martes, 30 de abril de 2013

¿PENSAMOS REALMENTE EN EL FUTURO?

Existe un claro denominador común para todos los países integrantes del llamado “primer mundo”. Es algo totalmente desconocido en nuestro país y que a través de toda su historia, jamás se la tuvo en cuenta o bien bastante difícil de implementar: la planificación.


Pero antes de esto, que sería el punto culminante de un consenso general; algo que jamás ha sucedido. Es que los representantes del pueblo, los productores de bienes y servicios y las mismas fuerzas vivas se reunieron en torno a una mesa y se pusieron de acuerdo en el tipo de país que todos pretenden.

Por lo tanto, sin consulta previa ni políticas de estado de corto, mediano y largo plazo, ningún país deja de navegar por las aguas de la ignorancia, el atraso y la pobreza extrema. Dejar todo a la improvisación o que el tiempo lo cure es simplemente la esencia de la filosofía del gobernante mediocre.


Ahora bien, todos los países que optaron por un tipo de vida mejor para su gente, planificaron su futuro y acordaron las variantes,  en caso de fallar en el intento. Sin embargo, todos coinciden que ello es fundamental para el crecimiento de cualquier nación y esto nunca fue tenido en cuenta en Paraguay, porque jamás fue su prioridad.

Luego que Japón perdió la Segunda Guerra Mundial, el país quedó totalmente arrasado. Tuvo que reinventarse nuevamente ya que todo había sido destruido. Pero también necesitó tragarse su antiguo orgullo y arrogancia y pedir ayuda justamente a su propio verdugo a quien estaba subordinado militar y políticamente. 

La diplomacia de EEUU, dejó que el general Mac Arthur, hombre hábil, manejara los hilos de la reconstrucción. Fue uno de los primeros que planteó un plan de ese tipo, que luego tomaría el nombre de “Plan Marshall”. El general siempre respeto la figura del Emperador Hiroito, quien a pesar de todo, seguía siendo la verdadera autoridad moral del país.

Tras una consulta, de Mc Arthur a los japoneses, sobre lo que necesitaban con más urgencia, estos respondieron que precisaban únicamente dos cosas. La primera era restablecer las comunicaciones, fundamental para unir de nuevo a la Nación, reconstruyendo las vías férreas, las autopistas y los aeropuertos.

Lo segundo, llenar de escuelas todo su territorio. El resto caería solo por simple gravitación. Hoy en día, nadie discute su poderío industrial y la calidad de sus productos, aún siendo castigado frecuentemente por numerosos terremotos y tsunamis, logra sobresalir porque sabe lo que quiere y hacia adonde se dirige.

Con la terminación de la Revolución Cultural, China decidió entrar en el mundo capitalista, pero sin admitirlo, desde ya, y envía al Banco Mundial una pequeña delegación. 

Son recibidos por un  ejecutivo de 2da línea. Los asiáticos estaban muy interesados en construir una gran red de rutas y autopistas, al estilo norteamericano.

El funcionario, burlándose de ellos, les dice que en los 9,5 millones de kilómetros cuadrados de toda China, no existían ni siquiera 100 mil vehículos. Los orientales, sin inmutarse le contestan al funcionario que primero era necesario construir las autopistas y luego fabricar autos. Estos se pueden producir en apenas unos minutos, pero las autopistas tardan décadas.

A instancias del Banco Mundial, este mismo funcionario se radica en Pekín, con el fin de supervisar la construcción de 25 mil kilómetros de caminos y autopistas de excelente calidad. En el año 2005, China tenía sus vías de comunicación terminadas y circulándolas unos 40 millones de vehículos.        

Según previsiones en base al crecimiento anual, en el 2020, los chinos contaran con 170 millones de vehículos. En los últimos años, no han dejado de crecer y sus índices de dos dígitos, asustan a sus competidores europeos, norteamericanos y japoneses. Es que ellos saben exactamente lo que quieren y hacia donde se dirigen.

Alemania, mucho antes de la Segunda Guerra Mundial, ya había construido la red de carreteras más importante del mundo. Sin embargo pierden la guerra. Pero resulta que el comandante de las fuerzas aliadas era el Gral. Eisenhower, quien sería luego  Presidente de EEUU. Y este aprendió la importancia de contar con una red vial que conectara a todos los puntos de un país.

Apenas Eisenhower asume el cargo de Presidente, recuerda lo observado en Alemania y pone manos a la obra. Durante toda su permanencia en el gobierno lo dedicó a construir rutas de buena calidad. Fueron 68 mil kilómetros y 55 mil puentes. El costo fue  fabuloso, para su época y comparable a un viaje a la Luna.

Sin embargo hasta hoy en día, se la sigue considerando como la inversión más rentable de todas las obras hechas en los EEUU. Mientras tanto en Paraguay cuenta, hasta el mes de mayo de 2011, un total de 29.500 kilómetros de carreteras, con un 50% pavimentado.

No tenemos ni 100 kilómetros de autopistas y las demás rutas nacionales tienen un ancho que varía entre 7,20 y 9 metros. La mayoría carece de banquina donde estacionar en caso de  emergencia. La señalización de las mismas es mínima, si es que no fue dañada o robada. Con ese ancho miserable es lógico que ocurran desgracias.

El mantenimiento de las rutas, generalmente  depende casi siempre de la presión que hagan los parientes de las víctimas de accidentes ruteros. En año 2007 perdieron la vida 845 personas, en el año 2008, la cantidad aumentó a 1.073 mientras que en el 2009 a 1.024. Aquí no figura el costo social que representa la rehabilitación total ni los que queden inválidos de por vida.

El 50% de los puentes son de madera y hace rato que venció su vida útil. La corrupción existente en todos los estamentos conspira para que estas vías sean realmente seguras. Ministros, funcionarios, fiscales de obra y empresas contratistas se han aliado para delinquir sobre el patrimonio estatal.

Da por resultado que sean usados materiales de 2da o 3ra categoría, sin compactar y ni estudio previo de suelo. Se pasa apenas una fina película de asfalto, como simple terminación. Antes de los 6 meses se presiente el descomunal  negociado. Con esto los productores no pueden llevar su cosecha a los centros de consumo, ni distribuir los suministros por los distintos puntos del territorio nacional ni los turistas conocer paisajes maravillosos.

Como dije al comienzo, hasta que todos juntos no definamos que tipo de país deseamos para nuestros hijos y nietos, esto no avanzará y solo seguiremos navegando dentro de la supervivencia. Es que ellos si saben exactamente lo que quieren y hacia donde se dirigen. Nosotros no y por eso estamos como estamos.

1 comentario:

  1. Lo veo como una enseñansa de los logros de la perseverancia y programar los sueños en realidad proyectarse en el futuro pensando en el presente con la intencion de no ser afectado por el mundo moderno cuando aun no se a explotado en el pais de cad uno de nosotros .
    Para mi en Chile son unos de los graves errores no pensar en el el FUTURO que todos podemos tener en esta TIERRA

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