miércoles, 28 de diciembre de 2011

Militares en época de paz

Aún estando en medio de grandes carencias y necesidades de real importancia, quizás producto de  esa gran  pobreza de dirigentes de nivel, que abundan en nuestro espectro político, que han permitido que llegáramos hasta donde hoy nos encontramos. Sin embargo, hay temas importantísimos que no deben, ser nunca más postergados. Y la violencia es uno de ellos.

Ya que la violencia que existía hace unos 20 años atrás, es muy diferente a la que padecemos en la actualidad. Ya que esta es mucho más sádica, osada, no reconoce límites, ni respeta códigos. La delincuencia y los grupos mafiosos se enseñorean por todo el país, sin que nadie les ponga el menor freno. Y cuando puede ser que se lo consiga, la Justicia, por medio de algunos encumbrados funcionarios, se encargan de dejar todo en fojas cero.  


Ha llegado la hora de replantearnos cual es el papel de nuestras Fuerzas Armadas dentro de este nuevo contexto de paz que propone el Mercosur, y en el que tampoco se avizoran, por lo pronto, graves tensiones con cualquiera de nuestros vecinos. Se debe atender que frente a la potencia bélica de aquellos dos países tan próximos y poderosos, Paraguay se encuentra prácticamente indefenso.

Su única protección seria el Tratado de Asunción, en el cual se estipula que cualquier acción bélica protagonizada por cualquiera de los integrantes del Mercosur, hacia otro de los socios, conlleva tácitamente, la inmediata expulsión. 

Por lo tanto no quedando un peligro de invasión por parte de ningún eventual enemigo de nuestra patria, una alternativa interesante sería  reorganizar nuestras fuerzas armadas, transformándola en un grupo de choque de alta profesionalidad, sin tanta burocracia, una oficialidad no tan sobre dimensionada, dotándola de los elementos necesarios, acorde a los tiempos que vivimos y sueldos más dignos para los cuadros jerárquicos inferiores.

Eliminar de una vez por todas el Servicio Militar Obligatorio y transformarlo en voluntario, ya que Paraguay es uno de los últimos  países que aún lo conserva. En los tiempos actuales esto es una inutilidad y no le aporta nada al ciudadano, que prefiere obtener y mantener un trabajo estable, antes que perder el tiempo, cuando muchos de los conceptos de la vieja escuela de guerra ya han quedado totalmente obsoletos.

Con un cuerpo más pequeño, pero profesionalizado y eficiente, sería toda la fuerza racionalizada, pero a su vez potenciada para una misión que no le fue encomendada, por la Constitución,  pero que en la situación actual, donde la marginalidad ha superado en número, medios, técnica y logística a la Policía Nacional, por lo que se impone un momento de reflexión y replantear hasta donde llegarían las nuevas funciones de uno y otro estamento de seguridad.

La Policía  Nacional se encuentra totalmente rebasada, ante la ola de criminalidad que va en un constante aumento. Los marginales ya no solo no le temen a los uniformados, si no que hasta le han perdido totalmente el respeto. Es por eso, los altos índices de muertos que registran las fuerzas policiales. Es la ventaja que tienen a su favor los militares, que apenas son divisados, con sus típicas ropas de fajina, ya infunden cierto respeto. Aún entre la gente común, y que no vive en la clandestinidad.

Si bien nunca policía y militar se llevaron bien, es necesario que esto se revierta y dejen de lado sus disputas y rencillas domésticas sin importancia y ambas fuerzas de seguridad combatan al mismo enemigo común, pero en diferentes niveles. Los roles serían asignado por el Poder Ejecutivo. De una manera u otra, la falta de personal policial quedaría compensada con el concurso de los militares.

La idea básica sería utilizar a estos como un primer anillo, a modo de fuerza de intimidación e inmovilización y ataque en caso de ser agredidos. Mientras que la policía se encargaría de los correspondientes arrestos y demás tramites legales que esta operación conlleva.

Sería una manera inteligente de usar una fuerza hoy ociosa, pero muy poderosa, dándoles un papel vital, en una nueva modalidad de lucha y permitiéndole a los militares integrarse plenamente a una sociedad que aún tiene recelos de ellos y dándole la oportunidad de reverdecer viejos laureles marchitos.

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