lunes, 9 de abril de 2012

PREMIO NOBEL PARA SANDRA


Desde el mismo momento en que los integrantes de la familia Zacarías, aterrizaron dentro del predio municipal, la publicidad y el marketing se hicieron su principal e indiscutible característica. El método utilizado es el de la noble gallina, que por poner un solo huevo hace demasiado barullo, lo que la convierte, en el símbolo indiscutible de la propagación a los cuatro vientos. 

Este método lo aplicó Javier, con excelentes resultados; a tal punto que de ser un oscuro leguleyo, merodeador de tribunales, en un tiempo relativamente corto, saltó a la fama, siendo reiteradamente encabezado de los titulares de los diarios capitalinos. También su imagen comenzó a hacerse familiar, apareciendo en cuanto noticiero o programa político hubiera en la televisión nacional.

Para trepar y mantenerse en el ruido grande, utilizó todos los recursos conocidos al alcance de la mano y otros, no tanto. Se alió y “desalió” todas las veces en que las circunstancias y el momento así lo requería, siguiendo los arteros y sabios consejos de Nicolás Maquiavelo. 

Durante su actividad política llegó a batir varios records en cambios de postura, solo superado por Euclides Acevedo.

Tiempo después, la intendencia de Ciudad del Este le quedó chica y decidió partir hacia cosas más grandes y no macanas. Y es así que cae como paracaidista, en el trono municipal, su señora esposa: doña Sandra. Esta mujer, muy bien entrenada por su marido, aprendió muy rápido la lección e inclusive superó a su maestro, en varios aspectos.

Derramó miles de litros de espesa pintura; llenó el microcentro y lugares estratégicos, con gran cantidad de lamparitas de colores. Toneladas de grueso maquillaje, esparcido a diestra y siniestra, para disimular las carencias que la ciudad padece, por la exasperante falta de voluntad política mantenida durante el mandato de todos los intendentes, y que los Zacarías, tampoco tuvieron ni el valor ni el interés por revertir esa apatía.

Con la pantomima y la demagogia, intentan perpetuarse en el cargo. Y aquí entran las enseñanzas aumentadas y corregidas de doña Sandra. Ha inundado la ciudad con pasacalles que alaban su gestión. Carteles fijos, que glorifican su maravillosa obra, un balance de toda su gestión, con formato tabloide, de 16 páginas, a todo color, por un importe conservador de 25 millones de guaraníes.

Una publicidad a discreción, pero solo para la prensa aliada, regada por innumerables eventos populares, con figuras muy conocidas y onerosas, que harán resaltar sus cualidades de excelente gobernante; siempre seguida de cerca por un séquito de perritos falderos, que lamen sus pies y besan el suelo por donde ella pasa.

Pero las verdaderas obras que la ciudad espera desde su fundación, no se han concretado. Esas son los actos que se esperan de un buen funcionario. 

Aquellas empresas que trascienden el mandato y sientan bases para que los próximos gobernantes sigan por la misma senda o la ensanchen. Nuestra ciudad no pasa de un gran villorrio desarrollado. Sin veredas estandarizadas ni una numeración identificadora, es lo mismo que vivir en un pueblito perdido en el medio del Chaco.

Un empedrado no es obra; repartir limosnas por todos los barrios tampoco es una obra; colocar semáforos, sin un plan ordenador maestro del tráfico, no es obra; competir por ser la ciudad más linda, no es obra. 

Solo son migajas de un presupuesto que en el 2010, será de 24 millones de dólares norteamericanos. 

De ellos, un millón es para la publicidad anual y compra de varias lenguas y conciencias. Es demasiado dinero para maquillaje y sueldos, pero obras de verdadera infraestructura, nada.

Una obra sería, encontrarle una salida al embotellamiento mortal,  que se produce en la arteria Pioneros del Chaco, entre la Plaza de la Paz y la ruta internacional. Otra obra importante, sin dudar, un trébol en la rotonda del kilometro 4. Transformar la angostura de la avenida Perú, en una supercarretera, para posibilitar el crecimiento de los barrios aledaños e independizarlo del centro, como se hizo con la avenida San José y Julio Cesar Riquelme.

Sandra solo es una gobernante temporal que mal intenta cumplir con las funciones para la cual ha sido designada, sin haberlo logrado en ningún momento. Existe por parte de ella y su coro de aduladores,  un error conceptual al exigir aplausos ante una muy pálida gestión; porque para eso ella está ahí, con un excelente sueldo, envidia del 80% de los habitantes de nuestro país. 

La historia y el tiempo transcurrido podrán darnos la razón. Sandra no es la madre Teresa para andar repartiendo dinero que no es suyo, sino de todos los esteños, ni tampoco es un Barack Obama para recibir un inmerecido premio Nobel, por la excelencia de su gestión. Pero si existiera, debería recibir un Premio Nobel a la Publicidad y el Marketing. En eso sí que se lo merece.

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