viernes, 22 de mayo de 2015

LOS ESCRITORES Y SUS LOCURAS MANIÁTICAS (Parte II)

No existe nadie que no tenga alguna manía escondida o una locura inofensiva detrás de uno. 

Sin embargo, pareciera que los grandes creadores deben tener imperiosamente algo medio retorcido, en su comportamiento, que justamente los haga sobresalir y destacar por encima de los demás colegas. 

Desde tomar un pocillo café o unos cuantos, antes de comenzar la tarea diaria, hasta encender velas y cerrar las ventanas aún siendo de mañana. 





Lo que sí ha quedado muy en claro, es que todos ellos trabajaban con un método muy poco ortodoxo, pero el método al fin y al cabo, es lo que menos importa o como lo hagan, sino el resultado final. A continuación prosigo con la lista por orden alfabético de sus nombres.

MARCEL PROUST (“En busca del tiempo perdido”) solía trabajar en su pequeño departamento parisino, en incansables horas y donde respiraba opio. Su único contacto con el mundo exterior era su ama de llaves. 

Esta le llevaba una muy frugal comida. Su permanente mal estado de salud lo condujo a escribir recostado en la cama, tomar tabletas de cafeína para despejar su mente. Para finalmente administrarse un potente sedante para poder dormir. 

MARIO BENEDETTI, (“Antología poética”) no había mejor lugar en el mundo que su casa para escribir una novela, sin embargo, podía escribir poesía en cualquier lugar.


Ya era un hombre grande cuando tomó la costumbre de llegar con mucho tiempo de antelación a sus citas, aprovechando esos momentos para sacar sus manuscritos y ponerse a trabajar.

MAYA ANGELOU (“Sé porque el pájaro enjaulado canta”) esta talentosa y completa artista estadounidense no podía escribir en su casa, por lo que alquilaba cuartuchos de mala muerte ,en moteles de baja categoría.

Allí pasaba toda la mañana para luego volver a su casa y continuar como si nada, su vida familiar. 

MICHAEL CHRICHTON (“Jurassik Park”) este genial escritor era una persona demasiado obsesiva con su trabajo y eso le costó cinco matrimonios.

Cuando no escribía, su mente vagaba por el espacio, pensando como continuaría su libro o estaba elucubrando al siguiente.

NIKOLÁI GÓGOL, (“Almas muertas”), padecía de un miedo espantoso a ser enterrado vivo. Por eso se negaba a acostarse, por temor a ser dado por muerto.

Justamente su última voluntad fue que esperaran hasta que presentase evidentes síntomas de descomposición y no ser confundido con un verdadero muerto.

NORMAN MAILER (“El sueño americano”) tenía una forma de trabajo muy estructurada y rígida. Escribía intensamente cuatro días hábiles, lunes, martes, jueves y viernes.

El miércoles se lo dedicaba completamente a él, mientras que el fin de semana era dedicado íntegramente a sus nueve hijos. 

PABLO NERUDA (“Veinte poemas de amor y una canción desesperada”) tenía una rara habilidad; era capaz de escribir en cualquier momento y lugar.

En un vagón de tren, en un bar bullicioso, en un asiento de plaza, en un avión, o en medio de una tormenta. Eso sí, no podía escribir ni una sola letra sin no usaba tinta verde.


SAUL BELLOW (“Herzog”) a diferencia de otros escritores, podía hacer varias tareas al mismo tiempo y todas bien.

Mismo tiempo que escribía, podía atender el teléfono, preparar un café o hacerse un sándwich, sin perder en ningún momento, su poder de concentración. 

SCOTT FITZGERALD (“El gran Gatsby”) estaba totalmente convencido que la ginebra era fundamental para su proceso creativo, y que cuanto más lo hiciera, mejor sería su obra.

Esto terminó por reventar su hígado (literalmente) y agravó su grave problema cardíaco. Cosa que lo llevó a la muerte a los 44 años de edad. 

SOMERSET MAUGHAM (“Servidumbre humana”) la muerte de su madre dejó a este gran escritor británico, traumatizado para toda la vida. Siempre tuvo la foto de ella, en la cabecera de su cama, hasta su propia muerte, a los 91 años en 1965.

Es por eso que copió la costumbre de ella, de escribir en su bañadera, mientras tomaba un baño de burbujas.

STEPHEN KING (“El resplandor”) el exitoso gran maestro del terror, es una persona totalmente disciplinada en su trabajo.

Él lo hace sin respiro, todos los días del año, de lunes a domingo, a partir de las 8 a.m., y no se levanta hasta que no haya escrito un mínimo de 2000 palabras. 

Sus buenos amigos y su esposa le impidieron que prosiguiera con su adicción a las drogas, al alcohol, al cigarrillo y al Valium. 

THOMAS MANN (“La Montaña Mágica”) a diferencia de otros escritores, tuvo la habilidad para organizarse como padre o como escritor.

Había logrado un buen trato con sus 6 hijos: los niños tenían totalmente prohibido hacer ruido entre las 9 de la mañana hasta el mediodía.

Pero a su vez el padre dejaría cualquier cosa que lo ligara a la literatura, hasta el día siguiente. Pero su principal manía era que; apenas terminaba un escrito, se los leía a toda su familia y les pedía consejos sobre cómo mejorarlo. 

TRUMAN CAPOTE (“Desayuno en Tiffany´s”) Es el autor más supersticioso de todos los que haya leído. Trabajaba siempre sobre la cama, incluso escribiendo a máquina, lo que supone cierta incomodidad.

Era un fumador empedernido, pero jamás dejaba más de tres colillas en el cenicero, ya que el resto se las metía en su bolsillo. 

VICTOR HUGO (“Los miserables”) tenía la costumbre de recitar sus frases o versos en voz alta, paseando por la habitación, como un león enjaulado, hasta que le sonara bien a su oído; entonces se sentaba corriendo a escribir, antes de olvidárselo.

WILLIAM FAULKNER (“El ruido y la furia”) arrastró graves problemas con el alcohol durante gran parte de su vida, bebiendo hasta llegar a perder el conocimiento.

Logrando escribir en los pocos momentos en los que se mantenía sobrio. 

WILLIAM SHAKESPEARE (“Hamlet”) uno de sus grandes dramas personales era tener siempre problemas con la ley, algo que lo tuvo a maltraer durante toda su vida.

Cuentan que hasta tuvo que huir de su pueblo natal por cazar ciervos en la propiedad del juez de paz local. No escribía ni una sola letra si no tenía un vaso de whisky a su alcance. 

Todas estas manías y locuras de estos maravillosos creadores no deben alterar su concepto sobre ellos. Al final de cuentas, ellos son humanos e imperfectos.

1 comentario:

  1. café.birra.tinto o whisky,puchos y un abuena fm y vengan a mis situaciones y personajes que yo ordeno todo

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