viernes, 16 de agosto de 2013

RENOVANDO LA ESPERANZA

Habría que reconocer, con toda sinceridad, que la victoria de Horacio Cartes, en aquel lejano 21 de abril de 2013, generó una ola de aire fresco en todo el país, luego de la enrarecida atmósfera dejada por las desastrosas gestiones emprendidas tanto por el ex obispo, Fernando Lugo como por el médico Federico Franco. 


A pesar de la “mala onda” emitida por los países de una “cuasi izquierda” muy típicamente sudamericana y la que nos tiene rodeados, nuestro país, en unas elecciones sorprendentemente transparentes, entregan el bastón presidencial de un civil a otro con distinto signo partidario por segunda vez consecutiva, cosa que muchos hermanos sudamericanos no pueden decir lo mismo. 

Nadie hubiera dicho, hace un par de años atrás, que un colorado con solo dos años de afiliado, podría ser presidente de la Nación. Y mucho menos no haber tenido ningún solo antecedente de participación en un cargo en la administración pública. Este hombre proviene de la iniciativa privada, donde tuvo gran éxito con sus empresas.

Incluso expandiendo sus negocios hacia Estados Unidos y exportando a más de 50 países, el producto de su tabacalera y sus embotelladoras de gaseosas. En el campo deportivo también se destacó como dirigente. 

Al mando del Club Libertad de Asunción, en pocos años llegó a duplicar la cantidad de campeonatos nacionales obtenidos y sus excelentes participaciones en torneos internacionales le valió figurar en el octavo lugar del ranking mundial de clubes, durante casi 18 meses. 

Por lo tanto no le es nuevo esto de organizar grupos de trabajo y el manejo de personas, a las cuales les hace sacar de sí, lo mejor de cada uno de ellos, en pos del bienestar del grupo. Es así como Horacio Cartes ha conseguido la mayoría de sus logros tanto empresarios como deportivos. 

Entre abril y agosto, existe un tiempo quizás demasiado largo, como para que la administración saliente pueda tapar los supuestos agujeros negros y algunas debilidades, producto de las mil tentaciones que el poder ejerce sobre quienes lo ostentan. Esto tendría que en su momento revisarse y corregirse. 

Durante las tres últimas semanas se tejieron una y mil fábulas acerca de los hombres y mujeres que podrían ocupar la cartera ministerial y demás entes y reparticiones estatales. Durante ese tiempo, la usina de rumores se hizo tan intensa que hasta resultaba divertido leer los nombres de los supuestos postulantes a través de las distintas redes sociales. 

Pero una vez oficializada la lista, con los nuevos ministros de Horacio Cartes, esta provocó prurito en las zonas más delicadas de la anatomía humana, en la clase política nativa. Ya que parecería que fuera un horrible pecado poner a un técnico, que por lo general es mucho menos corrupto y entiende de lo que hace, que un político con quien se paga alguna cuenta de cupo y que buscará irremediablemente meter las manos en bolsillo ajeno. 

La primera pulseada, como una clara muestra de poder resulta obviamente con un marcador de Cartes 1 – “Chupamedias” 0. Según las declaraciones del político liberal, Miguel Abdón Saguier (quien sangra por la herida) ya que se lo ve algo amargado porque nadie ahora le presta atención a sus declaraciones, afirma que un gabinete sin políticos va derecho al fracaso. 

Sin embargo, la fecha clave llegó y todo salió maravillosamente bien, tal es así que a pesar de ser la mañana más fría del año, la gente concurrió masivamente, en apoyo a unas renovadas esperanzas que este hombre ha despertado. No vinieron muchas delegaciones extranjeras como en otras oportunidades. 

Por eso no resultó demasiado llamativo que el presidente Maduro no estuviese en las gradas, ya que dicho mandatario retiró a su embajador de nuestro país, por aquel espinoso tema de intromisión en la política interna paraguaya al considerar a Franco como presidente ilegítimo y la presión ejercida por este para la suspensión del estado de socio activo dentro del Mercosur. 

Por lo tanto, según lo que indica el rígido protocolo, un jefe de estado no puede hacer una visita oficial a un país con el que no tiene embajador. Sin embargo, el presidente Correa, no lo entendió así y no se sabe si es que ignora esta regla, o hace simple causa común con Maduro, o intencionalmente ha distorsionado la situación y decide por su cuenta no venir a Asunción. 

Otro que si asistió, fue el incoherente presidente uruguayo José Mujica que por un lado defiende sólidamente el proyecto de legalización de la marihuana en su país, pero que en sus declaraciones a la prensa dice: 

"Hace muchos años que sabemos que el tabaco es malo, que mata, tanto como el alcohol, sin embargo, seguimos fumando y seguimos chupando. No creo que ninguna adicción sea buena. La marihuana es mala, es venenosa, pero más venenoso es ocultarlo, entonces nosotros vamos por el otro camino". 

Cuando llegó el turno del discurso de Cartes, este lo hizo de un modo realmente magnífico, con total claridad y firmeza en sus palabras y sin un papel escrito. Para quienes dudaron de su preparación cultural, debe haberse sorprendido al usar conceptos bien expresados, así como el uso correcto del idioma castellano. 

De todas las cosas que dijo Horacio, en dicho discurso, encuentro rescatable aquella donde parafraseo al Papa Francisco: "jóvenes de mi patria: nos les pido paciencia, les pido sana rebeldía, si este presidente no cumple sus expectativas, hagan lío" o "Invoco a Dios y le imploro que me de sabiduría, prudencia y fortaleza para servir al pueblo paraguayo". "Me van a ver a mí y a mi equipo, trabajando por los jóvenes". 

Pero a mi modesto entender, lo que considero que será su caballito de batalla durante toda su gestión será: "Si en 5 años no reducimos la pobreza, no podremos estar orgullosos de la democracia si sigue habiendo la misma cantidad de pobres, serán estériles todas las obras que presentemos". 

En resumen, debemos estrechar filas y hacer borrón y cuenta nueva, pero siempre no perdiendo de vista a los errores cometidos y abrir una renovada cuota de esperanza y optimismo, al menos por los primeros 100 días y luego lo charlamos de nuevo.

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