martes, 12 de noviembre de 2013

NUESTRO BUEN PLAGIO DE CADA DÍA

De ninguna manera puedo decir que el plagio que revolucionó a todo Paraguay sea algo nuevo, ni que será el último, porque por desgracia esto sucede desde siempre, demostrando finalmente que la ley del Derecho de Autor y Propiedad Intelectual, al menos en nuestro país, no sirve para un cuerno. No quiero entrar en el tema de si aquello fue plagio o no. 


Simplemente porque hay gente mucho más capacitada que yo para dar un dictamen sobre dos obras que nunca leí. Tampoco podría hablar sobre Nelson Aguilera a quien no conozco en persona, pero si tengo aproximadamente unas veinte personas conocidas mías que si son sus amigos. Y todos ellos me hablan muy bien de él. 

En cuanto a María Eugenia Garay. Confieso que hasta el suceso del lamentable fallo, no tenía la menor idea de su existencia. Por lo tanto tampoco puedo hablar de ella. Lo que sí puedo opinar, es que el fallo de los jueces me ha resultado todo muy sospechoso. 

Es como si le hubieran pasado algo muy estimulante por debajo de la mesa, si no, no existiría un mejor justificativo para dictar semejante fallo tan ridículo y descolgado de la realidad. 

Para el diccionario común, el plagio es usar el trabajo, las ideas, o las palabras de otra persona como si fueran propias, sin acreditar de ninguna manera de donde proviene tal información. 

O dicho de otro modo, que se comete plagio cuando se divulga, publica y reproduce una obra a nombre de un autor distinto del verdadero, atentando a su derecho moral y patrimonial, ya que se usurpa su autoría y se defraudan sus intereses económicos. 

Ahora bien, no es menos cierto que dentro de la órbita de la literatura, existen muchos que fingen ser grandes literatos pero son apenas paracaidistas que caen de arriba, que apenas saben digitar en una computadora y que no tienen siquiera una sola gota de ingenio propio. Son como buitres carroñeros que revolotean hasta encontrar a una víctima descuidada. 

Esto del plagio es tan antiguo como la escritura misma. Existen dos grandes hitos dentro de la literatura mundial, que para muchos, hasta le puede resultar una tremenda sorpresa. 

El primer caso es del Antiguo Testamento que ha resultado ser un espantoso y burdo plagio del Gilgamesh, un poema sumerio que fue escrito 2500 A/C. 

Allí es donde aparecen escenas y personajes similares a Adán y Eva, el Diluvio, Sodoma y Gomorra y Edit, la esposa de Lot, que fue convertida en una estatua de sal, entre otras partes resaltantes. 

El segundo caso involucra al inglés William Shakespeare a quien se le atribuye la frase que confirma todas las acusaciones de plagio en su contra: “He rescatado las ideas interesantes de unas obras bastante mediocres y las he mejorado”. 

Su segunda obra más conocida, “Romeo y Julieta” tomo pasajes enteros de la novela breve, “Los amantes de Verona”, escrita por el italiano Mateo Bandello, pero a través del poeta inglés, Arthur Booke que ya había plagiado al italiano. 

En cuanto a “Hamlet”, tampoco es fruto de su imaginación ya que esta antigua historia danesa es de Saxo Grammaticus, un cronista del siglo XIII, que por casualidad fue plagiada por Mateo Bandello, así como otra de sus obras, la comedia que tiene por título “Cómo gustéis”. 

“Macbeth” estaría inspirado en gran parte por las crónicas del historiador, Raphael Holinshed. Esta obra histórica también fue una fuente para sus obras “Ricardo III” y algunas partes de “El rey Lear”. 

Ahora que están todos bien sorprendidos, puedo decirles que no solo los improvisados recurren al plagio, si no también aquellos que practican la literatura de alto nivel como Camilo José Cela, quien supuestamente no lo necesitaría, pues este ha sido premiado con el Príncipe de Asturias de las Letras en 1987, el Premio Nobel de Literatura en 1989, y el Premio Cervantes en 1995. 

