jueves, 3 de julio de 2014

SIN ENERGÍA ELECTRICA NO HAY PARAÍSO

Uno de los pecados más grandes que se comete en nuestro país, es el de la improvisación. Es una especie de virus que carcome a toda nuestra sociedad, sin distinción de estratos sociales. La empresa estatal ANDE, proveedora monopólica de la energía en Paraguay, no escapa de la generalidad de la ley. 

Cuando se terminó de construir Itaipú, todos creían que ya estaba todo dicho en materia energética, sin embargo, un certero asesor extranjero dijo que, aún así, apenas se tendría la energía necesaria para electrificar todo el país, teniendo en cuenta que en aquella época, uno de cada veinte paraguayos tenía acceso a las bondades de la energía eléctrica. 
Aquel experto aseguró que se necesitaba mucha más potencia para asegurar un efectivo crecimiento industrial, si es que se deseaba salir de la Edad de Piedra y entrar de lleno al Siglo XXI. Mucho tiempo después se instaló Yacyretá, sin embargo, nunca se vieron muchas mejoras en el sistema eléctrico paraguayo.
 
El tiempo fue pasando y sin una correcta planificación urbanística de nuestras ciudades, comenzó parte de la actual hecatombe, que actualmente padecemos. Varios elementos se han conjugado para que ello ocurra. 

El primero y más importante de todos ellos fue la gran corrupción empotrada en la ANDE. Eso es porque desde siempre, esta institución fue tomada como una especie de caja chica, por los gobernantes, directores y funcionarios corruptos de alto rango. 

Segundo, como en todas las empresas estatales de nuestro país, su forma de dimensionar el consumo eléctrico siempre fue tomada conceptualmente de modo provisorio, nunca pensando más allá del presente. 

Es por eso que el crecimiento habitacional descontrolado, los ha tomado a contramano. Si a esto le sumamos las aproximadamente 200 mil conexiones clandestinas, que consumen como cualquier usuario, pero que jamás aportan absolutamente nada a las arcas de la empresa. 

Aunque cueste creerlo, no todos los que se “enganchan” en la red son gente proveniente de los asentamientos campesinos, muchos son prominentes profesionales de distintas disciplinas, grandes empresarios y muy conocidos artistas de la farándula, siempre amparados por la impunidad, que el anonimato que cualquier “coima”, les puede otorgar. 

Tercero, existe una clara y notoria desinversión y una ausencia total de mantenimiento correctivo, que son las causas por la cual reiteradamente se colapsa el servicio. 

Pero el eterno déficit que la estatal arrastra desde hace 30 años, se debe a que las otras empresas y dependencias estatales, no acostumbran a pagar su consumo eléctrico. 

El total extraoficial a que asciende el monto de los morosos, ronda los 900 millones de dólares. Solo la Municipalidad de Ciudad del Este le debe a la ANDE, mucho más de un millón de dólares.

Aún contando con la nueva línea de 500 Kva tomada de la Itaipú y una posible segunda línea de 500 Kva pero de Yacyretá, no se tiene toda la certeza que el sistema eléctrico paraguayo funcione con la excelencia que se pretende de este. 

El problema más grande que tiene enquistado la estatal ANDE, en su cuerpo directivo, es que su filosofía se basa en que todo el mantenimiento debe ser correctivo, y no preventivo, como se aconseja actuar en todos los manuales de protocolo de las empresas colegas, en todo el mundo. 

Igual ocurre con la red de distribución, que es por donde se transporta la energía que llega a los hogares, a los barrios y a las distintas comunidades. 

Prácticamente en esta área no se invierte nada, pese a que es una de los sectores donde las adquisiciones cuestan mucho menos dinero que las otras divisiones. 

Sin embargo, es tanta la cantidad de sectores nuevos, que no han sido planificados, que siempre corren detrás del perjuicio que les causan sus improvisaciones. 

Pero no solo el mantenimiento es totalmente deficitario, si no que los equipos son obsoletos, por lo que se pierde electricidad desde el mismo momento que sale de la subestación. Se calcula que existe una pérdida de energía eléctrica, en el orden del 29 %, que no llega a ninguna parte. 

Hay conceptos básicos que hasta el más estúpido de los mortales los tiene muy bien aprendido: si no se invierte en el sistema, este se deteriora y empeoran las fallas. Y si se ha ampliado, es mucho más difícil de recuperar al sistema. 

El 80 % de los transformadores que están funcionando en nuestro país, han caducado su tiempo de uso útil, por lo que son emparchados una y otra vez. Todavía el 45 % de los postes por donde pasan los cables son de madera de pindo. 

El 75 % del cableado nacional tiene un promedio de más de 30 años de uso, por lo que ellos están totalmente carbonizados por dentro y ya no poseen más la cualidad de la conductividad. 

El 90 % del tendido de cables no está lo suficientemente tensado, por lo que ante cualquier tormenta de regular fuerza, “bailan” como marionetas o bien producen cortos en el transformador. 

Teniendo semejante panorama ante nuestros ojos, como es posible que se fomente el asiento de nuevas industrias extranjeras, cuando el sistema eléctrico paraguayo está prácticamente en ruinas. 

Un ejemplo simple fue lo que sucedió con Río Tinto Alcan, independientemente que nunca fue un buen negocio para nuestro país, es que una industria de gran porte, sencillamente haría tambalear toda la estructura eléctrica, agravando aún más lo ya deteriorado que está. 

Por lo que es imprescindible que si deseamos tanto, el tan esperado despegue económico, mediante el desarrollo industrial, por lógica, debiéramos primero poner la casa en condiciones y luego sí, salir a buscar inversores que deseen radicarse en nuestro suelo. 
 

En la situación en que se encuentra la estatal ANDE, no puede dar ningún tipo seguridad por la calidad del servicio que presta. 

De lo contrario no se les podrá ofrecer una tarifa diferenciada que lo pueda hacer competitivo frente al competitivo mercado externo. 

De hacerlo, estaremos muy cerca de dar el paso más importante de su Historia, en cuanto a un ansiado desarrollo y mucha mano de obra esperando tener una oportunidad de progresar.

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