. 

La radio y la televisión contribuyeron a que este arte-ciencia, que es la publicidad, expandiera sus horizontes iniciales e invadiera recovecos que ni siquiera podían ser imaginados, hacía muy poco tiempo atrás. 

Pero el avance no se detuvo. Con la aparición de las computadoras hogareñas y los celulares, pudo ocupar los nichos que le faltaban cubrir. 

Todos hablan de acoso escolar, acoso infantil, acoso laboral, acoso a las mujeres en la calle pero nadie dice absolutamente nada sobre el acoso publicitario que se ejerce sobre el usuario. 

Ya al salir a la calle todo individuo es bombardeado visualmente por cientos de propagandas de todo tipo. 

La mayoría de ellas explota la idea fácil del machismo, que es que todo varón puede ser un ganador y estar rodeado de hermosas mujeres, si usa tal o cual producto. 

Ellos son culpables de querer imponernos sus cánones de belleza, para tener el éxito seguro, la eterna juventud, con el auto más potente, no importando si se quiebra o no, todas las ordenanzas de velocidad máxima. 

Las mujeres tienen que ser altas, anoréxicas, rubias, de larga cabellera, atléticas y con una sonrisa perpetua grabada en su rostro. 

Los niños siempre se portan bien y están limpios y bien peinados. Se comportan con una obediencia casi militar. 

A menos que sea una propaganda de jabón en polvo, ahí si los chicos y nenas pueden revolcarse en el barro todo lo que quieran porque ese jabón prodigioso, dejará su ropa mejor que nueva. 

Pero no solo los publicistas se han vuelto mentirosos, si no que toda su publicidad es engañosa, tanto como daña la autoestima de las personas y les impone forzosamente un dejo de amargura por no sentirse identificados con aquellos estereotipos impuestos por las agencias. 

Su poder de convencimiento no reside en resaltar las bondades del producto ofrecido, sino en la repetición hasta el cansancio. 


Con una insistencia malévola, taladra cualquier intento de resistencia, de nuestra voluntad, hasta que finalmente la quiebra y nos mete la idea de la necesidad de adquirir lo que sea. 

Cueste aquello lo que cueste. Por otra parte, entre los varones, nadie quiere sentirse viejo, o fracasado o con sobrepeso, porque esto no figura en los modelos de belleza requerido. 

Por lo tanto lo inducirán a que se tiña las canas, que tenga un aire de ganador y que vaya al gimnasio más cercano a su casa. 

Y cuando llegue el verano luzca, en la playa, como el Arnold Schwarzenegger de su época dorada. Pero todo esto es una verdadera agresión gratuita para los consumidores. 

Tanto hombres como mujeres se pueden deprimir al no alcanzar un estándar tan alto como la publicidad requiere. 

Y esto es simple y llanamente acoso publicitario. Es un maltrato a una forma personal de vida, que tiene sus propios patrones de moda. 

Esta publicidad no te sugiere, quiere imponerte, a como dé lugar, un estilo de vida que no es el tuyo y eso también es otro tipo de maltrato. 

Muchas chicas jóvenes se sienten acomplejadas y sin deseos de ir a la escuela o al colegio, rehuyendo de toda vida social, porque según “la publicidad” las chicas con sobrepeso o gorditas no son aceptadas. 

Si, estas chicas tienen que bajar de peso, pero no por motivos estéticos sino por su salud, para prevenir futuras enfermedades que acompañan a la obesidad. 

Para muchos, ser un gran publicitario, es nada más que un sinónimo de buen mentiroso. 

Y es muy probable que lo sea, pero también la exageración es tomada como un recurso más, pero no siempre el usuario lo comparte. Por eso el mercado de cualquier cosa es complicado. 

Una mujer acostumbrada con un jabón para la ropa que la satisfaga, jamás lo cambiará, a menos que encuentre una buena oferta de otra marca, pero a sabiendas que puede ser timada. 

De ahí, que para ganar mercado se tenga que apelar a todos los recursos posibles. 

Por lo general, los potenciales clientes son conservadores y se le debe buscar la vuelta para venderle otro producto similar “pero que es mucho mejor que el de la competencia”. 

Otra desventaja para los publicistas es que el mercado, ya no es tan bobo, por decir algo elegante, como hace unos 30 años atrás. 

Gracias a la información rápida que nos suministra el Internet, podemos ver que los modelos de belleza, de éxito, de juventud, de elegancia, están siendo dejados de lado. 

Desfile de atractivas modelos gorditas están copando todas las pasarelas del mundo. 

Cada vez aparece más propaganda utilizando a la gente mayor, cosa que hasta hace muy poco, a ellos también se los discriminaba en este medio. 

Pero el acoso publicitario no termina ahí, han saturado de propaganda a los celulares, las redes sociales y la mayoría de las páginas en la web. 

Sintiéndose uno ahogado con tanto bombardeo de propagandas, que sus buenas intenciones ya nos resultan molestas. 

Han inundado nuestro correo electrónico con “spam”. También que se nos llame a cualquier hora de la noche para contarnos que tienen ofertas magníficas e irrepetibles. 

Esa política publicitaria es demasiado agresiva y totalmente desleal, y en muchas ocasiones, el usuario no solo hace caso omiso, sino que hasta boicotea a esos productos, como venganza por el fastidio sufrido. 

Por más filtros que se pongan a los “spam”, siempre estos saldrán vencedores y con nuevas ofertas irrechazables. 

¿Acaso no tenemos el derecho de escoger lo que nos plazca, sin llegar a convertirnos en víctimas del acoso publicitario? 

¿Cuál sería el verdadero límite entre lo público y lo privado? ¿Cómo puedo defenderme de esa publicidad tan agresiva y persecutoria y que muchas veces resultan hasta groseras y de pésimo gusto. 

Lo único que faltaría es que al despertar e ir al baño, al levantar la tapa del inodoro, encontráramos allí, flotando muy alegremente, otro hermoso y acosador SPAM. “El mañana ya es hoy”.

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