sábado, 24 de septiembre de 2011

La inconciencia desafía al SIDA

¿Cuál es el método apropiado a tomar, cuando la población desoye y muestra una total indiferencia ante el avance inexorable del Sida? En realidad nadie puede contestar a esta simple pregunta. Un ejemplo. Este medio, mantiene una campaña permanente contra el dengue. 


Sin embargo los técnicos de SENEPA se quejan amargamente que sus esfuerzos se ven boicoteados, porque la misma población no colabora en las tareas de destruir las larvas del mosquito asesino. 

En el caso del Sida, el tema es mucho más delicado, ya que mucho tiene que ver con una actividad netamente íntima y personal de cada ser humano. Sin embargo, cuando lo íntimo y privado trasciende, eso ya le concierne a toda la sociedad en su conjunto y es ella, como un bloque homogéneo, que tiene que buscar los mecanismos para defenderse. 

Si las campañas publicitarias no funcionan, si los artículos en los periódicos registrando muertes de sidosos, no preocupan; si las charlas en los colegios secundarios y en las universidades, no asustan y los comentarios que hacen los expertos en los distintos programas de la televisión y las radios de nuestro país y también el extranjero, no alertan: entonces nuestra sociedad está realmente mucho más que enferma. 

Ya no hablamos de un mal que sólo atacaba a homosexuales o lesbianas, si no que a las parejas heterosexuales y las mujeres embarazadas que transfieren el virus a sus fetos, son los blancos preferidos de esta terrible y mortal enfermedad. 

Mucho tiene que ver la liberación de la mayoría de las costumbres establecidas, entre ellas las sexuales. El cambio constante de pareja se ha transformado en un mero deporte que lo acerca más a la promiscuidad, que a la necesidad de encontrar al ser ideal y mantener con aquel, una relación equilibrada y estable. 

Por tanto, si la población no acepta los consejos y las estadísticas no la espantan, entonces la justicia tendrá que intervenir y castigar ejemplarmente a los que transmitan la enfermedad, sabiendo o no que la poseen, y por más que el VIH sea asintomático, porque para la ley, la ignorancia no es una excusa válida. 

Tanto en Europa como en EEUU, si se comprueba que una persona transmite a otra el Sida, tiene la misma pena que el asesinato, ya que es considerada jurídicamente a esta enfermedad como incurable. 

Las cifras con los portadores detectados dan pavor, si se tiene en cuenta que son 170 los registrados, pero entre las sombras se ocultan otros 1.000 o aún más, que por distintas razones no concurren a los centros de salud, para hacerse un chequeo o el llamado Test de Elisa. Lo peor de todo, es que esta es una enfermedad traicionera, ya que no posee síntomas iniciales, pudiendo estar la persona aparentemente sana por mucho tiempo (hay veces varios años) y ser portadora/transmisora del virus. 

También merece cierta consideración destacar que siendo las prostitutas, un factor de alto riesgo, ellas mismas confiesan que muchos de sus clientes se niegan a usar condón, a pesar de las recomendaciones de las mismas trabajadoras del sexo. Es más, ofrecen doblar la tarifa en caso que de omitir su uso, a fin de que su cliente circunstancial entre en conciencia. 

Podemos decir que una cosa como esta no tiene una explicación racional, por eso las páginas de este medio se adhiere a cualquier tipo de campaña gráfica que las autoridades quieran encomendar, para su divulgación. Si hoy se viene llamando a la conciencia ciudadana contra el dengue, con más razón se hará contra esta perversa enfermedad, que ha sido llamada “la maldición del siglo XXI”.

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