viernes, 23 de noviembre de 2012

LA VENDEDORA DE HUMO

Los lectores que siguen mis comentarios, ya saben que soy un escritor y no un periodista, a pesar que paseo por la mayoría de las redacciones de Alto Paraná y alguna que otra radio. 

Sin embargo es tanta mi sed de conocimiento, que aprendí, al menos, los rudimentos de esta profesión. Pero no porque sea inteligente, si no por estar rodeado de verdaderos y excelentes profesionales. 

No aprender algo con ellos, es ser una bestia peluda. Todos tienen bajo perfil, y eso me impide revelar sus nombres. Otros, en cambio, de periodista solo tienen el cartel de prensa en sus autos. Aprendí, que no se debe decir o escribir algo o de alguien, sin pruebas concretas en la mano. Si no, se cae en una vulgar mentira. Todo se debe confirmar antes de darlo a conocer. Hacer lo contrario es difamar o calumniar a quien probablemente no lo merece. 

Pero independientemente de esto, que es grave, debemos pensar si tenemos la suficiente catadura moral para hablar de otros, sin mirarnos en el espejo. Es como que el muerto se riera del degollado. Ridículo, pero sucede a menudo, como el caso que ahora les voy a relatar. 

Hace un tiempo atrás, leí la versión digital, de un diario de circulación nacional, las declaraciones de la Ministra de Turismo, Liz Cramer. Ella dijo, en una reunión de prensa, que un ex gobernador de Alto Paraná, era el responsable directo del posible derrumbe de las instalaciones en el Hito Tres Fronteras, construidas durante su gestión, en el año 2003. 

Sus afirmaciones me parecieron tan osadas y categóricas, que me sonaron ofensivas, viniendo de una persona que puede conocer algo de turismo, pero dudo mucho que tenga las mínimas nociones sobre ingeniería civil o ingeniería ambiental, para enunciar lo que atrevidamente expuso. 

Ella denunció públicamente que dicha obra se hizo sin licitación pública, ni estudio de suelos ni de impacto ambiental; con material de mala calidad y graves deficiencias en su construcción. Por empezar ella no conoce a la persona de la cual hace referencia y ni de la zona en cuestión. 

Todo lo aseverado por la Ministra de la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur), tiene una relativa validez, ya que la obra fue terminada hace 7 años y entregada a la comuna de Pte Franco, el día de su inauguración, para la explotación, ampliación y mantenimiento de todas las instalaciones. 

Desde esa fecha hasta hoy, ni el municipio en donde está asentada la obra, ni los funcionarios departamentales encargados del tema, ni los organismos nacionales pertinentes, se ocuparon de ese vital polo de atracción recreativa. 

Aquel cuestionado gobernador, solo entregó un módulo que tendría que haber sido ampliado y mantenido. Pero la desidia estatal permitió que esa zona se convirtiera, de la noche a la mañana, en sinónimo de refugio y "aguantadero" de asaltantes, contrabandistas y traficantes de drogas. 

A pesar que soy una persona casi tranquila, me saca de quicio cualquier estupidez que roce mínimamente la injusticia o la estupidez humana. Por lo que uniendo los puntos antes mencionados; de hablar de una persona que no se conoce, opinar sobre una profesión que nada sabe y encima tirar afirmaciones ofensivas si verificarlas. 

Por lo que me entró una urticante curiosidad por saber realmente quien es Liz Cramer y que es lo que ha hecho de positivo durante su permanencia en la gestión para la cual se le ha confiado. Entonces hablé con un par de colegas y traté de reconstruir sus pasos desde el comienzo de su gestión con Nicanor Duarte Frutos. 

Desde el principio, tomó al Plan Nacional de Turismo como su caballito de batalla y empezó a difundirlo a diestra y siniestra e intentando convencer a quien la oyera, que ella se encargaría de impulsar el ingreso de turistas al Paraguay e incrementar los ingresos por turismo. Y tuvo mucha suerte con su brillante idea. 

Su máquina de humo comenzó a darle buenos resultados. Viajó como nunca antes lo hizo. Comió, se vistió, se maquilló, se alojó, y fue tratada con los máximos honores. Sacándole bien el jugo a su investidura. Por lo que su vida se transformó en el de una “ñembo” reina. Siempre al llegar a Ciudad del Este se refugia en el mejor hotel de la zona y allí recibe a los operadores turísticos. Pero no recorre las calles y ni se aventura más allá del microcentro. 

Ella nunca ha visto que a la entrada del Puente de la Amistad hay un rancherío que demuestra miseria y eso es lo último que un turista desea ver. No ha visto los copetines que cocinan a cielo abierto y con agua que nadie sabe de donde ha salido. Basura por todos lados. Sin sanitarios para atender los lógicos apuros. 

No hay lugares típicos, en el microcentro, que muestren nuestra cultura. No hay capacidad hotelera y sus servicios dejan mucho que desear. A nuestros ómnibus es mejor esconderlos, para no pasar “pelada”. 

Los lugares más hermosos del país, no tienen infraestructura. Bertoni se cae a pedazos, los parques nacionales han sido parcialmente talados. De las Ruinas Jesuíticas mejor me callo. Eso la ministra no ve. Pero que los turistas, que recorren el mundo, sí se dan cuenta. Nuestra gente aún no tiene conciencia turística ni está capacitada para el turismo receptivo. 

Un balance de su gestión como ministra, concluye que: ha hecho muchos discursos, ha prometido demasiado y ordenado estudios de planes turísticos que jamás implementó. Es decir, domina las técnicas de la dialéctica y la oratoria, pero aún no ha conseguido atraer una sola inversión extranjera y ni un mísero turista a nuestro país. 

A Paraguay le ha costado su gestión, entre 3 a 5 millones de dólares. Viajes, asesoramientos, gastos de representación, imagen, hospedajes, comitivas, etc. El que la escucha queda encantado con los sueños que vende, pero la realidad demuestra que es una de las tantas funcionarias “kamanduleras”, que tiene que ensuciar a alguien como para justificar el puesto que ocupa y el enorme salario que recibe cada 30 días. 

Sería mejor que cumpliera con la labor designada; y que se arremangase y deje de producir y vender esa enorme cantidad de humo, que solo ella sabe cómo hacer.

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