martes, 13 de agosto de 2013

EL RESPETO SE APRENDE EN CASA

No pasa un solo día en mi vida que no tenga que ver historias que pueden causar infarto, en los noticieros televisivos o leer en los titulares de los medios escritos, donde se involucran tanto a niños como adolescentes en todo tipo de vandalismo, y a veces en delitos de cierta envergadura. 

Entonces uno se pone a pensar, con preocupación, ¿por qué suceden cosas así? Padres que le echan la culpa a los docentes, a los cuales confían erradamente su educación, a lo que estos responden que ellos no enseñan educación si no ilustración o sea simplemente, una acumulación de conocimientos que teóricamente que le serán útiles en un futuro. 

Y las máximas autoridades de la Policía Nacional culpan tanto a padres y profesores sobre la gran responsabilidad que tienen en sus manos, pero que ambos se echan la culpa del gran fracaso que a diario se puede observar en cualquier estamento de nuestra sociedad. 

Desde ya que en todas las épocas de nuestra historia de la humanidad, la niñez y la adolescencia se caracterizaron por su rebeldía y su sed inagotable para experimentar un sinfín de cosas nuevas. 

Otra particularidad casi esencial a nombrar es la total falta para calibrar la dimensión del peligro inminente, que ellos pueden afrontar. 

Por lo que simplemente todo lo que sucede, según mi modesta opinión tiene que ver con la falta de respeto. No cabe ninguna duda que la base de todo el proceso formativo que todo ser humano recibe, se lo debe aprender en su propia casa por parte de sus padres. Y lo que suceda en la escuela debería ser el fiel reflejo de todo lo que se le ha enseñado. 

No podemos ser ciegos al ver que en los últimos 30 años muchas cosas mudaron en el planeta. Cambió el tablero político y algunos centros de poder, así como existió una profundización de la revolución sexual llevada a cabo fundamentalmente por la mujer al reclamar también su derecho al placer. 

También se produjo una revolución tecnológica que llevó a masificar aparatos tan sofisticados, como actualmente lo son las computadoras, los teléfonos celulares, los GPS, las cámaras fotográficas, Internet, y automóviles con una gama incontable de “chiches” que 50 años atrás hubieran sido concebidos por alguna afiebrada mente, producto del consumo abusivo de ciencia ficción. 

A esto se le sumó, hablando de los últimos 30 años, de la popularización y facilidad para conseguir pornografía, drogas, armas de todos los calibres. También la liberación y el relajamiento de las costumbres, los buenos modales y el respeto personal. La discusión en el disenso se tornó imposible y la tolerancia entre los seres humanos una verdadera utopía. 

Si en el propio hogar los padres no les enseñan a sus hijos lo que es la disciplina, la responsabilidad, el respeto, los buenos modales y por desidia o comodidad pretenden endosarle tal responsabilidad a un centro educativo para que este, por medio de su plantel de maestros, haga el papel de padre, entonces aquellos toman de por sí, un mal camino. 

Ahora bien, debo ser honesto, los noticieros y titulares nos ofrecen solo casos extremos o realmente exagerados de lo dicho aquí. Pero existen hechos más comunes que suceden diariamente en todos los puntos cardinales de nuestro país. 

Se puede escuchar cuando ellos cuentan como una hazaña como se burlan de un maestro o bien lo amenazan, o se tiran libros y cuadernos entre sí. Como fastidian a los más chicos e indefensos, como discriminan a compañeros por ser diferentes de los demás, sea el motivo que fuere. 

Tampoco faltan las muestras del poco respeto de los chicos y algunos adultos cuando no se hacen a un lado en el momento en que alguien desea pasar por la vereda, o bien insultan u ofenden a mujeres y ancianos con bromas pesadas o piropos groseros. Ni hablemos de ceder el asiento a las embarazadas en los colectivos. 

Algunos se entusiasman con juegos peligrosos, corriendo carreras con autos o motos en avenidas no siempre desiertas. O arrojan basura en cualquier lado, ni se les ocurre pensar cuantas ordenanzas quiebran al conducir o las traviesas piruetas que algunos hacen con sus biciclos, en medio del tránsito endemoniado. O bien se pasean en sus autos, muy orondos por toda la ciudad con sus equipos de audio a todo volumen.

Cuando esto se vuelve repetitivo, comienzan las preguntas sobre el tipo de educación que estos chicos recibieron en sus casas. Iniciándose entonces un interminable cruce de acusaciones entre padres y escuelas. Cualquiera sea el tipo de educación que un niño reciba, siempre esta empieza en la casa. Es el lugar ineludible donde se les enseña a respetar. 

Muchos padres no ponen límites a sus hijos por lo que sin quererlo, están formando a unos pequeños tiranos caprichosos y maleducados. Que no respetan a nadie, destrozan todo a su alcance sin darle siquiera algún valor, volviéndose mentirosos, egoístas, violentos, desconsiderados y haraganes. 

Se sabe que la memoria de las criaturas es increíble, porque todo queda registrado en su memoria. Como respetar a sus padres, abuelos, a ser ordenados con sus juguetes, a limpiar lo que ellos mismos ensucian, los horarios de juegos y estudio. Y fundamentalmente a no dejarse llevar ni por sus impulsos ni sus caprichos. 

Por lo general son todos aquellos padres “facilistas”, que siempre consienten a sus hijos, dándole todo lo que ellos piden y no todas las veces diciendo por favor, si no con furiosas imposiciones. Algunos padres, lo hacen para compensar lo que, por distintos motivos no tuvieron de chicos y otros sencillamente para sacárselos de encima, al ser demasiados cargosos. 

Si la educación en la casa es firme pero impartida con amor, no se corre ningún riesgo de criar rebeldes sin causa y si se los escucha de vez en cuando, mucho mejor. Con esto se lograran mejores ciudadanos. El éxito social y su futuro desarrollo humano-profesional estarán garantizados. Al final de cuentas, este esfuerzo es parte de la sagrada misión que tienen todos los padres de familia. 

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