miércoles, 30 de noviembre de 2011

Autocrítica

Según la definición clásica de autocrítica, es la capacidad de distinguir los propios defectos y de enfrentarlos. También es la virtud de auto evaluarse, al ser sincero con uno mismo, admitiendo los errores cometidos. Viendo desde otro ángulo, se puede decir que, la autocrítica es una forma de crecer y madurar mental y espiritualmente.

Y toda esta introducción tiene la intención de hacerles comprender a los habitantes de Ciudad del Este que, si no prevalece una verdadera y sincera autocrítica, de ninguna manera vamos a despegar económicamente.
Existen dos puntos esenciales en los cuales los paranaenses necesitan imperiosamente afrontar, para que esta ciudad termine con su agonía y reviva de sus cenizas, como lo hizo el Ave Fénix. 

El caso concreto es que los esteños cargan sobre las espaldas de Brasil, sus propios errores y de ninguna manera quieren admitir o  no le dan la suficiente importancia a la consigna lapidaria, que el gobierno  del vecino país exige en cuanto a la formalización del comercio.

Es estúpido seguir esperando que el parlamento de la vecina nación ponga en vigencia el famoso Régimen de Tributo Único (RTU), porque no va a sancionar dicha ley. ¿Por qué no lo va a homologar?, es muy simple la respuesta. Para no seguir vendiéndole piratería a los “turistas”.

El 90% del comercio de esta ciudad, trafica con mercadería que no es legal. Algunas son burdas copias, y otras son tan bien hechas, que ni el propio fabricante las podría distinguir. Brasil no quiere que le “enchufen” gato por liebre. Lo dicen a gritos con sus continuos operativos aduaneros, con todos los militares y policías disponibles y con aprehensiones de personas y productos varios.

Los habitantes de esta región fronteriza de la  república,  son demasiado caprichosos e insisten en lo mismo, hasta el cansancio y por cansancio a los brasileros jamás se les va a poder ganar. Toda la ciudad habla y ansía el cambio, pero de boca para afuera, porque dicha transformación continúa como una materia pendiente.

Otro tanto ocurre con la construcción de un segundo puente internacional. Este se va a dilatar, hasta que nuestros compatriotas dejen de llevar, todo lo peor que el delito y la imaginación tiene de prohibido,  por la única pasarela binacional que existe en esta frontera.

El razonamiento brasilero es muy simple. Si apenas se puede controlar el paso por el Puente de la Amistad, ¿cómo se puede llegar a fiscalizar dos?  No existe por parte de Itamaraty la voluntad política de construir otro puente sobre el río Paraná en esta zona, solo porque tampoco ven ninguna señal, que les indique que los altoparanaenses van por buen camino. Simplemente no han comenzado a dar ningún paso.

Basta con ver la gran cantidad de mercaderías acumuladas en los depósitos de la aduana del vecino país, como para darse cuenta de los inciertos lugares de fabricación y nombres muy parecidos a marcas ya reconocidas.

Es penoso y triste tener que estar dependiendo del humor del vecino. Es lo mismo que esperar que un pariente nos invite a su asado, porque esa será nuestra única comida. En realidad no tiene ninguna obligación de hacerlo.

La viveza criolla también tiene sus límites. El esteño tiene cientos de opciones, pero usa la que menos esfuerzo representa y así seguiremos dando muchas vueltas en círculos sin llegar nunca a ningún lado. 

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