miércoles, 24 de noviembre de 2010

ANTE LA CRISIS, MÁTESE DE RISA

Según contaba mi papá, el Dr. Jaime Isidro Steimberg, los antiguos médicos rurales afirmaban con total seguridad, que “en donde entraba la risa, salían los médicos”. 

Y de esto hablamos de muchos años atrás. Cuando precisamente la Tierra aún no se había enfriado y los “mboi kuera” (serpientes) tenían alas.

Luego vinieron estudios más serios que la simple observación visual y los mismos confirmaron que la risa podía curar al 70 % de las enfermedades que actualmente se contraen. Mi papá, hace cuarenta y cinco años atrás, ya me decía que la risa genera, dentro de nuestro cuerpo, una corriente eléctrica que contrarresta cualquier otro tipo de corriente negativa como son el estrés y ciertos estados de angustia y depresión.

O sea, en pocas palabras, que con la risa; el malhumor, el desaliento y la tristeza, se alejan de uno con rapidez. Es como el ajo para los vampiros, refiriéndome a los bichos alados y no a los que tienen un estudio jurídico o es inspector de Hacienda. La risa es el remedio infaltable en cualquier botiquín, se la puede ingerir en cantidades industriales, sin temores a una sobredosis o contraindicaciones peligrosas. No se ha escuchado que posea efectos secundarios.

Según las últimas teorías de las escuelas tanto de psicólogos, de psiquiatras y de médicos oncólogos (cancerólogos), hablan que la risa conlleva al buen humor y este estado hace que la enfermedad, si bien no desaparezca, al menos bloquee el crecimiento de los tumores. Por lo tanto, no aquí por supuesto, pero en los principales hospitales del primer mundo, existen salas especiales de Humorterapia.

Allí es donde la risa espontánea y la carcajada abierta, sonora, y contagiante son el remedio principal, formando parte esencial de la terapia. Hoy en día, muchas enfermedades se combaten de esa manera. Entre ellas, cierto tipo de alergias, el asma bronquial, la incontinencia urinaria nocturna, por parte de las criaturas, y un montón de problemas más de orden somático, o sea quien tenga algunos  tornillos flojos en el coco. 

Nosotros aquí, en Paraguay, tenemos más problemas que chancho en pista de hielo. La población esta agobiada por los bajos sueldos, la que goza de relación de dependencia, y la que no, deprimida por la falta de oportunidades de trabajo; un campo proveedor de toda la materia prima que enriquece al país, totalmente desprotegido y una industria con muchas ocasiones de crecer, pero que marcha a la deriva y sin leyes de juego claras que la ampare; un gobierno con seis meses en el poder, que aún no responde a las grandes expectativas creadas durante su campaña electoral.

Por otra parte, las condiciones climáticas adversas se ensañaron con nuestro país, ya que tenemos inundaciones por un lado y sequía por el otro. Cada tanto cae granizo del tamaño de una pelota de fútbol, que revienta media producción agrícola, o bien se desatan vientos tan fuertes que te desprenden hasta el anatómico. 

En fin, la naturaleza inició su venganza y recién comenzamos a pagar la primera cuota del desmonte indiscriminado, el envenenamiento de la tierra y la contaminación del agua, entre otras cosas.

Con un billete de cien mil, hoy en día no se hace nada, y mucho menos en el “súper”, del cual salimos con cara de sufrimiento portando una diminuta bolsita de polietileno. Consultar a un médico privado, es una locura, ya que el costo del arancel nos puede causar un síncope cardíaco. Por lo que el remedio es peor que la enfermedad. En caso de pasar por un Centro de Salud, tendremos que soportar el mal trato de las recepcionistas y afrontar largas horas, en los incómodos sillones, de la sala de espera. Eso si tenemos la suerte que el médico, se presente a trabajar.


Ante tanta “depre”, problemas, enfermedades y otras yerbas por el estilo, lo único que nos queda es nuestra dignidad y el buen humor paraguayo. Por lo tanto el remedio infalible contra toda esa mala onda es indudablemente la risa. Vea siempre el lado cómico de la cosa, porque si lo tiene, solo es preciso buscarlo.


Hay una anécdota que contaba mi finado abuelito y da a entender que nunca debemos desmoralizarnos por nada del mundo, porque siempre existe alguien que esta peor que nosotros y dice más o menos así:


Había una persona que todos los días se quejaba porque era muy pobre y desdichado ya que su única comida diaria eran bananas. Cierto día, mientras recorría el camino hacia el pueblo y no paraba de lamentarse, se encontró con un anciano, entonces sin dudarlo, el quejoso se le acerca y le cuenta sobre su desdichada vida.

Entonces el anciano le dice que está realmente equivocado, y si no que se diese vuelta y observase bien la escena. Así lo hizo el quejoso y para su sorpresa encontró a un hombre vestido apenas con harapos, que seguía sus pasos y que recogía todas las cáscaras de las bananas que aquel pelaba y se las comía. 

Estamos mal, pero podríamos estar mucho peor. Por lo tanto, háganme caso y sonrían toda vez que puedan, porque esta es la mejor medida “anti-crisis” que les puedo sugerir.   

2 comentarios:

  1. Muy buena la nota ,constructiva y con unas fotos que en mi país ( Argentina ) harían furor . P.ej. la ultima. Gracias.

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  2. Muy lindo y reconfortante el artículo Ricardo! Siempre y cuando no se nos presente una escena en las que corramos el riesgo de " morirnos de risa"!! un abrazo!

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