sábado, 7 de mayo de 2011

LA MAFIA DE LOS CELULARES


Como en tantos rubros, los celulares también tienen su mafia, que se desenvuelve sumamente cómoda en un ambiente de total impunidad. Es una larga cadena que comienza con los “pirañitas” o los ladrones en veloces motos, que venden los celulares en famosas galerías de Ciudad del Este, Asunción y Encarnación. Luego, en estos mismos lugares le dan un “toquecito” de aparato cero Km., quedando luego listo para la venta. Puede ser el producto de un robo en Brasil, Argentina o aquí mismo en Paraguay.

Por donde quiera que se camine, es muy fácil tropezar, especialmente en las calles céntricas, con un puesto de venta de celulares. 

Es muy fácil identificar a estos lugares,  ya que generalmente entorpecen el paso por la vereda con sus sillas, mesas y sombrillas de variados colores. Estos han llegado a un grado tal de masificación que se los puede encontrar hasta en cualquier farmacia de barrio.

Estos aparatos son de muy avanzada tecnología, pero tienen una dudosa e insospechada procedencia. Un origen que da para pensar que muy bien pueden ser robados, no por el uso, ya que todos han sido reciclados y su estado luce impecable, sin rayones a la vista y con un satisfactorio olor a nuevo, y puede llegar a despistar al comprador que desconoce el tema. 


Desde hace muchos años que no llegan celulares nuevos a Paraguay, y si llegan a entrar al país, son reciclados procedentes vía Panamá o Miami. Sacando muy honrosas excepciones, todos los equipos ofrecidos por las operadoras son de segunda mano. Es más, en caso que lo entreguen en caja, estas son “made in Luque”.

Por lo tanto no es exagerado decir que el 95 % del parque de telefonía móvil en nuestro país es usado y probablemente robado en Brasil, Argentina, o bien algún punto lejano al lugar de la probable venta.

Cual sería la verdadera diferencia entre un robo a mano armada de un celular y comprar uno similar al que nos fue sustraído un par de horas antes. 

Teniendo muy en cuenta que al primero el precio de venta al público con todos los chiches, sale 1.700.000 y el que se pretende comprar para reponer la pérdida, cuesta apenas unos 600.000 de la moneda nacional. Por lo tanto, cómo se pretende castigar a un ladrón, que le ha robado a otro ladrón. En resumen, todos somos cómplices de una manera u otra en este nauseabundo tráfico de celulares.

Cómo empieza la cadena

Todo tiene un comienzo y los malvivientes nunca buscan las complicaciones, ya que todo debe ser fácil, rápido y rentable. Las primeras en ser observadas son las estúpidas chiquilinas que chatean todo el día, por la calle, y están tan enviciadas que no pueden esperar un sólo segundo hasta llegar a un lugar más seguro. 


Ellas no miran ni a los costados, mucho menos prestan atención si atrás suyo se le acercan peligrosamente dos malandrines en una veloz moto, listos para hacer su golpe. 

Luego, el producto del robo será comercializado en alguna de las muchas galerías de Ciudad del Este, especialmente Jebai y Lai Lai o en Asunción, siendo el Mercado 4 el lugar preferido de reducción, de los caballos locos de la capital, o Encarnación, de donde vienen los teléfonos argentinos. 

Una vez que llegan a destino, en el local, algún seudo técnico le cambiará las partes que se muestren más visiblemente usadas e internamente se lo limpiara suave y delicadamente con un cepillo de dientes y mucha silicona. Esto lo dejará como nuevo y con un olor a recién salido de la fábrica. 

Como la compra ha sido por un precio casi ridículo y la operación “chiche' i” es relativamente barata, ha llegado el tiempo de esperar que caiga el primer comprador y se puede bajar el precio hasta donde sea con tal de recuperar el dinero, ganar un poco y tener algo en el bolsillo para la compra del día siguiente, que serán muchos, como todos los días. 


Hace más de 15 años que es la misma historia, nada nuevo bajo el sol, solo que, los pésimos gobiernos que fueron cerrando fuentes de trabajo durante este tiempo, empujaron a los muchachos, que tampoco les gustaba mucho el sacrificio, y no les quedó más que conseguirse una magnífica y lucrativa excusa para delinquir.

Cómo terminamos con esta pesadilla

Jueces, fiscales, policías, oficiales de justicia, legisladores, políticos de todo color, pelo y laya tienen teléfonos usados, probablemente robados. Todos tienen una clara idea de la cosa, sin embargo teniendo la fuerza de la ley en su mano, poco y nada hacen al respecto. Es como si un gran sello de impunidad se instalara en la frente de los roba-celulares.

Es lo mismo cuando se le acerca un vendedor de perfume y ofrece Carolina Herrera por 3 dólares. Se sabe que están jugando con uno, ya que solo vende un poco de alcohol con esencia de vaya saber qué cosa, que huele bien, pero no es lo que dicen que es. 

Los ya citados saben muy bien como es la cosa, pero si este es un país sólo para vivir bien, para qué preocuparse. Si hasta el titular de Conatel, Carmelo Ruggilo, explicó con cierto aire de escepticismo, en qué consistiría el nuevo sistema a ser implementado para tratar de desalentar el robo de aparatos celulares. Los nuevos “chips inteligentes” ya no funcionarán en equipos que hayan sido denunciados como robados, ya que van a identificar inmediatamente a los números de serie.


Los primeros momentos van a ser maravillosos, pero a medida que la mafia sienta que cada día pierde mucho dinero, entonces contrataran a varios “hackers” (genios de la informática) locales y lo más probable es que “los inteligentes” le encuentren demasiado pronto la vuelta a la cosa, con lo cual todas las  inversiones previstas será un dinero tirado nada más que a la cloaca.


Por lo tanto, como siempre el que deja de ganar es el simple y desprotegido usuario, que a pesar de ser el sufrido individuo que sale a pelearle a la vida, para no ser devorado por los comerciantes inescrupulosos, por desgracia,  siempre en este querido país, es el eterno perdedor. 

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