viernes, 1 de febrero de 2013

PROMÉTELES CUALQUIER COSA

Lo que ha sucedido el día 24 de marzo del año 2011, es un hecho casi digno de publicar en el libro Guinness de los records. Se realizaron cuatro marchas, por distintos motivos, casi al mismo tiempo, en la ciudad de Asunción. 

Las calles se convirtieron en un verdadero caos y la gente que no tenía nada que ver, con ninguna de las protestas, tuvo que armarse de una buena dosis de paciencia para poder llegar a sus respectivos trabajos.

Todas las reivindicaciones, pedidas por los líderes de cada una de las columnas, que cerraban el paso a peatones y automovilistas por igual, eran a priori justas. Sin embargo, y a pesar de esto, la ciudadanía las reprobó, a todas ellas. Eso es por sentirse, también avasallada, en sus derechos constitucionales, al no permitírsele el libre tránsito. 

Todo comenzó muy tempranito, cuando cientos de taxistas bloquearon los accesos y salidas a la capital. El motivo de dicha manifestación fue en protesta por la decisión de la Municipalidad de Asunción de someter a los rodados a una inspección técnica, por parte de una firma particular. Los taxistas afirman que las arterias de Asunción parecen campos de batalla y es injusto exigir que los rodados estén en un óptimo estado, cuando las calles de Irak se encuentran mucho mejor. 

Luego llegó el turno de los “cigueñeros” e importadores de rodados usados. Estos se movilizaron en protesta por el proyecto de ley que reduciría solo a 5 años, la antigüedad de los vehículos usados que ingresen al país para ser aquí comercializados. Algo bastante ridículo, teniendo en cuenta que al transporte de pasajeros se les permitiría, eventualmente 30 años de uso. 

Por lo que se podría sentir el nauseabundo olor a coima que emanarían algunos cuantos senadores. Tal corrupción provendría de la Cámara de Distribuidores de Automotores    y Maquinarias (CADAM), quienes pretenderían, eventualmente, acentuar el monopolio que tienen sobre los vehículos 0 Km. y el 60% de los usados, en el país. 

Más tarde, en un trasnochado anuncio, de nuestro presidente Fernando Lugo, rechazó de plano, el pedido de incremento del precio del pasaje, por parte de los empresarios del transporte público. Este dispuso la baja del precio del gasoil en 250 guaraníes por litro, de forma que pueda mantenerse el precio del boleto. Con esto se logro bajar la presión y disipar las largas filas de ómnibus que entorpecían el libre tránsito. 

Ahora bien, con este golpe demagógico, son los usuarios quienes aparentemente irían a ganar, pero en realidad todos pierden y por goleada, ya que a Petróleos Paraguayos (PETROPAR), el chiste le causará otro agujero negro a sus finanzas, justo en el momento que empezaba a salir del pozo y a levantar cabeza. 

Pero lo peor de esto es que, al final, todos vamos a sacar dinero de nuestros bolsillos para pagar los platos rotos. Y eso, gracias a la bondadosa generosidad de nuestro querido y nunca bien ponderado Señor Presidente. 

Pero las disparatadas promesas no se terminaron por aquí, si no que, sin hacer ningún tipo de consulta y apremiado por las distintas presiones, que él mismo ha generado, al no cumplir en tiempo y forma lo afirmado hasta el cansancio, durante su sorpresiva campaña electoral, allá por el 2008; ilusionó a los empresarios hablándole de 15 millones de dólares por año y con créditos blandos del Banco de Fomento. 

Si mal no recuerdo, eso ya paso una vez, cuando un banco de plaza, que ya no está más en el mercado, por hacer lo mismo, se fue directamente a la quiebra. El chiste fue poner a los mismos ómnibus como garantía, en vez de propiedades inmuebles o cualquier bien que no tuviera una tan rápida depreciación. 

Efraín Alegre enfatizó que los empresarios debían esforzarse para mejorar la calidad de su servicio y que era necesario que comenzaran por retirar, de las calles, los vehículos más viejos. Sin embargo, para ser justo, no dijo nada del estado de las calles de Asunción ni del departamento Central, que no tienen nada que envidiarle a Irak, Libia o Afganistán. 

Y para colmo de males, miles de campesinos se movilizaron por el centro de nuestra capital, protestando por la ausencia de una política social y económica. Los agricultores de la Federación Nacional Campesina (FNC) exigieron una vez más, la ejecución de una reforma agraria urgente. Esta era otra más, de las tantas promesas incumplidas y que ahora, luego de un prudencial tiempo, han comenzado a estallarle en la cara de don Lugo. 

No es necesario decir que toda la jornada realmente fue una terrible pesadilla, en la mayoría de las calles que conducían a la zona céntrica de Asunción. 

Teniendo en cuenta, como si fuera a propósito, las diversas manifestaciones que se congregaron, al mismo tiempo; por obra de la casualidad o por el intenso fastidio de las promesas incumplidas. 

Lo más simpático del tema, es que nuestro querido Señor Presidente, no estuvo ni ligeramente preocupado, ya que eludió sistemáticamente a cada uno de los pedidos de audiencia y se dedicó a pasear en forma relajada por la explanada de la Casa de Gobierno. Hasta llegó a gastar un mal chiste sobre la electrocución de todos los periodistas que se le acerquen. 

En realidad, lo único que ha logrado es volver a prometer cosas que sabe que no puede cumplir. Por cosas irrealizables, a pesar de las buenas intenciones, pero que no pasan de eso. Al no existir políticas de gobierno claras y coherentes de largo alcance, es entonces muy fácil que reine la improvisación y los parches. Que si remendarán la situación, pero solo por un corto tiempo. 

Es solamente hasta que la gente tome conciencia que nuevamente fue engañada y vuelva a salir a las calles. Esta política de vuelo corto, perjudica futuras acciones de todos los movimientos de izquierda aglutinados en la Alianza Patriótica. Sacarse a la gente de encima, prometiéndole lo que quieren escuchar, sin previa consulta; reafirma la total desprolijidad de todos los actuales dirigentes de la cúpula del actual gobierno. Así es muy fácil prometer, si total no se piensa en cumplir. Al final de cuentas, el tiempo lo cura todo. 

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