sábado, 19 de marzo de 2011

LA AUTOMEDICACIÓN

En estos últimos diez años la automedicación en la oblación paraguaya se ha quintuplicado. Según se ha publicado en el boletín oficial, que el Ministerio de Salud ha detectado casi 4.000 casos de muerte por año y estos datos han sido corroborados por la Cámara de Farmacias del Paraguay. Una de las causas que la han impulsado, ha sido la ampliación de la faja de pobreza, hecho con el que hasta concuerdan los índices económicos oficiales.


El Ministerio de Salud conjuntamente con la Cámara de Farmacias del Paraguay, han iniciado una campaña publicitaria a instancia de la OMS (Organización Mundial de la Salud), quienes financiarán dicha cruzada, teniendo en cuenta que los altos índices de automedicación y sus trágicas consecuencias han superado casi todas las previsiones hechas hace una década atrás. 

Para esta ocasión, un organismo estatal se ha aliado al comercio privado para combatir este flagelo cultural, que no es privativo de Paraguay, si no a nivel mundial. La cámara reconoce que muchos de sus asociados venden medicamentos indiscriminadamente sin ningún tipo de receta médica, lo cual fomenta de una u otra manera la automedicación. 


Esto se da tanto en las farmacias pequeñas como en las cadenas. Sin embargo tendería a agravarse en las farmacias de los barrios y del interior, donde su personal generalmente es de la familia del dueño y no está capacitado ni ha recibido ningún entrenamiento especial como para estar al frente de un comercio donde se vende salud. Por desgracia este es lugar en el que a veces se juega con algo tan delicado como la salud de la población y en ocasiones se lo utiliza para adquirir cierta experiencia a su costa. 

Como empieza todo esto 

En Paraguay la medicina de las hierbas y de los yuyos, está tan arraigado como todas las costumbres de la antigua civilización guaraní. Descendiente directo de una cultura que ha descubierto la utilidad práctica a más vegetales que cualquier otro pueblo en todo el planeta. Sin embargo los conocimientos no les fueron dados a todos los herederos. Por lo tanto, es normal que se repita lo que una vez, mal se escuchó y que se recete uno mismo solo porque al otro le hizo bien. 

En cuanto a los remedios farmacéuticos, 8 de cada 10 adultos toman remedios sin prescripción médica. Se sabe por estadísticas a nivel mundial que el 5% de todas las internaciones que se producen en los diferentes nosocomios nacionales, son efectuados a raíz de la automedicación. De ahí se extrae que, de seguir en las mismas condiciones las 4.000 muertes producidas cada año serán fácilmente superadas si el ministerio y la cámara no unen fuerzas para un mal que tiende año a año a incrementarse. 

Se empieza con un antibiótico para combatir el resfrío, un analgésico ante cualquier dolor de cabeza, una vitamina para recuperar las fuerzas perdidas, un calmante para esa pequeña molestia en la cintura o bien una pastillita para poder dormir un poco mejor. Y todo por decisión propia o por consejo de algún amigo o vecino. 

Como se estima que es poca cosa no se consulta a un médico. Luego viene las lamentaciones y por desgracia muchas veces es tarde. Esta pésima costumbre, la de auto medicarse, es cada vez más frecuente entre los paraguayos: se estima que ocho de cada diez adultos lo practica constantemente y tiende a aumentar. 

La voracidad comercial puede más que el sano consejo 

Debido a la baja actividad comercial que padece nuestro país, las cadenas de farmacias y las pequeñas boticas, se han lanzado desde hace unos años, a una agresiva campaña publicitaria, redituándole a estas, en poco tiempo, fabulosas ganancias. 

Quizás la parte ética de la cosa haya quedado de lado, en el fondo del negocio, como si fuera un trasto viejo. Aprovechando la franja de los medicamentos sin receta, se ha hecho una distribución totalmente irracional por parte de los mismos laboratorios medicinales. 

Si se tiene en cuenta que podemos llegar a encontrar hasta jarabes para la tos en los supermercados, almacenes, estaciones de servicios, kioscos de cigarrillos, carritos de “pancheros” y algunos vendedores ambulantes. Esto evidencia que existe un gran agujero negro tanto en la legislación como en los controles efectivos hacia la venta indiscriminada de medicamentos, aunque sea sin receta. 

No se necesita ser médico ni genio, para darse cuenta que estos remedios no son caramelos. Por lo tanto, los laboratorios medicinales también tendrían que unirse a esta campaña, ya que junto con las farmacias quizás tengan cierta responsabilidad al preferir solamente la avidez de la ganancia antes que el asesoramiento o el consejo atento hacia los que desconocen totalmente las fatales consecuencias de una automedicación. 

Si existiera un ranking de la automedicación figuraría con seguridad en el primer lugar los antibióticos, seguidos de cerca por los analgésicos y los ansiolíticos. En cuanto a estos últimos, un estudio de la consultora internacional IMS, que mide las ventas, dice que el consumo en Paraguay creció un 60% entre julio de 2005 y julio de 2006. 

Causas que generan la automedicación 

Las dos causas principales que se destacan entre todas ellas, son la pobreza y la ignorancia. Haciendo un balance de ambas, el Dr. Joao Almeida Fonseca, catedrático de la Universidad de San Pablo, destaca: “No sabría cuál de las dos es peor, sin embargo no descarto la posibilidad del omnipotente, que es esa persona que cree que las sabe todas y ese es el que recibe primero las consecuencias”. 

Según el profesor Antonio de los Santos, quien es catedrático en la Facultad de Medicina de la UBA y en el Hospital de Clínicas, de Buenos Aires,  "La automedicación crece por la situación económica. Mucha gente perdió su trabajo y también la obra social. El acceso a los médicos es complicado. Los hospitales públicos no dan abasto. 

Entonces es más fácil preguntarle qué tomar a un vecino, a un familiar o a un amigo", agregando a continuación: "La gente no sólo desconoce si el remedio elegido es el más adecuado: tampoco sabe cuántos días debe tomarlo ni en qué dosis. El costo de la automedicación es más alto que los beneficios. Y no hablo sólo de dinero sino también de la salud", concluyendo De los Santos con: “Los riesgos van desde una alergia hasta la muerte “. 

Hasta el inocente tereré puede llegar a traer ciertas complicaciones cuando se le da de tomar menta, hojas de mburukuja o jugo de limón, a alguna persona que sufre de muy baja presión. Ese es el punto de partida que tenemos que tomar en cuenta. No debemos ingerir ningún tipo de medicamento que no haya sido recetado por un médico universitario. 

Existe un proyecto de ley que permitirá que los vendedores de remedios yuyos hagan un curso, posiblemente en los SNPP de todo el país, de medicina natural y en donde no sólo afirmarán los conocimientos, sino que aprenderán muchas otras cosas. Terminados el curso, se les entregará un diploma de técnicos y estarán capacitados para asesorar con más propiedad a la gente. Esto quizás ayude a bajar los altos índices de lo que ya, muchos especialistas llaman a la automedicación "la enfermedad silenciosa".

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