viernes, 23 de diciembre de 2011

Los vecinos no se eligen

Es indudable que el pueblo paraguayo se está despertando de ese sopor, causado por 60 años de una atroz tiranía, caracterizada por la prepotencia, la siembra del terror y las delaciones malsanas hasta por los mismos parientes. Paraguay se ha despertado y comienza a crecer, a los tumbos y aprende dolorosamente por “sus costillas”.

Sin embargo, eso es parte de los dolores del crecimiento. Ya no se quiere callar, y comienza a defender lo suyo. Quizás desmesuradamente y sin método, pero ya va a mejorar su estilo. Cuando se sienta mucho más seguro de vivir en una democracia plena. El pueblo se está dando cuenta que ha sido engañado por mucho tiempo y ahora quiere reparar todo lo malo que se hizo mientras su boca estuvo amordazada.


Ahora es Brasil, luego, más tarde le llegará el turno de encarar  a la Argentina. Ellos deben sincerarse y rectificar su política egoísta, que no nos permite a nosotros, que somos su socio, una participación mucho más amplia, relegándonos a meros idiotas útiles, mientras ambos países satisfacen sus necesidades energéticas y por supuesto económicas.

Si nos referimos a Brasil, a través de toda la Historia, comenzando con el Tratado de Tordesillas, línea imaginaria que dividía las posesiones españolas de las portuguesas en América,  siempre su política imperialista pretendió avasallarnos. Intentó quebrarnos cobardemente con la Guerra de la Triple Alianza y no lo consiguió. De nuevo en 1932 se colocó del lado boliviano con el único fin de darle un gran mordisco a nuestro territorio y consiguientemente quebrarnos. Pero no lo consiguió.

Ideó entonces invadirnos pacíficamente con miles de colonos que no podían conseguir tierra barata y fueron enviados hacia aquí, con créditos  de bajo interés, a largo plazo y con toda la producción vendida antes de plantarla. Con esto se constituía una competencia bastante desleal hacia el campesino paraguayo que lucía una horrorosa orfandad por parte del Estado nacional.

El tremendo despojo que constituyó aquel mal intencionado artículo, firmado a espaldas del pueblo, es el robo más artero y denigrante de toda nuestra reciente historia, y articulado en el medio de una tiranía que no permitía conocer ni el más mínimo de los entretelones entre los que se fraguó aquel gigantesco y traicionero fraude al patrimonio paraguayo.

Ahora que nuestro pueblo comienza a despertarse y quiere poner las cosas en orden, como deberían haber sido desde un comienzo, nos encontramos con una rotunda negativa por parte de nuestro vecino brasileño, ante los justos reclamos de renegociar, al menos los seis puntos esenciales, y que más nos perjudican. Esa postura intransigente, en el inicio de las conversaciones, tiene como fin  desanimar a los negociadores paraguayos. Solo que esta vez, nuestros representantes, saben muy bien lo que tienen que hacer.


La masiva presencia de tropas del vecino país es otra clara muestra de los golpes bajos que el Palacio de Itamaraty pretende inflingirnos al querer intimidarnos con su descomunal fuerza de choque, sabiendo que ante su fuerza, prácticamente nos encontramos totalmente indefensos.

Pero esto es un buen signo ya que por lo visto, ellos también se han dado cuenta de la injusticia cometida, pero que jamás querrán dar el brazo a torcer y la comunidad internacional también debe saberlo.

Este es el comienzo de una guerra diplomática, donde recién se están quemando los primeros cartuchos. Nunca ellos pudieron quebrarnos, tampoco jamás lograron hacernos perder nuestra identidad, porque siempre supimos quienes somos, aunque dudemos a donde nos dirigimos. No tenemos miedo y nuestra dignidad está intacta, porque solo estamos peleando por lo que consideramos justo y nuestro.

Se debe aguantar a pie firme todas las intimidaciones e intentos de humillación, porque esta es una lucha unida de todo el pueblo paraguayo, la reivindicación de nuestros legítimos derechos. El que no lo entienda así, que deje de llamarse paraguayo y elija otra tierra donde depositar su cuerpo. La justicia está de nuestro lado y Dios también. Amén.

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