viernes, 14 de diciembre de 2012

LA MALA SEMILLA


A medida que pasan los años, veo situaciones de muy diferente manera y con una óptica muy distinta, a la que tenían las mismas cosas, hace diez años atrás, por ejemplo.

Estoy menos combativo es cierto, y mi boca no suelta sapos y culebras tan fácilmente a la primera provocación, como anteriormente solía hacerlo. 


Ahora reflexiono más, consulto a la gente de mi entorno, antes de tomar una decisión y soy menos aventurero y más precavido que en las décadas pasadas. ¿Qué tiene que ver lo que digo con el título de este comentario? Mucho. La persona a quien me voy a referir a continuación, recientemente ha cumplido un año más de vida. 

Precisamente el 23 de septiembre pasado. Por su año de nacimiento, 1943, deduzco con una elemental cuenta aritmética, que este singular personaje que se acerca a las 7 décadas. Sin embargo, por los últimos titulares que he leído, este hombre no ha madurado aún lo suficiente y creo que ya nunca más lo hará. 

Me refiero a Lino Cesar Oviedo Silva, a quien casi no he nombrado en mis pocos años de escritor y comentarista. Y no lo he hecho porque siempre: “como decía mi abuelito”, toda persona merece una nueva oportunidad. Sin embargo, él las tuvo más que cualquier otro mortal, que jamás haya conocido. 

Según lo leído y por supuesto, eso me molestó sobremanera, cuando en un momento dado, el Partido UNACE lanzó como la amenaza que hasta que no se designe a uno de sus candidatos como ministro del Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) no habría acuerdo constitucional para que Gustavo Codas sea ratificado como director paraguayo de Itaipú; y Miguel Fulgencio Rodríguez como titular paraguayo de Yacyreta. 

Un tipo de extorsión, vergonzosa y propia de un “gangster”, no ha sido ni la primera ni la ultima y no condice con la figura de quien alienta esperanzas de ser presidente de la Nación, muy remotas, ahora por cierto, pero esperanzas al fin. Un hombre que tendría que dejar su lengua en un congelador, antes que dedicarse a chantajear a diestra y siniestra. 

Ha sido un personaje con un lado oscuro, desde que egresó como teniente de caballería. A pesar que la justicia paraguaya lo sobreseyó en innumerables causas, sobrevuela sobre su persona, un aire de sospecha de culpabilidad, que ni los mismos tribunales han podido derrumbar. Es el protagonista principal o secundario, según las circunstancias, de estos últimos 25 años. 

Mucho de lo que se cuenta de él, forma parte del imaginario popular, nunca desmentido, pero tampoco convalidado. Con el tiempo crecieron hasta tornarse leyendas urbanas. Así como su figura fue creciendo más y más, hasta llegar a ser, en un momento dado, un verdadero intocable. El hombre fuerte de Paraguay, mucho más temido, que respetado, inclusive hasta por sus propios enemigos. 

Cuando hablo que “tendría que dejar su lengua en un congelador”, sencillamente afirmo que durante toda su carrera tanto militar como política ha tenido una suerte providencial, que lo ha acompañado hasta la fecha. Pero la suerte, también se termina, ya que es como una goma elástica: se estira, se estira hasta que por fin se corta. 

Su lengua, acostumbrada a la brillante elocuencia bilingüe, consiguió rápidamente, gran cantidad de adeptos para su causa. Campesinos pobres y comerciantes enriquecidos eran su blanco preferido. Su ascenso nunca fue verdaderamente lineal. Siempre lo hizo a través de atajos. Que le valieron llegar casi en la cima, a una edad relativamente precoz. 

Jamás le importó los medios para conseguir sus fines. La cuestión era llegar, sea como fuera. Sin escatimar las cabezas a pisar ni los sentimientos a herir y destrozar. Es por eso que al principio hable que su leyenda era apenas una débil línea que la dividía de la realidad. Nadie sabe donde comienza una y donde termina la otra. 

Se dice, y es “vox populi” que su fortuna comenzó ya con su primer destino, en el Chaco. Hacía que sus “soldaditos” cazaran animales silvestres, para luego vender su piel. De toda la ganancia nada repartía. También se comenta que cuando retaba a un subordinado, lo hacía frente a los camarada y subalternos de este. 

Lo denigraba sádicamente, tal modo, que ya le era imposible volver a levantar nuevamente la cabeza. Cosa que otros militares de su mismo rango y posición solo lo hacían sin testigos y entre cuatro paredes. Luego del golpe de febrero del 89, fue el militar que más rápido ascendió en tiempos de paz. 

Eso se debió a varios hechos conocidos y en los cuales, siempre se sospechó sobre su intervención. El primero fue aquel “asuntito” de los autos robados en tránsito por el Chaco rumbo a Bolivia. De aquella denuncia quedó perjudicado un excelente militar y rodaron las cabezas de muchos generales con alta graduación. Por lo cual, Lino subió de un solo salto, varios peldaños de una solo vez. 


La muerte del general Rosa Rodríguez y la desaparición del famoso maletín, que tal vez lo hubiera involucrado en diversos negocios turbios. Los 3 helicópteros de U$S 6 millones, que nunca despegaron. La basura tóxica que vino de Alemania y su firma autorizaba a enterrarla en algún lugar de nuestro territorio.

El golpe de Estado del 22 de abril de 1996, los muertos del Marzo Paraguayo, la misteriosa muerte de Luís María Argaña, son tres hechos dolorosos que aún siguen presente en la memoria de muchos. Los mismos que lo señalan como a uno de los instigadores directos. Cientos de negociados dentro y fuera del ejército justificarían su enorme riqueza, comentan las malas lenguas. 

Lo llamativo del caso, fue su absolución de todas las causas en tiempo record, en los tramos finales del gobierno de Nicanor Duarte Frutos, justamente en un país donde los expedientes juntan polvo durante años y años. De ser un Don Nadie, seguiría pudriéndose en un calabozo atestado de presos y no en una celda VIP, con todos los lujos de un hotel cinco estrellas, como fue su “celda”. 

Siendo así, se justificaría que durante su tiempo de reclusión no haya meditado lo suficiente y la realidad muestre que no tiene la menor intención de ser el verdadero patriota paraguayo, que él afirma ser. Ya que en vez de unir a los líderes, en una causa común: el bienestar del pueblo; los disgrega y los enfrenta. 

Ha buscado alianza tanto con Dios como con el Diablo. No ha madurado y nunca lo hará; por lo tanto, no merece llamarse dirigente, aunque siempre fueron esas sus pretensiones. Por eso la sabiduría popular afirma tan sabiamente que de una mala semilla, seguro que nace un árbol bien torcido.

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