sábado, 18 de diciembre de 2010

LA LOCURA NO TIENE FIN

Que yo recuerde, nunca fui un paranoico ni un esquizofrénico, tampoco creo haber tenido delirios de persecución, ni hostigamientos imaginarios, al menos eso pienso. Sin embargo parece que en los últimos tiempos, me he vuelto una especie de tubo fluorescente, porque atraigo toda clase de bichos. 

Esto sucede desde que acudo, con más frecuencia, a la Biblioteca Municipal, en donde colaboro con un amigo, a “cranear”  proyectos que sean nuevas y originales alternativas para los jóvenes, pensando siempre en darle a los esteños una mejor preparación profesional, pero en forma gratuita.

Pero sucede, que la locura nos rodea por completo, para mi sorpresa y en una sola jornada, aparecieron tres trastornados, de esos que tienen bien flojos los tornillos, aparentemente inofensivos, pero no por eso vamos a bajar la guardia. Fueron cayendo uno a uno, con distinto grado de chifladura.

El primero de estos alienados, asiste al curso de marketing, que dicta esta repartición municipal. Constantemente el susodicho “tavy”, se dedicaba sistemáticamente a interrumpir las charlas dictadas por la paciente profesora, con preguntas que no tenían ni pies ni cabeza.  Eso hasta que al tipo se le terminaron por aflojar las tuercas y caer sus bulones al piso, el día en cuestión.

Entró ya, de mala onda, y empujó al guardia de seguridad y ante que causara mayores males, fue declarada persona no grata y “rajado” violentamente.  Nadie supo como una persona así se había inscripto, ni como se le había perdonado por tanto tiempo, sus interrupciones y la perturbación para aquellos “cuerdos”, que si deseaban adquirir más conocimiento.

El segundo caso se refiere a un conocido, que muy ansioso, insiste en vender su mamotreto literario, que no pasa de un folleto, ya que la UNESCO estipula que un libro, necesita un mínimo de 64 páginas, cosa no tiene. Pero la gente al siguiente acto de abrirlo y darle una ojeada lo abandona, ya que los “clientes” de la biblioteca, rara vez desean leer temas religiosos.

Pero lo triste de este buen señor, que cegado por su obsesión, no toma en cuenta, que la temática que prevalece en su escrito, es de citas bíblicas, extraídas del Antiguo y Nuevo Testamento, con breves comentarios, traídos de los pelos, y que no siempre tienen  coherencia. Pero que él, juzga haber creado una obra maestra, del tamaño del Quijote español o el Hamlet inglés. Y eso no se lo va a sacar nadie de su afiebrada y excitada cabecita.

El  tercer caso, raya la locura mezclada con la piedad. Existe una mujer que tuvo una hermosa criatura con “alguien” que trabaja en una dependencia municipal. Aparentemente la mujer nunca creyó mantener una aventura, cosa que no fue recíproca. Por lo tanto  si jamás gozó de buen juicio, con el alejamiento de él, la cosa se  agravó,  comenzando la pobre mujer con sus divagues y delirios.

Ahora solo busca venganza y recorre la Fiscalía, la Codeni, la Gobernación o la Intendencia, siempre con el bebé a cuestas. Ya que desea que su ex-pareja sea castigada por no regresar al nido de amor. El hombre no niega su paternidad, solo que la convivencia con ella es imposible. Es más, todos los meses le pasa una pequeña pensión, ya que sus entradas son bastante magras. Pero esto no la consuela.

Estos tres casos me hicieron pensar mucho. Reveló ante mis ojos, una realidad cruda y descarnada. Puede ser que esta sociedad tan alienada nos empuje al precipicio por perseguir cosas sin importancia. La ridícula carrera tras el estatus, que es demostrarle a los otros, que no somos estúpidos y que podemos tener lo que se nos ocurra, como echándole en cara al vecino, que no puede hacerlo, aunque se esfuerce. ¿Será así la cosa?, ¿estaremos tan locos que no nos damos cuenta que lo estamos?

El consumismo terminó por insensibilizarnos. Ha hecho que perdamos nuestros antiguos valores y lo reemplacemos con falsos ídolos, la mayoría de origen tecnológico. El celular, la computadora, el DVD, la ropa de marca, son los nuevos íconos a la que todas las sociedades del planeta le rindan culto. Tanto como el sexo sin amor o la infidelidad como nueva norma de conducta. 

Escalar posiciones dentro de la sociedad es una carga que no todos pueden soportar. Anestesia el alma durante la trepada y hace que nos tornemos más duros e insensible al sufrimiento de los demás. 

Perdiendo irremediablemente muchos de los valores aprendidos en la infancia, durante el ascenso. Los que no lo logran, se deprimen y se consideran fracasados. Muchos se suicidan y otros se desquician.

La locura es, según mi modestísima opinión, la dramatización extrema de un problema personal no resuelto ni asumido y llevado al campo patológico. 

El estresante ritmo del consumismo puede conducirnos a caminos sin salida. Pero también existen alternativas que tienen que ver con nuestra familia y nuestra infancia en donde los maltratos, nos puede dejar traumas que nos marcaran para el resto de nuestras vidas.

Puede ser que aquella famosa frase que decía que hay más locos afuera que encerrados, tenga absoluta razón. La locura está en todos lados y nadie está a salvo de ella. Porque nadie sabe cuando  ella nace ni cuando la locura tiene fin. 

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