martes, 21 de mayo de 2013

DEBE ASUMIR SUS ERRORES, SR. PRESIDENTE

Luego de lo tristes sucesos ocurridos en Curuguaty, toda la sociedad paraguaya se conmovió, hasta las mismas lágrimas, al revivir una y mil veces, las repeticiones de los distintos canales de televisión, las tocantes escenas de los cuerpos tendidos sobre la tierra roja de Canindeyú o bien siendo trasladados, en la caja de las camionetas policiales.


Esa, que es una tierra de gente que realmente ama al trabajo, de gente emprendedora y valiente, que ha venido de muy lejos, buscando nuevos horizontes; y que ahora, por desgracia, esa misma tierra se encuentra teñida de la roja sangre de muchos de nuestros compatriotas.


Parientes, amigos, camaradas y hasta extraños, de los involucrados en aquella ridícula masacre, se emocionaron con sentidos discursos de despedida. Emotivos lamentos ante la pérdida de gente muy valiosa para la sociedad, que se han ido en una estúpida lucha fratricida que nunca debió ocurrir, sin embargo nadie, en ningún momento, la quiso evitar.

Desde hacía mucho tiempo que las invasiones se habían intensificado. Pseudos dirigentes campesinos comenzaron a ser protagonistas y manipuladores de la opinión pública, haciéndole creer a la gente, que ellos eran los nuevos profetas. Fuera que los reclamos hayan sido justos o no, ya que la cuestión no pasa por ahí, sino que toda invasión es ilegal cuando se procede por carriles que no son los adecuados.

La justicia de ninguna manera se basa en meras presunciones sobre terrenos supuestamente “mal habidos”. Las pruebas deben ser irrefutables y contundentes. Sin embargo con las dulces promesas de los pseudos dirigentes, de lograr el sueño de la tierra propia por medio de la invasión, lograron movilizar a cientos de campesinos, aún aquellos que ya contaban con sus propias tierras, pero que de ningún modo se negaban a tener algunas hectáreas más. 

Los actuales tenedores de la tierra y los policías se mostraban realmente impotentes para contener a las ingentes hordas de campesinos que viniendo de San Pedro y Concepción, dos de los departamentos más olvidados del país, asolaban todos los puntos, a su paso, dentro de la geografía paraguaya.

Pero los tristemente autodenominados “carperos”, no son de elegir cualquier terreno, sino todos aquellos donde ya estaba bien probada tanto su rentabilidad como su precio de reventa. Ninguno de estas pandillas de delincuentes, que disfrazándose de inocentes campesinos; ellos usaban a sus propios hijos como escudos humanos, ante cualquier posible ataque policial-militar que se emprendiera.

Los “carperos” tienen una característica principal que los distingue de otros grupos de invasores de tierras. Siempre ocupaban fincas muy bien ubicadas, en lugares estratégicos, muy cerca de las rutas nacionales o bien que tuvieran, al menos, un fácil acceso. Nunca asaltaban tierras en el Chaco, por ejemplo, ya que al menos allí, ellos harían patria.

En todas las ocupaciones, hechas por esta gente, siempre había elementos infiltrados del auto denominado Ejército del Pueblo Paraguayo, más conocido por sus iniciales EPP, un grupo sin ideología conocida, que despotrica contra el salvaje capitalismo norteamericano, pero que adora sobremanera a sus dólares.

Que dice que ama a los desposeídos, pero que jamás hizo algo por ellos, a no ser darles un par de vacas flacas, pero siempre en base una vil extorsión a sus secuestrados.

Desde que asumió Fernando Lugo su gestión, siempre las fuerzas de seguridad estuvieron con las manos atadas y los jueces y fiscales amordazados. 

Nuestro famoso Servicio de Inteligencia muchas veces fue boicoteado desde las más altas esferas, especialmente del llamado Primer Anillo.

Las muy buenas intenciones de darles a todos aquellos campesinos que no tuvieran tierras, para trabajarlas, quedó totalmente diluido, cuando destacados dirigentes de la izquierda como “Pakova” Ledesma, el pseudo liberal, que es el gobernador del departamento de San Pedro y el senador Sixto Pereira, quienes desde sus encumbrados puestos instigaban la ocupación indiscriminada de tierras, sea quien fuera sus dueños.

Con todos los medios a su alcance, la gente del Ejecutivo y Primer Anillo se encargaron de incentivar la lucha de clases, la estúpida xenofobia, y hasta a odiar a sus propios compatriotas, solo por haber cometido el pecado de trabajar de sol a sol, mientras que otros solo tomaban tereré o caña, al tiempo que juntaban algo de valor, solo para comenzar sus labores.

Con un plan maquiavélicamente pensado, en donde nada quedaba al azar, copiado exactamente de lo hecho por el “bolivariano” Hugo Chávez, que tanto satisfacciones le dio; fue descabezando a la fuerza policial, dejando fuera a excelentes elementos, pero que disentían con la política errática del Poder Ejecutivo.

Este mismo, desde el comienzo llegó a colocar al frente de la institución policial, a los elementos adictos a su política partidaria pero que resultaron realmente mediocres e ineficientes cuando tuvieron que realizar el trabajo y el resultado final de todo lo hecho por ellos, está ahora a la vista.

El Servicio de Inteligencia de la Policía  advirtió del inminente peligro que se corría si es que se realizaba una intervención, en los terrenos de Curuguaty. Pero aquellos, en ningún momento fueron escuchados, es más, hasta desecharon sus consejos por creerlos demasiado exagerados.

El señor Fernando Lugo hizo muchas cosas mal y nunca asumió sus yerros. Siempre en los momentos cruciales de la Nación, huía de sus responsabilidades, con la excusa de asistir a cualquier foro en el exterior. Es llamativo que no se haya pronunciado inmediatamente luego de la masacre, como lo haría cualquier mandatario en sus zapatos.

Solo cuatro días después se dirigió al pueblo con un discurso insulso, que en vez de calmar los ánimos, hizo exactamente todo lo contrario. Todo lo ocurrido es exclusivamente su culpa, sea valiente y admítalo, que es de hombre aceptar los errores, tanto como engendrar hijos y reconocer su paternidad.   

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