martes, 19 de marzo de 2013

CAEN TECHOS PERO NO LAS CARAS DE VERGÜENZA


Catalina García, una antigua y esforzada profesora del preescolar, de la Escuela Alvar Núñez Cabeza de Vaca, de la ciudad de Hernandarias; le contaba, tan disgustada como triste, a los distintos medios de prensa, hasta los más mínimos detalles, de como se había producido el derrumbe del techo de aquella institución.

Luego, ella añadió que justo cuando la lluvia arreciaba más, fue cuando se produjo el desplome de una parte importante de la cubierta. Le agradecía a Dios que,  milagrosamente los 62 chicos que acuden diariamente a clases, justo ese día, por la inclemencia del tiempo, fue que no acudieron a la escuela.


Hacía alrededor de tres meses que no llovía ni una sola gota y a esa altura, ya todos los pozos se habían secado casi totalmente. Por lo tanto se hacía demasiado complicado, tener que lavar la ropa, cocinar y por supuesto, hasta bañarse. Fue por eso nos pusimos muy felices cuando comenzó a llover, solo que nunca se nos hubiera ocurrido que un desastre así, podía ocurrir.

Lo lamentable del caso, es que ahora, los niños no tienen su sala de clases y nos vamos a tener que ingeniar, en donde los podemos acomodar, finalizó la profesora García. 

Los asustados padres y los preocupados maestros, por tal acontecimiento, decidieron de común acuerdo, no enviar más a sus hijos a dicha escuela, hasta que alguna autoridad competente confirme o desmienta sobre un inminente peligro de más derrumbes.

Fue esta vez, como en la mayoría de los casos, que gracias a la publicidad y la enorme presión ejercida por todos los medios masivos de comunicación capitalinos y de la región, que el MEC, agilizó el trámite y envió rápidamente a varios funcionarios de la Dirección de Infraestructura del Ministerio de Educación.

Venían con precisas instrucciones de sus superiores, para que realizaran un exhaustivo y minucioso peritaje y así dar un  certero diagnostico sobre la verdadera causa que provocó aquel derrumbe del pabellón. Con el único fin de prevenir cualquier tipo de desgracia posterior, todo un bloque, de 10 aulas, fue clausurado. 

Extraoficialmente los peritos presumen que el desplome del techo se produjo aparentemente por el sobrepeso que se pudo registrar a consecuencia de las intensas lluvias caídas en estos días. Sin embargo, eso es totalmente ridículo y totalmente imposible, ya que hasta cualquier simple albañil se da cuenta de lo estúpido de esa afirmación.

Un ayudante común y silvestre sabe muy bien que eso no ocurriría jamás, a no ser que se hubiera usado material de segunda o tercera categoría, que es lo que se comprueba, luego de echarle una simple mirada superficial, a los restos esparcidos por el piso del aula. Pero esto no es ninguna novedad, ya que visitando muchas escuelas por el interior de este y otros departamentos, se puede observar el pésimo nivel de construcción.

Y la explicación para este hecho es muy simple, lo que sucede es que también la corrupción se ha instalado muy dentro del Ministerio de Educación. 

Y eso se demuestra claramente, que con la anuencia de los que están muy arriba, uno puede llevarse la mayoría de las licitaciones públicas, que coticen la construcción de aulas o escuelas. Logrando esto, es mucho mejor que sacarse el premio gordo de la lotería de Navidad.

Ahora existen tres elementos básicos que explicarían muy claramente porque esto irremediablemente se produzca. El primero como ya dije antes es la gran corrupción existente en el MEC, enquistado en todos los niveles, incluso mucho antes que Blanca Ovelar, llegue a su gestión, hasta nuestros días. No necesita decirse que el material que el ministerio les hace llegar a los estudiantes, cada año es de peor calidad.

Lo mismo se puede notar en las regulares propiedades que tienen  los alimentos suministrados por ellos, en la merienda. Pero la mayor ganancia que se puede encontrar en todo el ministerio, es en la construcción de edificios nuevos. Los precios dados a los contratistas son tan bajos, que no les queda otra alternativa, para obtener alguna pequeña ganancia y para no perder la oportunidad de trabajar y dar empleo a su gente, que es colocando material de muy baja calidad.

Es verdad, aunque parezca mentira, pero los contratistas no verán en todo el tiempo de ejecución de la obra, mucho rédito, porque el grueso de la licitación, siempre quedará para los llamados “peces gordos”. Esos que nunca se pueden ver, pero que manejan todos los hilos de las marionetas, sin ser percibida su presencia.

El segundo, es la total falta de mantenimiento de todas las escuelas públicas, que no estén dentro del ejido urbano de Asunción, ya que  para el MEC, como para todos los asuncenos, el país termina en Calle Última. Es evidente que no existe ni le interesa la descentralización a este gobierno como a ninguno de sus ministerios.

Sin embargo si Alto Paraná, que es el departamento que genera mucho más del 55% de los recursos del Presupuesto General de la Nación, mejor ni pensar como se encontraría la situación en que estarán las humildes escuelitas de Boquerón, San Pedro o las de Alto Paraguay.

Y la tercera y última pieza de este malévolo e intrincado sistema corrupto, es el constante recorte que sufre el Ministerio de Educación, por parte del Ministerio de Hacienda, quien contradiciendo a todo lo expresado en la Constitución Nacional, que fija para aquellos, el 20% del Presupuesto General de Gastos de la Nación, pero que en realidad apenas llega a un mísero 3%.

Por lo que estos centros de primera enseñanza, pero sin descartar para nada los establecimientos de educación media y superior, siempre navegan dentro de una precariedad que realmente da lástima, asusta pero que también causa cierta indignación. 

Ya que muchas veces el Estado le niega recursos a la Educación, pero despilfarra en quinchos para los empleados del Congreso. Por más excusas que ponga Hacienda, no se justifica que se desplomen los techos como que tampoco se les caigan las caras de pura vergüenza. 

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