miércoles, 24 de agosto de 2011

Son iguales, pero diferentes

Cada día que pasa, el espectro político se amplía con nuevos candidatos. Siendo muchos de éstos viejas figuras recicladas y otras nuevas. Los partidos en vez de agruparse y consolidarse, como sería la lógica, al contrario se atomizan, por lo que rápidamente pierden considerable fuerza. Las ideas propuestas son todas las mismas que se escuchan desde siempre, pero que nunca llegan a cumplirse.


El noventa por ciento del tiempo, estas estrellas de la política criolla, se la pasan peleando en inútiles riñas egoístas y mezquinas, que sólo conducen al deterioro de sus propias personas, haciendo que la ciudadanía, reafirme su rechazo y descrédito, generalizando su indiferencia hacia todos los políticos.

De entre todos ellos, existen dos valores que se destacan del lote, precisamente por ser grandes candidatos a ostentar la faja presidencial a partir del 2008. Ellos tienen muchas cosas en común, tantas como las diferencias que los separan. Por un lado,  el ex general Lino Cesar Oviedo,  y por el otro, el también ex monseñor Fernando Lugo. Ya tienen un ex que los une.

Ambos no eran civiles, ya que uno era militar y el otro sacerdote. Ambos hicieron una meteórica ascensión dentro de sus respectivas carreras. Los dos aman a sus ex profesiones, dentro de la cual se perfeccionaron en distintos cursos.

Manejan un guaraní fluido y se dirigen de una manera u otra a la misma masa electoral o sea a la capa del campesinado más desprotegido. Ambos son temidos, aunque el tenor sea diferente, por el oficialismo colorado. Ambos están muy acostumbrados a la férrea disciplina. Los dos saben cautivar al auditorio, de muy diferente manera, dejando totalmente embelezado a sus eventuales espectadores.

Ambos se sienten muy seguros de sus respectivas fuerzas, hasta tal punto,  que pueden llegar a transmitir cierto tipo de  soberbia en determinados momentos. Sus ideas políticas también son muy parecidas, quizás  los enfoques de cómo realizarlos sean algo diferentes. Los dos, según sus declaraciones antes los distintos medios, creen ser unos santos. Oviedo sostiene que nunca se levantó en armas contra Wasmosy, y Lugo, según su hermano, jamás rompió su voto de castidad.

Uno y otro tiene graves problemas en la conformación de las estructuras. Eso significa que los distintos integrantes de ambas agrupaciones anteponen el proyecto personal antes que el proyecto nacional. Muchos “luguistas” se han pasado a las filas del liberalismo, tantos como “oviedistas” a las del coloradismo. Si bien uno sigue teniendo cuentas con la justicia;  el otro, las puede tener en cualquier momento.

Los dos quieren o pretenden ser presidentes de la nación, sin embargo, jamás han pasado por la función pública. Ese es un punto en contra para ambos. Saltar del llano hasta el puesto más alto a que cualquier ciudadano paraguayo pueda aspirar, es un salto demasiado grande por más universidad que se tenga. Esas son a muy grandes rasgos las similitudes entre uno y otro.

En cuanto a las diferencias que los separan y los hacen muy diferentes podrían ser estos: Lugo al ser “novicio” en la pugna por el poder, no tiene ningún tipo de rencores ni deseos de revancha hacia cualquier persona, movimiento o partido político. En cambio no sucede lo mismo con Lino. Nadie puede adivinar lo que pasa por su cabeza, en caso de quedar libre.  

Pero sea lo que fuere, lo importante no es lo que se diga de ellos, si no lo que piense el ciudadano común de ellos, especialmente a la hora de poner su voto en las urnas. 

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