martes, 12 de agosto de 2014

LOS QUE ODIAN A LA VIDA

Según las estadísticas, este es un fenómeno mundial en franco aumento, que ni siquiera la misma ciencia ha podido develar, que induce a un ser humano a despojarse de todo sentido de supervivencia.

Para ser más concreto, en Paraguay, durante el año 2013, ocurrieron 369 suicidios, mientras en este año, hasta el mes de mayo, se habían registrado 140. Con estos números, la proyección hasta fin de año, superaría con creces al 2013. 

Muchos “expertos” en la materia aseguran con una certeza absoluta que el 90% de las personas que se suicidan, cuentan con algún tipo de trastorno mental, cosa que me opongo rotundamente. 
Esas mismas estadísticas, afirman que el 80 % de los involucrados son adolescentes entre los 14 y los 24 años. Por lo tanto esta desgracia recae directamente en los propios padres, debido a una total falta de comunicación con sus hijos. 

La adolescencia es un período sumamente delicado, dentro del desarrollo del ser humano. Es durante ese tiempo donde se moldea la futura personalidad. 

Es una época en la que se soporta mucho estrés ante los constantes cambios, en diferentes áreas de nuestro ser: cambios en el cuerpo, cambios en las ideas e inclusive cambios en los sentimientos. 

El contínuo e intenso estrés, la gran confusión, el insoportable miedo a fracasar y la incertidumbre de no saber como comportarse para ser aceptado, los angustia. 

Ellos, más que nadie, soportan la enorme presión por alcanzar el éxito, y la capacidad de pensar las cosas desde un nuevo punto de vista y eso los asusta. Ya que aún no tienen la capacidad para resolver problemas y tomar decisiones. 

Para algunos adolescentes, se producen cambios no previstos durante el desarrollo de este periodo, como el divorcio de sus padres, la muerte de alguno de ellos, la mudanza a una nueva comunidad, cambios de amistades, dificultad en la escuela o dificultad para comunicarse con otros jóvenes del otro sexo. 

Esto seguro que causa una gran perturbación y resultan, a sus ojos, como trágico, angustiantes e insalvables. 

A esa edad todos los problemas pueden verse magnificados, y les resulta demasiado violento o difícil de sobrellevar. 

Es por eso que, ante el menor cambio en la actitud de los hijos, los padres deban acercarse e invitarles, a un dialogo franco y sincero. 

Ya que de no tener el apoyo paterno, no es ilógico que algunos de ellos, piensen en el suicidio, como una posible solución a sus problemas. 

Son los padres quienes tienen la suficiente experiencia y deben acercarse a sus hijos y enterarse lo que acontece en sus vidas. 

Por eso uno es mayor y el otro es adolescente, lo que implica que el adulto ya ha pasado esos momentos difíciles y tiene la obligación de orientar y guiar a los jóvenes. 


Justamente es por eso que a ellos se les llama adolescente, porque adolecen o carecen de experiencia y madurez para enfrentar cualquier problemática. 

Por más ocupado que se encuentre, deje lo que está haciendo e interésese por las actividades de sus hijos, sepa quienes son sus amistades y sus gustos. De vez en cuando comparta algo que a ellos los entusiasme. 

Manténgase atento a cualquier cambio que modifique su comportamiento habitual. Como puede ser la falta de apetito o de sueño. Que se desinterese por todo lo que hace. 

No quiere ver a sus amigos o familiares. Se nota un creciente descuido en su higiene y aspecto personal. Toman riesgos innecesarios. Permanece recluido en su habitación mucho más de lo habitual. 

No se concentra fácil en sus estudios y es indiferente a los elogios. Nada ni nadie logra entusiasmarlo. Se lo nota constantemente deprimido y sus escritos hablan de muerte. 

Muchas veces los padres pasan por alto estos signos, ya que no lo toman en serio, entonces el joven, ante la desesperación por no ser escuchado, pasa al siguiente nivel. Es ahí que comienzan las amenazas de suicidio, que en realidad es un pedido de auxilio encubierto. 

Por ese motivo cuando todo joven exprese ese tipo de ideas, debe ser sometido a una pronta evaluación médica de inmediato. 

Y su tratamiento debe durar el tiempo suficiente hasta recuperar la estabilidad física y emocional. 

Cuando esto parezca insuficiente, entonces es necesario la ayuda y evaluación profesional de todo el grupo familiar, a fin de romper ese círculo vicioso y superar entre todos, este trance tan angustiante. 

Es en esos momentos cuando el joven más necesita de todo el amor y la comprensión de su entorno. 

Volver a interesarlo por tareas extracurriculares como el deporte, nuevos amigos, hacer un viaje, algún pasatiempo que le llame la atención. 

Pero todo esto sin llegar a consentirlo ni darle todos los gustos, solo porque se encuentra indefenso para afrontar ciertas actitudes. 

Según una definición académica clásica, el suicidio es el acto de quitarse la vida por propia decisión, sin ningún tipo de inducción o ayuda de otros. Esta práctica está ligada al ser humano desde el principio de la humanidad. 

Ya los mayas, veneraban a Ixtab, la diosa del suicidio, y, en el Lejano Oriente, los japoneses se hacían el "harakiri" que es el suicidio ritual, con el cual, creían que con esto, podían recuperar el honor, lavando la deshonra. 

La mayoría de las religiones lo consideran un verdadero pecado, y en casi todos los países del mundo, está considerado como un grave delito. Para considerarse suicidio, la muerte debe ser un elemento central y único motivo del acto. 

Por eso los hombres-bomba y los mártires no son considerados suicidas, dado que los primeros mueren por un ideal político y los otros se sacrifican en nombre de una creencia religiosa. 

Ahora bien, fuera de todo contexto religioso, ético o jurídico; la vida es el bien más preciado que nuestros padres nos han dado, y está en nosotros cuidarla lo mejor que podamos. Es evidente que no todo en la vida es color de rosa, ni las cosas se resuelven como nosotros queremos. 

Porque siempre tendremos en nuestro camino, obstáculos a vencer y justamente triunfar ante estos desafíos son los que permiten que nuestro espíritu pueda templarse. 

Cuando pensemos que estamos en un callejón sin salida y no veamos la solución, siempre habrá cerca de uno, una voz amiga que nos aclare el panorama y por sobre todo nos reconforte y permita distinguir nuevas opciones, ya que el suicidio, definitivamente no es una de ellas.

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