viernes, 30 de marzo de 2012

¿PARA QUÉ SIRVEN LOS INTELECTUALES?


Si nos remitimos únicamente a las definiciones clásicas, entonces podríamos decir sin temor a equivocarnos que “un intelectual es aquella persona dedicada por entero al estudio y reflexión crítica de la realidad”.


Pero si nos guiamos por el Pequeño Riste Ilustrado, edición 2010, nos encontramos que “un intelectual es aquel individuo que teniendo ciertos conocimientos se dedica a hablar de todo, pero sin decir nada concreto”. 
 
 
Por otro lado, y esto hay que destacarlo muy bien, es que los pensadores tienen un poderoso sentido de la ubicuidad, ya que siempre se los ha encontrado muy cerca de todos los procesos políticos, al jugar un papel estratégico decisivo en las relaciones de poder. Esto significa que generalmente buscan mediante la influencia que ejerce su poder de convencimiento, empotrarse en las altas esferas de un gobierno.

En casi todos los ambientes, la sola pronunciación de la palabra intelectual suena como una especie de insulto, debido a que ellos generalmente suelen ser de clase acomodada o bien llegan a enquistarse en ella, para luego dar sus opiniones, desde dentro de una burbuja, es decir, abstraídos de la verdadera realidad. El caso de Jorge Luís Borges, no es un hecho aislado.

También se encuentra uno de los fracasos más grandes de toda la historia y que involucra directamente al famoso Milton Friedman, quien fue un destacado economista e intelectual estadounidense, de la década del 60 y 70 del siglo pasado. Era un férreo defensor del libre mercado y exponente del monetarismo neoclásico de la famosa Escuela de Economía de Chicago. En 1976, fue galardonado con el Premio Nobel de Economía por sus logros en los campos de análisis de consumo, historia y teoría monetaria y por su demostración de la complejidad de la política de estabilización.

Sus teorías fueron acompañadas por un enorme séquito de adeptos, que  difundieron sus enseñanzas por todo el mundo y que no solo influyeron en toda una generación de economistas, si no que influenciaron definitivamente al Banco Mundial, quien empezó a repartir “créditos blandos”, a troche y moche, en todos los países del Tercer Mundo.

Los países pobres se endeudaron hasta el cuello, y mes a mes, sus deudas se iban indexando a tasas imposibles de pagar. Muchos, como el caso de Argentina, provocaron directamente la estampida de la inflación que llegó a ser de un 25 % diario. A pesar que la deuda se pagó 3 veces, nunca el monto llegó a disminuir. Una verdadera estafa legal. Muchos perdieron sus viviendas, sus comercios, sus industrias y todo su capital. El mercado fue invadido por estupideces del Oriente, y no por bienes de capital.

En fin se mató a la industria. Todo Latinoamérica sufrió esta pandemia, que la sufre hasta hoy, 40 años después. Hace muy poco tiempo, el FMI (Fondo Monetario Internacional) hizo su “mea culpa”, reconociendo que había metido su pata hasta el cuadril, sin embargo el mal ya estaba hecho y era irreversible. 

Pero volviendo al tema que nos trae, nadie sabe para qué los intelectuales sirven, pero eso sí, sus opiniones siempre son escuchadas y respetadas. Representan la verdadera aristocracia del pensamiento, pero desgraciadamente en una época donde solo existen repúblicas. Los pensadores y filósofos generalmente se esconden tras bambalinas y prefieren pasar desapercibidamente ante el gran público. 

Únicamente en América latina, al intelectual se le embarullan las neuronas con la política. Tal es el caso del famoso escritor peruano Mario Vargas Llosa, a quien de buenas a primera  le dio unas ganas locas por ser presidente.

Ser un intelectual implica uno de estos tres conceptos: A- el peyorativo, B- otorgar estatus, o C- define a una persona que tiene profundos conocimientos. Elíjase cualquiera de las opciones que más le guste y habrá casualmente acertado. Lo extraño de todo este tema es que nadie cuestiona para qué sirve un plomero, un médico o un barrendero, pero sí llega a preguntarse cuál es la verdadera función de los  intelectuales.

Lo que sucede es que muchos nuevos licenciados recién saliditos de la escuela, creen ser la viva reencarnación de Diderot o Voltaire. Y para ello adoptan un exótico y muy rebuscado aire “snobs” para intentar ocultar sus grandes baches culturales, encontrándose mucho más cerca de un charlatán de feria que de un sesudo y sagaz filósofo. Algún agudo sabio, dijo una vez que:”me hubiera gustado ser un intelectual, pero siempre estuve ocupado trabajando”.

Y para concluir este comentario y que tengan muy en cuenta porque los intelectuales gozan de tanta mala fama, les narraré un cuentito que los ilustrará muy gráficamente. “Caminando por el bosque, el rey se da cuenta que muchos árboles tienen una flecha clavada en medio de un blanco perfecto.
 
Entonces el rey ordena a sus soldados que busquen a ese brillante arquero y lo traigan ante su vista. Así lo hacen, descubriendo que solo es un niño de 10 años. El rey le pide que le enseñe a disparar como él lo hace, y el niño orgullosamente acepta. Toma una flecha y la tira al árbol. Después toma pintura y finalmente pinta el blanco alrededor de la flecha”.

1 comentario:

  1. Me gusta tu prosa, buenísima como siempre. Sin embargo creo oportuno decir que precisamente son los gobiernos populistas de estos últimos años, lo que vienen devaluando al término intelectual. Borges tiene una buena producción literaria que sin duda, te demuestra que jamás vivió metido en un embase plástico, todo lo contrario, supo interpretar muy bien al argentino de su generación (entre otros). Creo sí, que hay muchos tontos por ahí haciéndose los intelectuales, vaya a saber por qué. He conocido varios personajes de ese tipo en mis rondas literarias. Por último, creo que lo único que nunca vamos a poder decir es ¡que viva la ignorancia! Es mi humilde opinión.

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