viernes, 25 de enero de 2013

ME DUELE CUANDO ME RÍO

El pasado 1° de Marzo de 2011, se reparó, con algo de atraso, una de las tantas injusticias históricas, cometida por la falta de memoria y gratitud de los ciudadanos de este país, para con sus mayores. Por fin los restos del ex-presidente paraguayo, don Eligio Ayala, tendrán el merecido descanso, en el Panteón Nacional de los Héroes.

Durante la tocante ceremonia, se congregaron las más altas autoridades del país, incluido el presidente Fernando Lugo; para honrar, a quien es considerado, el más importante estadista de la historia paraguaya. Sin embargo, fue nuestro Vice Presidente Federico Franco, quien pronunció las palabras más conmovedoras de dicho acto. 


En ese impecable discurso, puso de manifiesto, las cualidades de probidad, honestidad y austeridad que Eligio Ayala mantuvo no solo durante el ejercicio de su función presidencial, si no, también, en su vida privada. 


La cosa venía bárbara, hasta Federico, tan acostumbrado a irse de boca, se le ocurrió decir que a nuestro máximo estadista, jamás se le hubiera ocurrido nombrar “planilleros”, porque en esa época no existía semejante calaña de funcionario.


Este pálido y demacrado dirigente liberal, que habla tantas maravillas de aquel santo varón, debería intentar imitar algo más la conducta de este prócer, así como hablar mucho menos de lo que lo hace. 

Ya que él mismo ha confesado haber colocado, decenas de personas en la Justicia Electoral, como parte de sus reconocidas prerrogativas de nexo con los legisladores. 

Pero no solo es un cómplice de lo antedicho, si no que como los otros legisladores, han colocado a todos los parientes que han podido, en la mayor cantidad de nichos posibles. Involucrándose personalmente en aquella discusión que dice, si el nepotismo es realmente ético y moral. Cosa que a nadie parece molestarle, en lo más mínimo. 

Pero como si esto fuera poco, ha encabezado junto con Gonzalez Daher, la onerosa y faraónica tarea de remodelar, la mayoría de los despachos de los legisladores. Estando todos aún, en un buen estado de conservación. 

El espantoso derroche de dinero de los contribuyentes podría alcanzar a la bonita suma de 800 millones de guaraníes. Hermosa cifra para despilfarrar. 

Si este es el ejemplo que Federico Franco y los centenares de funcionarios liberales dicen tomar como guía, a la filosofía de austeridad de Eligio Ayala, entonces, hay algo que en realidad no me cierra de ninguna manera. Esto me provoca un ataque de risa tan violento, que hace que la musculatura de mi estómago me duela cuando me rio. 

Otro tema que me provoca dolor, cada vez que me rio, fue cuando me enteré que desde las sombras, la CADAM, estaría impulsando una ley que rebaje la vigencia del uso de los vehículos automotores usados, de diez a cinco años. Tiempo ridículo, si tenemos en cuenta que un rodado con este tiempo de uso es un casi usado. 

Dicho proyecto de ley le pertenece a una oscura legisladora, quien sospechosamente le interesaría concretar el viejo sueño del monopolio de las concesionarias oficiales. Su triste argumento es que los autos usados contaminan el ambiente y tienen un pésimo mantenimiento. 

Ahora bien, dicha “inteligencia” prioriza el tiempo de 5 años para importarlos, pero no tiene en cuenta para nada, el tope de circulación de los vehículos ya importados y que pasan, en realidad, por mucho, los 15 años de promedio. 

Y como la coherencia entre nuestros dirigentes no es algo que se practique cotidianamente, apareció una información que se contrapone contra toda lógica. Los empresarios del transporte colectivo del Departamento Central, presionan para que las actuales “chatarras ambulantes” tengan una actividad de 30 años, sobre el pavimento. 

Algo más que estúpido, ya que un ómnibus entre 12 a 15 años de uso, se encuentra al borde de su vida útil. Esta oscura legisladora, que ni merece que recuerde su nombre, hace caso omiso, a la verdadera contaminación que producen los miles de ómnibus, en estado pre-jubilatorio, y que también gozan de un espantoso y nulo mantenimiento. Por eso, ese proyecto huele muy mal, por más que se lo perfume con cientos de dólares. 

Tan bien me he reído como loco, con aquella ley que, contra toda recomendación de las autoridades sanitarias tanto nacional como internacional, advertía sobre la prohibición de fumar en espacios cerrados, dada las altas cifras de cáncer provocada en fumadores pasivos. Amén de la falta de respeto para quien aún no ha sido atrapado por las garras del tabaquismo. 

Pero sinceramente, el tema que siempre me produce cataratas de carcajadas y me hace doblar de tanto dolor en el estómago, es la auto asignación de sueldo por parte de los legisladores. 

Es realmente lamentable que personas que carecen, sacando honrosas excepciones, de un claro criterio para reconocer que estamos en Paraguay, un país sudamericano, que no tiene una total equidad a la hora de la distribución de la riqueza. 

Que ya han dado suficiente muestra de una gran capacidad para el derroche del dinero público. Otorgándose a si mismos, sueldo, viáticos, asignaciones por representación, acceso a gastos reservados, que en un país del Tercer Mundo, es equivalente a un verdadero genocidio económico. Sin tener un control que fiscalice semejante privilegio, pone en clara desventaja al resto de los ciudadanos, que por casualidad; solventan a esta gente. Aún durante los días que faltan a las sesiones sin ninguna justificación. 

Según el espíritu de las leyes, nadie está por encima de estas, pero los legisladores como ciertos altos funcionarios, son los privilegiados de siempre; mientras que el resto de la población sigue navegando entre la pobreza y el sub-empleo. Cambiar esto y/o adecuarlo a formas mucho más justas sería entonces una hermosa utopía. 

Por lo tanto, con estas y otras incoherencias de este mismo tipo, esperemos que estos grandes señores no se hagan los ofendidos ni rasguen sus vestiduras, hablando en las sesiones del Parlamento, de los insultos recibidos, cuando en los programas cómicos, de los países vecinos, tengan suficiente motivos para reírse de nosotros, hasta que a ellos les duelan sus estómagos.

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