jueves, 13 de octubre de 2011

Convivir con el enemigo

Si nos atenemos a las declaraciones de un reciente ex ministro del interior, quien dijo: “que debíamos acostumbrarnos a convivir con la violencia”, frase que se ha hecho ya muy famosa, y que demuestra una franciscana resignación ante los hechos que lo superan ampliamente.

Sin embargo, la persona que hace esta trágica confesión, en todo momento vive rodeado de cuatro a seis guardaespaldas, tanto él como su familia. Esta es una suerte que no todos los habitantes del país cuentan, especialmente cuando se camina tranquilamente por la calle y no se sabe qué eventualidad le saldrá por el camino.

Por otro lado, si se observa que tenemos en puerta una epidemia de dengue potenciada con otra de fiebre amarilla, y las autoridades sanitarias se encuentran más que impotentes para contenerlas y muy preocupadas; es porque cada nuevo caso, registrado por la prensa, contribuye a incrementar aún más, la histeria colectiva de nuestros compatriotas. Eso es porque todos estamos siempre desprotegidos ante cualquier tipo de alarma sanitaria, o lo que es lo mismo: estamos aprendiendo a convivir con las pestes.

Todos los años, cientos de hectáreas de centenarios bosques se pierden en terroríficos incendios, en donde ni siquiera el Comité de Emergencia Nacional tiene; ni el poder ni la fuerza necesaria como para hacerlas valer en el momento del reparto del presupuesto. Por lo tanto, también tendremos que acostumbrarnos a convivir con los incendios.

Los bancos, en Paraguay, son las empresas de servicios que más han ganado dinero en estos últimos 5 años. Sin embargo, salvo raras excepciones, tomar un crédito hoy en día, implica prácticamente ponerse uno mismo una soga al cuello, ya que los intereses son tan altos que solo pueden pagarse con operaciones especulativas, ya que las actividades productivas no lo permiten. Entonces,  una vez más,  tendríamos que  acostumbrarnos a convivir con la usura.

Los actuales programas de educación son endebles, atrasados y rechazados en otros países, por haber disminuido el nivel de exigencia al alumnado. Y si a esto le agregamos que, salvo raras excepciones, los  profesores de todos los niveles, no tienen ni la preparación pedagógica ni la académica para enfrentar una clase, entonces también tendríamos que aprender a convivir con la  mediocridad educativa y profesional de nuestros egresados.

Lo peor que se puede hacer en este país es robar una simple gallina. Y lo terrorífico es que el autor es detenido, garroteado y presentado ante los fiscales como un sujeto de alta peligrosidad. El mismo, a diferencia de un temible asaltante u homicida, tendrá muchos años de cárcel, sin que ni siquiera algún defensor de oficio lo venga solo a visitar.

Pero si un funcionario público, de alto rango, robó parte de uno de los tantos créditos chinos, seguro que será visto como todo un señor por sus pares. En caso de ser descubierto, sufrirá la “deshonrosa” pena de ser trasladarlo a una embajada en Europa. Confirmando con esto que también deberíamos aprender a convivir con la injusticia.

Ya se hace bastante difícil sobrevivir en Paraguay en la actualidad, como también tener que aprender a convivir con la falta de trabajo, o bien con la poca estabilidad laboral. Sino tener que cohabitar con los  aumentos de la canasta familiar, que van en ascensor, mientras que  los sueldos trepan por una vetusta escalera.

Tener que aprender a convivir con la falta de opciones que nos ofrece nuestro espectro de candidatos políticos, es desesperante, ya que tienen iguales propuestas, iguales promesas e iguales deseos desmedidos de poder. Solo nos faltaría, si es que hubiéramos asimilado las enseñanzas del Maestro, a convivir con el enemigo. 

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