martes, 6 de agosto de 2013

LOS DEMONIOS SIGUEN AGAZAPADOS

La muerte del ganadero Luis Lindstron dejo al descubierto viejas heridas que hasta la fecha, aún no han cicatrizado. Lo que nos hizo recordar que la famosa Caja de Pandora, en nuestro país, aún sigue abierta ya que nunca esto fue una verdadera prioridad del Estado, para dejarla completamente cerrada. 

Para aquellos que son demasiado jóvenes y no lo tienen registrado en su “chip” de memoria les podría contar en resumidas líneas como esta pandilla de delincuentes se instalan en nuestro país y sus primeros pasos. En los comienzos de la década de los 90´s inician el reclutamiento de jóvenes de clase media y media alta, proveniente mayoritariamente de las facultades de Medicina y Filosofía. 

Los reclutadores seguían al pie de la letra una filosofía bastante extraña que resultaba de la rara mezcla de conceptos revestidos con un barniz marxista, la Teoría de la Liberación, tomado de los curas tercermundistas de la década del 70 y los panfletos de Trotsky. Poco tiempo después se funda un movimiento político. Este se llamaba Patria Libre.

Luego comienza a atraer adeptos con poco seso y mucha sangre fría, de entre los primeros asentamientos campesinos de Concepción y San Pedro. Dos de los departamentos más postergados de nuestro país y casi sin vías de comunicación en todo el sentido de la palabra. 

En el 2001 sus líderes Juan Arrom y Anuncio Martí, acaparan la tapa de los periódicos nacionales y regionales, al ser acusados por la justicia paraguaya de llevar a cabo varios secuestros. 

Entre ellos se encuentra el más resonante de todos, el de María Bordón de Debernardi. En el año 2004, Patria Libre se ve envuelto nuevamente en otro caso que conmocionó al mundo entero: el de Cecilia Cubas.

Ante el tremendo ruido orquestado por cierta prensa amarillista y la pseudo justicia paraguaya, esos dos siniestros personajes huyen a Brasil, en donde solicitan el asilo político. El movimiento Patria Libre, que para el gran público estaba terminado y desprestigiado; renace como el Ave Fénix de sus cenizas. 

Muchos de sus fundadores se alejan del movimiento o bien se encuentran presos. Los que aún quedan se convierten en una gavilla de delincuentes que supuestamente es una ferviente reivindicadora de la justicia social, ofreciéndoles a sus conciudadanos, una mejor calidad de vida, siempre teñido bajo un manto marxista.

Por lo tanto entierran su antiguo nombre porque este goza de un total desprestigio porque ya no atrae a nadie más. A partir de entonces pasan a llamarse a sí mismos, con cierta exageración, Ejercito del Pueblo Paraguayo o simplemente EPP. 

Abandona por completo sus primitivos ideales y la fingida capa del marxismo salvador y la cambia por el prosaico capitalismo metálico y sus sucios, pero deseables billetes de 100 dólares. 

El producto de los secuestros a gente prominente, nunca fue a parar a manos de los campesinos pobres ni de los necesitados. La violencia de la ideología solo buscaba justificar la delincuencia por ellos mismos desatada. El EPP nunca fue un émulo de Robín Hood ya que sus objetivos no van más allá de sembrar el caos, robar y vivir sin trabajar. 

Son apenas una banda de mercenarios jugando a ser reivindicadores sociales. En cuanto a los pobres, ellos están casi resignados a su propio destino y no serán estos forajidos que los liberen de tal suerte. Les han envenenado el cerebro para que invadan propiedades ajenas y las reclamen como suyas. Pero siempre sin pagar absolutamente nada por lo de otros.

La estúpida lucha de clases es instigada por este grupo, hecho que nunca ha funcionado, ya que patrón y obrero siempre se necesitan uno del otro. Las diferencias se solucionan dialogando porque la violencia es mala consejera. Otro hito importante fue en su momento Curuzú de Hierro, donde queda al descubierto la ineficiencia policial y la indiferencia estatal.

A esto se le puede sumar una justicia incompetente y corrupta y un ministro que ni por vergüenza renuncia, al enviar hombres a la muerte y que regresen a sus casas siendo transportados como cadáveres en tétricos ataúdes. El luto que envolvió a policías y campesinos inocentes por igual, aún sigue doliendo en nuestro pecho. 

Hoy mismo la masacre de Curuguaty, a más de un año de aquel acontecimiento, todavía no hay nada concreto y vaya uno a saber cuando se sabrá lo que allí pasó y quien fue o fueron los responsables que ordenaron tal matanza. Esperamos que los ejecutores no queden impunes de este y otros crímenes similares.

El gobierno de Nicanor nunca se encargó de investigarlo, porque no le otorgó la suficiente importancia al caso. Lugo les dio las alas suficientes como para que se desarrollaran como lo permitieran las condiciones del eje económico-sociales-político. 

Es más, desde el mismo gobierno se los alentó y hasta protegió con una justicia lenta, ineficiente y corrupta y un cuerpo policial con muchos elementos en ambos bandos. 

Lo que ha pasado con el EPP es lo mismo que ocurre con aquellas plantas rastreras que parecen bonitas porque tienen flores hermosas pero que en realidad son una verdadera plaga si no se las extirpa en cuanto nacen. 

Eso es lo que ha sucedido y ahora cuando se hacen sentir en zonas de nuestro país, totalmente desamparadas por el Estado, los culpables de no haber hecho su parte se hacen los desentendidos.

El modelo cubano jamás podrá ser implementado aquí, tanto como el de las FARC colombianas, sin embargo ya se observan pequeñas muestras de similitud al ser encontradas grandes cantidades de marihuana, listas para su comercialización y que han sido encontradas por la Senad, en los mismos dominios que los guerrilleros paraguayos. 

Federico Franco tampoco hizo nada al respecto y esperamos que el reciente presidente electo Horacio Cartes implemente una necesaria cirugía mayor. El EPP no es la solución al problema del justo reparto de la riqueza, como tampoco lo es matando a ganaderos, y sembrando angustia y temor por donde pasa. 

Y mucho menos cobrando protección a los sojeros y ganaderos al más puro estilo mafioso de Chicago de la época de Elliot Ness. El miedo es su mejor arma, del mismo modo que algunos aliados en el Congreso. Por un tiempo reinó la paz en el Norte, dejándonos recuperar el aliento, pero por lo que se ha visto los demonios aún siguen agazapados

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