viernes, 30 de noviembre de 2012

SOPLAN AIRES DE LIBERTAD


Todo empezó en Túnez, pero no por casualidad. Si no como un broche final, tras 23 años de soportar un férreo gobierno tiránico, cuya cabeza visible era el dictador Ben Alí. La gente, hastiada de sus constantes abusos de poder, decide salir a la calle para exigir más libertad ante las reiteradas injusticias de su cruento régimen. 


Luego de varias semanas de violentas protestas callejeras, seguidas de una áspera represión policial, que deja 78 personas muertas, 94 heridos, y un costo, que se aproxima a los dos mil millones de dólares. Este descontento tunecino ha llegado a sacudir hasta la raíz misma del mundo árabe, regido por una mayoría de líderes autocráticos que presiden los destinos de gobiernos totalitarios y represivos. 


La ola de protestas ha tenido como origen, algo no tan desconocido, para nosotros, los latinoamericanos, como el brutal desempleo, los constantes sobornos y la cotidiana represión cada vez que algún ciudadano intenta manifestarse y dice cosas que al sistema le desagrada. 

Este ha sido el verdadero germen que ha venido incubándose por largos años, siendo las nuevas variantes, de esta época, las palabras “jóvenes”, “Islam”, “Internet”, “redes sociales” y “libertad”. 

Son los jóvenes los que pretenden derrumbar, en la segunda década del siglo XXI, mil años de un cruel feudalismo, especialmente en países riquísimos, bendecidos por el toque del petróleo en su subsuelo, pero con una riqueza que nunca fue distribuida a más de 50 familias, en cada uno de aquellos países. 

Lo que los más ancianos han soportado con verdadero estoicismo, agachando la cabeza y viviendo en un cuasi régimen de terror; hoy los jóvenes parecen decir basta a las pocas expectativas laborales, se encuentran totalmente cansados del nepotismo de unos pocos oligarcas que se han atornillado a la silla presidencial. 

Los jóvenes no exigen nada fuera de la lógica, solo que estos pedidos, en el mundo árabe, suenan como cosas extraordinarias e impensadas para una sociedad tremendamente injusta y demasiado verticalista. Ellos solo desean una apertura democrática, cierta libertad de oportunidad y por supuesto de información. 

Como antes dije, algo se estaba incubando y nuevas variantes se incorporaron. La chispa fue en Túnez, con la muerte del joven Khaled Said, un vendedor ambulante, que se suicidó “a lo bonzo”, en protesta por las pésimas condiciones económicas y el trato recibido por la policía. 

Y el egipcio Mohammed Bouazizi también muerto por ocurrírsele crear un grupo en Facebook, para denunciar la tortura policial, la corrupción, el estado de excepción permanente, la falta de oportunidades y la total ausencia de libertad en su país. Estos dos jóvenes representan a centenares de miles de ciudadanos árabes, ansiosos por librarse de las cadenas de la opresión. 

Pero Túnez y Egipto solo han sido el comienzo de un proceso que parece irreversible. Se muestra tan arrollador que difícilmente tenga marcha atrás. En Yemen, AliSaleh Abdalá, ya lleva 30 años en el poder y hasta el momento de escribir este comentario, ya existían 2 muertos y 19 heridos, producto de los serios levantamientos llevados a cabo en estos días. 

En Egipto, donde las cosas fueron más serias, dejaron un saldo de 365 muertos, 2349 heridos de distinta gravedad y unos 3 mil millones de euros de pérdida, especialmente cuando un millón de turistas huyeron despavoridos ante el posible cierre de fronteras y quedar varados en medio del fuego cruzado. 

Mientras tanto, la tensión crece en Bahréin, al toman el Ejército y la Policía su capital. Varios corresponsales extranjeros han denunciado agresiones, durante la manifestación, por parte de las fuerzas represivas. Solo se habla de 6 muertas y 200 heridos, pero esto recién se inicia. 

El comienzo de las pruebas de Fórmula 1 en Bahréin ha sido suspendido por tiempo indeterminado. El rey ha desoído innumerables reclamos sobre derechos humanos e injusticia social. 

Libia tuvo su “Día de la Ira”, para intentar acabar con el régimen autoritario de Mouamar Gadafi, quien ya dura 42 años en el poder. Argelia, Jordania, y Marruecos tampoco se han librado del virus de la libertad. En este reino, ya han muerto cuatro jóvenes. Para evitar las protestas, Mohamed VI ha propuesto abaratar los alimentos de primera necesidad y subvencionar los hidrocarburos. 

Mientras tanto Israel se encuentra expectante por los sucesos de Egipto. Teme que luego de Mubarak se instale una inestabilidad política y apuesta a que Mubarak logrará mantenerse en la cresta de la ola a pesar de todas las protestas. La mayoría de los gobiernos de occidentales se alegran por estos tímidos intentos de apertura hacia sistemas más democráticos. 

Pero lo más llamativo del caso es que la juventud no reniega del Islam, ni mucho menos; solo que la vive con mucho menos fanatismo, pero que si está fastidiada con la perpetuidad de los dirigentes que rigen los destinos de los diferente países árabes. La crisis económica y el pequeño mercado de trabajo potenciaron sus frustraciones, transformándola en una rabia incontenible. 

Aprovecharon la popularización de las redes sociales, aún con su carga de censura, para organizarse en sus movilizaciones. Pero lo más llamativo del caso, es que las protestas han llegado hasta Irán, el más fundamentalista de los países árabes. La Policía usó gas lacrimógeno contra los manifestantes en las plazas Enghelab y Imam Hossein, mientras coreaban consignas contrarias al presidente Mahmud Ahmadinejad. 

Los opositores al duro régimen están siendo perseguidos y encarcelados. Hasta hoy, siempre el mundo árabe se mantuvo al margen de los procesos democratizadores. Tal vez por ser esto muy útil a las necesidades de los gobiernos de EEUU y la Comunidad Europea, quienes siempre conservaron un silencioso apoyo moral y económico a estos regímenes. 

Ahora intentarán hipócritamente desdecirse de tales actitudes, pero ya todos sabemos como funciona la hipocresía en cuanto se muevan intereses mezquinos. Los frescos aires de libertad soplan en los países árabes y es de esperar que dentro de poco se vean los frutos del hecho político – social más importante de este siglo. AMEN. 

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