martes, 8 de mayo de 2012

COMO ENTENDER A LAS MUJERES, SIN MORIR EN EL INTENTO

Es muy probable que se necesiten dos vidas para tratar de entender la complicada psicología femenina. Y no es cosa de ser machista o no, pero después de casi 46 años de convivir con ellas, contando más o menos desde los 14, y cinco matrimonios de por medio, veo que aún no he progresado lo suficiente.

Según los científicos, el cerebro de una mujer es algo más chico que el de un hombre, sin embargo está comprobado que tiene más vueltas que una oreja y muchas zonas oscuras, que todavía no se le ha descubierto una función verdaderamente específica, y a las pruebas me remito.


Para una mujer, el tema del parto y hacerse cargo de un niño, sin estar capacitada económicamente para afrontar tal compromiso, es como comer caramelos; sin embargo basta que descubra que su vestido de fiesta está cosido torcido, que la peluquera no le haya acertado el color de su cabello o que su mejor amiga se vistió casi igual, para asistir al mismo evento, hará que se desate una tormenta peor que la de los yanquis en el desierto de Irak.

En cuestión de 15 minutos, una mujer puede llorar, reír y volver a llorar y cuando se le pregunta que le está pasando, seguro que  contestará: “nada, no me sucede absolutamente nada”. 

Otro tópico preocupante para el varón, es el viejo tema de la conducción automovilística. Generalmente no lo hacen tan mal, sin embargo son muy lentas para tomar decisiones, especialmente cuando deben sobrepasar a otro vehículo.

Es por eso que tanto se duda, cuando una mujer saca un brazo por la ventanilla, no se sabe si es porque va a doblar o se está secando el esmalte de las uñas. Tampoco es recomendable circular muy pegado al paragolpes del vehículo de ellas, especialmente en zonas urbanas, ya que de pasar cerca de una “boutique” y vea algún trapo que le guste, seguro que frenará de golpe y sin previo aviso. 

Pero hay que reconocer que son demasiado astutas, ya que desde chiquitas, se entrenan en el sofisticado arte de las mil y una trampas. Ninguna confiesa tener novio, pero basta que ya no le interesemos más, para que ellas mismas nos lo confiesen y sin ruborizarse. Saben muy bien como pedir haciéndose las gatitas mimosas.

En caso de ser rechazado su pedido, pasaran a la fase dos, que es romper la paciencia  y en ello pueden dar cátedra. Los famosos “vamos pues” y “que malo sos” sonaran en sus labios, las veces que sean necesarias, hasta que logren doblegar nuestra resistencia.

Toda su educación casera la transformó en un ser reprimido. Es capaz de contar todas las “macanadas” que le acontecen en la oficina y hay que escucharla, de lo contrario se viene un terremoto de aquellos; sin embargo conversar de las cosas realmente importantes como intercambiar información vital de la pareja, las pasará bien por alto.

Su no equivale a un sí y un  sí a un tal vez, eso significa que se debe ser vidente o simplemente leer su mente para saber a ciencia cierta, cuáles son sus gustos. 

Si hasta para reírse se reprime, tapándose con fuerza la boca. Son también muy simpáticos los requisitos que se necesitan para ser pareja de una mujer entre 20 y 50 años. 

Claro que a medida que pase el tiempo y vaya presintiendo que se va a quedar solterona, sus pretensiones se volverán más y más elásticas. A continuación les proporciono una resumida lista de virtudes que debe poseer el afortunado caballero al que la dama le permite que le galantee.


·         No debe tener ningún compromiso.     
·          Debe ser bastante churro, inteligente, cariñoso y fuerte.
·         Muy romántico, que sea poeta y compositor.
·         Que haga chistes que ella pueda entender.
·         Que le guste quedarse horas escuchándola.
·         Que diga siempre la pura verdad y solo la verdad.
·         Que le guste toda su familia y todos sus amigos.
·         Que odie el fútbol y comparta sus novelitas.
·         Que no ronque ni orine en la tabla.
·         Que nunca eructe o tire gases como si eso fuera gracioso.
·         Que cuando salgan, él le de 3 horas para arreglarse.
·         Que nunca llegue a casa con ese olor a jabón chiquito.
·         Que ella siempre sepa dónde está.
·         Que se desmaye de emoción al verla bien vestida.
·         Que sea un gran bailarín y envidia de las otras mujeres.
·         Que tenga un empleo bien remunerado y sea muy generoso.
·         Que, en la mesa, siempre le retire el asiento.
·         Que la espere para empezar a comer.
·         Que no se ponga morado cuando gaste su dinero.
·         Que sepa hacerle masajes en la espalda. 
·         Que siempre, siempre la vea flaca.
·         Que no tenga ojos para ninguna otra mujer.
·         Que siempre le diga lo bella que se ve y la suerte que tuvo de encontrarla.
·         Que la ayude con los platos y la acompañe al supermercado.
·         Que no se impaciente cuando revuelva toda la zapatería.
·         Que nunca le diga que tiene más rollos que el aserradero.
·         Que no mire la hora cada rato cuando hable con su amiga.
·         Cuando la invite a comer afuera, que no sea precisamente al patio.
·         Que recorra toda la ciudad cada vez que tenga un antojo.
·         Que jamás se olvide de todas las fechas importantes de la pareja. 

Sin embargo, pasados los 55 años y en vista que no pudo atrapar al Príncipe Azul, y ni siquiera al peor de sus pretendientes; sus exigencias que representaban hasta ese momento un sólido y macizo muro, se derriten al instante, como margarina en una paila caliente y opta finalmente por quedarse con un solo y único requisito: QUE AÚN RESPIRE. 

Esta es básicamente una lista muy rudimentaria de todas las reglas que el sexo femenino impone para tener una convivencia más o menos pacífica con ellas.

Hágame caso, solo ámelas sin cuestionarles nada y mucho menos pretender estudiar su complicada psicología, porque hacerlo, implicará que usted mismo también pierda el poco juicio que le queda y no se le ocurra preguntarse a sí mismo ¿Cómo entender a las mujeres sin morir en el intento?, porque ahí sí, que estará frito del todo.

2 comentarios:

  1. Querido Ricardo,
    Como chiste está bien, y reconozco que generalizando hasta puede encajar en algunas féminas, pero si generalizamos y hablamos del hombre ¿Qué se podría decir). Vosotros en vuestra "sencillez" tampoco hay quien os entienda...
    Siento decirte que no encajo en ninguno de los estereotipos que enumeras, pero eso creo que ya lo sabes.
    A pesar de todo te seguiré llamando mi papasito :)
    Mil besos

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  2. Las opiniones de uno mismo no valen, qué la evalúe otra persona.

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