martes, 18 de septiembre de 2012

CADA UNO ES, COMO ES

Y aunque parezca una frase cursi y anticuada, ustedes ni se imaginan, lo vigente que ella esta. Dios nos ha puesto sobre la faz de la tierra con un propósito y nos dio todos los elementos para que podamos sobrevivir. 

El propósito ya lo averiguaremos con el transcurrir del tiempo, que hará que nuestros talentos personales afloren, pero que también es necesario darle una forma sólida y esa es capacitándolos. 




Un muchacho puede ser un talentoso aprendiz de músico, tocando muy bien de oído, pero si no perfecciona su arte, estudiando cómo se debe, y con quién sabe, será solo un mediocre más, el resto de su vida, al menos en ese aspecto. También es cierto que el ser humano es un ente totalmente disconforme y vive así durante el tiempo que respira. 

Ese inconformismo ha hecho que siempre haya alguna parte de nuestro cuerpo que nos desagrade o no se encuentre como nosotros lo desearíamos. Esto en la adolescencia es mortal y es un largo tema de complejos y fastidios personales, que hace que uno se vuelva más tímido o retraído. 

En la edad adulta estas minucias, generalmente se superan o se toleran más, dado que los problemas son otros, mucho más importantes, desde luego, pero que a la luz de la madurez, siempre terminan siendo minimizados. Eso al menos en los varones. Con las mujeres, el razonamiento es bien distinto.

La vanidad femenina no tiene límites y sus disgustos en cuanto a su cuerpo es permanente y se potencia cada vez que están frente a un espejo. Elemento este casi indispensable en la vida diaria de toda mujer, pero con la invención del celular, evidentemente ha pasado ya a un segundo plano. 


Decía que el inconformismo que la mujer tiene hacia su propio cuerpo es casi proverbial. O no le gusta su nariz, o esconde sus orejas, alguna que otra arruguita fuera de lugar, los pechos son muy chicos o son muy grandes, o están caídos y la nalga es demasiado ancha, o fláccida o simplemente no existe. Piernas demasiado gruesas como jamones o finitas como fideos. Siempre hay un motivo para que ellas mismas no se sientan a gusto. 

Por eso es que las mujeres son presa fácil de la publicidad que aparece en cualquier medio de comunicación masivo. Se aprovechan de su lado flaco, como cuando se estuvo promocionando los milagrosos efectos que previenen y reparan arrugas, manchas en la piel, cicatrices, celulitis, acné, marcas de granos, con la famosa crema de “La Baba de Caracol” que supongo debe ser tan efectiva como “El moco de Gorila”. 


Los varones, generalmente no son tan complicados por más “metrosexuales” que sean. Aún así, algunos recurren, claro que en mucho menor grado, a las bondades de la cirugía plástica, rama de la medicina, que más se ha mercantilizado profesionalmente, impulsando modas mediáticas que se apoderan de la voluntad y lo encaminan directamente hacia el quirófano, con la promesa tácita que saldrán, de allí, verdaderos Adonis o Afroditas. 

Volviendo lo que les decía al principio, Dios le ha dado a cada uno de nosotros un propósito y un talento a desarrollar. 


Pero a pesar que venimos al mundo, con estos dos valiosos elementos, pareciera que ambos fueran insuficientes como para dejarnos satisfechos por completo. Eso se debe a que no siempre es de nuestro agrado, lo que la naturaleza nos ha provisto. 

Como antes decía, nadie está conforme con lo que vino de fábrica a este mundo. Él que les escribe tampoco. Y aquí viene mi secreta confesión. 

Nunca estuve conforme con el tono de mi voz, que suena espantosamente mal. De esto me di cuenta cuando era jovencito y jugaba con un primitivo grabador de cinta de mi papá. Me molestaba mucho, pero nada podía hacer al respecto. 


Muchos años después, cuando comencé un programa en la radio comunitaria Tacuru Pucu 88.7 FM, de Hernandarias, y escuchaba las grabaciones que hacia el operador, me causaba un gran disgusto y algo de vergüenza, sin embargo, esa misma voz, espantosamente fea, se hizo muy conocida en la zona, pero no como sonaba al oído, si no por lo que decía en dicho programa. 

Lo más interesante de todo, es que aquello no fue un hecho aislado, porque algo muy similar me ocurrió en radio Corpus de Ciudad del Este. Mi voz se hizo sentir, aún teniéndole un semi-odio escondido, casi a flor de piel. Otra de las cosas que me hubiera gustado tener es apenas unos diez centímetros más, de altura. 


Quizás eso me hubiera posibilitado, muchas más conquistas. Sin embargo en ese aspecto nunca me fue mal, aunque reconozco que me hubiera facilitado las cosas. Hoy las mujeres son mucho más altas que cuando llegué a Paraguay. Las petisas casi están desapareciendo, abundando ahora “las torres”. En fin, el único consuelo que me queda es que puedo mirarles el ombligo, sin ninguna necesidad de agacharme. 

La tercera imperfección, que nunca llegó a molestarme pero, si me hubieran dado a elegir, hubiera cambiado, es mi nariz. Esta es ancha y ganchuda y parece a la de esas brujas de la Edad Media. Sin embargo, un compañero de filmación, llamado Hugo Grandi, quien con el tiempo, resultó ser uno de los mejores especialistas en efectos especiales, en cuanto a maquillaje, me sugirió que usara un bigote grande y con eso, nadie notaría entonces mi nariz. Dicho y hecho. Santa palabra. 

En resumen, nadie debe quejarse como vino al mundo, ya que todo tiene solución y de no tenerla, amargarnos no arregla de ninguna manera el problema. Lo importante no es el envase, si no el contenido. El que no entienda ni valorice esta simple frase, entonces habrá fracasado simplemente como ser humano. Y antes de despedirme, les dejo una pequeña fábula, que no por tener algo de humor, los pueda dejar meditando. 

Un elefante le preguntó a un camello: 
-- ¿Por qué sus pechos están en su espalda? 
-- “Bueno” - dice el camello – su pregunta me parece un tanto extraña, viniendo especialmente de alguien que tiene un pene en la cara... 
Dios le dio vida a cada uno de los seres humanos para que cuide de su propia existencia y no se preocupe por la de los otros.

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