La novela de Camilo José Cela, “La cruz de San Andrés”, ganó el premio Planeta en 1994, tiene un sospechoso parecido con una novela de la escritora Carmen Formoso, “Carmen, Carmela, Carmiña”, que por casualidad participó en el mismo concursó. 

En 2009, la jueza que instruyó en el caso, declaró que existían indicios del delito, siendo argumento válido que Formoso presentó su obra el 2 de mayo y Cela el 30 de junio. 

Otro Premio Nobel involucrado en un plagio es el portugués José Saramago. Que ha sido acusado por el escritor y periodista mexicano Teófilo Huerta Moreno cuyo cuento “¡Últimas noticias!” habría sido la base de la novela “Las intermitencias de la muerte”, editada por la editorial Alfaguara. 

Siguiendo con los Premio Nobel, tenemos al mismísimo Gabriel García Márquez que con su novela corta “Memoria de mis putas tristes”, se la encuentra muy parecida a “La casa de las bellas durmientes” del escritor japonés Yasunari Kawabata. Pero acá no terminan las querellas y acusaciones contra “Gabo”.

Su famosa novela “Cien años de soledad” es un verdadero plagio, por haber sido copiado de la novela “Búsqueda del infinito”, del francés Honoré de Balzac, afirmación hecha por el escritor colombiano Fernando Vallejo, quien reside en México. Y aunque esto parezca algo poco serio, cuenta con el aval de otro Premio Nobel, el guatemalteco Miguel Ángel Asturias. 

Pero quizás el plagio más escandaloso haya sido la del escritor argentino Jorge Bucay. Del total de las 270 páginas de su obra “Shimriti”, 60 fueron copiadas casi exactamente de “La sabiduría recobrada”, de la filósofa española Mónica Cavallé. Así lo reconoció el mismo Bucay, en su revista “Mente Sana”. 

También es importante no dejar de mencionar el plagio del conocido escritor mexicano Carlos Fuentes y su famosa obra “Aura”, que sería un refrito basado en el libro “Los papeles de Aspern” del narrador, crítico y dramaturgo estadounidense Henry James. 

El lector común, especialmente aquel que es un ávido devorador de libro tras libro, a veces ignora que su autor preferido pueda ser un simple delincuente al llevarse los méritos con el sudor del cerebro de otro. 

Grandes escritores como Gonzalo de Berceo, Juan Ruíz el Arcipreste de Hita, Infante Don Juan Manuel, Garcilaso de la Vega. San Ignacio de Loyola, Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Francisco de Quevedo y Villegas y hasta el gran Pablo Neruda recurrieron indefectiblemente al nuestro buen plagio de cada día.

5 comentarios:

  1. A PLAGIAR SE HA DICHO...!!!!!! CREO QUE REESCRIBIRÉ LA BIBLIA, HAY UNOS PASAJES QUE NO ME GUSTAN,:( PERO EL RESTO LO COPIARÉ TAL Y COMO ESTÁ... ;)

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  2. en el caso de Garcia Marquez, gran parte de su obra es un plagio de personajes, situaciones, y hasta argumentos de la obra de William Faulkner, lo mismo pasa con Juan Carlos Onetti que es más evidente aún, lo de Shakespeare es algo más complicado, ya que este nunca buscó publicar nada, es más los tomaba como guiones (no estoy seguro que esa sea la palabra) que repartía entre los actores que trabajaban con él, el "Firts Folio" de hecho fue publicado por amigos suyos después de su muerte

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  3. Qué buen artículo!!!! Super interesante

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  4. las vicisitudes humanas son recurrentes desde su aparición en el planeta Tierra. Lo importante para un autor es su personalidad y estilo al narrar una historia Alberto Fernandez furnita 23/09/17

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