sábado, 23 de abril de 2011

LA BAJEZA IMPERA EN LA PUBLICIDAD TELEVISIVA

Ver televisión por los canales paraguayos, después de las diez de la noche, es realmente insoportable y hasta se puede decir desagradable. 

Una sucesión interminable de propagandas groseras, de muy bajo nivel y que va mucho más allá del erotismo, se ha instalado de golpe, en nuestra pantalla chica. 


Aparentemente nadie ha reparado, que por el tenor de esta serie de avisos publicitarios, de una manera u otra, rozan diversos delitos, establecidos muy claramente en nuestras leyes penales, ya que se está incentivando no solo la prostitución encubierta, el juego de azar, el fraude, la estafa, la publicidad engañosa y la buena fe de la audiencia. 

Esta serie de avisos que bombardea constantemente a los ocasionales televidentes, suelen tratar de diversos temas, especialmente los que tengan que ver con las amistades temporarias, con fines de sexo rápido. Sin embargo la lista es larga y sin tratar de olvidar a ninguno se puede citar a los que se imparten consejos para revitalizar a la pareja que haya caído en la monótona rutina. 

Se promocionan la confección de horóscopos a cargo de seudos científicos totalmente desconocidos, la adivinación por los medios más exóticos y extraños como cartas, borra del café, los buzios (caracoles brasileros), instantáneamente, los misterios del futuro nos serán revelados por el antiguo y oscuro tarot egipcio. 

Decenas de adivinos interpretarán sus sueños o sus pesadillas, videntes de toda laya, tipo y pelo, le podrán demostrar sus habilidades para hurgar en los profundos recovecos del más allá. 

En solo un par de minutos, tendrá acceso directo a las famosas 64 posiciones eróticas del Kamasutra y un sin fin de estupideces por el estilo, y que por supuesto, todo esto de ninguna manera es gratis. 

Su tarifa, que no es muy barata, oscila entre 2500 a 5000 guaraníes más IVA el minuto, lo que significa que en menos de 300 segundos, se esfuma toda una tarjeta. Esto constituye de por sí, una verdadera estafa al consumidor y un insulto a su buena fe. Esta es una de esas oportunidades en que el Estado debe tomar intervención directa, de una buena vez por todas. 

Tampoco los canales respetan los tiempos pautados entre tanda y tanda. Según las quejas de la Sra. Emilia de Ojeda, de Hernandarias, que hace un buen tiempo no ve programas de la televisión paraguaya, dice: “Veo algo así como 5 minutos de programa y me atormentan con 10 de publicidad”. 

Jorge Sanabria del Barrio Ciudad Nueva de Ciudad del Este, también dice lo suyo: “Tuve que hacer un verdadero esfuerzo para instalar la televisión por cable defraudado ante los avisos tan largos”. 

Para Inés Torres, estudiante de odontología de la Universidad Católica, explica: “Entiendo que los canales viven de la publicidad y es correcto que lo hagan, pero yo no tengo la culpa que me aburran tanto, hasta el punto que me olvide del tema que se trataba, lo que estaba viendo”. 

El recurso de los canales por cable es tan válido como los canales brasileros o argentinos, para los que viven en la frontera, siendo estos, una buena opción. Ellos no abusan de los oyentes y respetan las pautas dadas por sus respectivos entes oficiales. 

Todas las personas consultadas tienen muy bien en claro, que el momento económico por el que atraviesa el país no es uno de los mejores. No abunda la inversión publicitaria, por lo que todos los medios, sea el que fuere, se conforman con mantenerse a flote, apenas sacando la nariz fuera del agua. Con salvar los gastos fijos y pagar al personal, “ya da ya”. 

Sin embargo, en contraposición, como dice Eligio Rubén Ayala, importante comerciante, con oficina en Ciudad del Este, “Hay momentos que me siento incómodo cuando esas locas salen medio desnudas, en unas poses demasiado provocativas, que no sé qué contestarle a mis hijas Katia de 10 y Sonia de 8”. 

Los medios masivos de comunicación tienen ciertos códigos que nunca se deben quebrar, como en todas las profesiones, pero la duda queda planteada ante el dilema de prostituir al medio y salvar a la fuente de trabajo sea como sea o la disyuntiva de dejar de lado la ética, la moral y las buenas costumbres y todo lo bueno que nos enseñaron nuestros mayores. 

El televidente se muestra indefenso ante el atropello visual a que es bombardeado constantemente con una publicidad engañosa y promiscua. La trampa queda tendida y queda a cargo de los pobres incautos o los que bien se dejen seducir por tales anuncios procaces y descarados. O es que los valores sobre los que deben de girar las normas de conducta han pasado a retiro y deben ser expuestas únicamente en un museo. CONATEL tiene de ahora en más, la última palabra.

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