miércoles, 10 de noviembre de 2010

MI ESTIMADA KARINA O QUIEN QUIERAS QUE SEAS

Esta es la contestación a un mail, que me envió una desconocida, a mi correo, invitándome a participar en la marcha contra la inseguridad, la violencia y la impunidad, que se realizó el pasado miércoles 16 de diciembre de 2008.


En toda la historia paraguaya, nunca una convocatoria ciudadana hizo la gran diferencia y esta como las otras, al menos para mí, no tienen ningún sentido. Cual es la idea de organizar una manifestación ciudadana en contra de la violencia y la impunidad, si todos sabemos que la policía está rebasada y los mismos jueces dejan, enseguida, sueltos a los criminales.
Pretender solucionar todos los problemas de inseguridad en solo 5 meses es tan ridículo como querer vaciar el mar con una cucharita de té. Esta no es una hora oportuna para reclamos y si para ponerle el hombro a este nuevo gobierno, así como se hizo en todas las anteriores gestiones, después del golpe.

Y aunque ya no me estén gustando muchas cosas, ni por un segundo, me gustaría estar en las sandalias de Lugo. Porque la bolsa de gatos que debe haber encontrado debe ser terrible. Tu postura me parece demasiado extremista y con muy poca personalidad al dejarte arrastrar, como idiota útil, difundiendo correo electrónico a diestra y siniestra sin pensarlo dos veces, al menos.

Es más, para que lo sepas bien, no toda la inseguridad proviene de los “peajeros”, “caballos locos”, rateros, ladrones domiciliarios, secuestradores o “ñembo” campesinos invasores. También genera violencia e inseguridad la gente común y silvestre como vos o como yo, que nos agreden de igual manera que aquella temible fauna ya comentada más arriba.

Para tu tranquilidad, te voy a citar varios ejemplos y luego decime si estoy tan equivocado. Todavía se siguen suicidando, a alta velocidad, nuestros jóvenes en sus motos, casi recién compradas, perjudicándose no solo ellos, si no a terceros inocentes que por desgracia estén cerca, en el momento del impacto.

Genera violencia ver a padres irresponsables con su familia entera montada en una endeble motocicleta, rodando sin luces ni casco y apenas equilibrada, por las rutas nacionales. Eso, si la imprudencia de conducir un vehículo, de dos o cuatro ruedas, es con un alto grado de alcohol en la sangre.

Crean zozobra e inseguridad las adolescentes, que conociendo los riesgos, no solo se embarazan, si no que contribuyen, como efecto colateral, a aumentar la tasa de contaminación del sida. Y eso que han escuchado, hasta el cansancio, las recomendaciones hechas en todos los medios masivos de comunicación.

Las chicas estúpidas que no pueden aguantar 15 míseros minutos sin dejar de chatear, con sus machos, haciéndolo en plena calle desierta, al oscurecer, sin mirar por donde caminan, llamando al peligro para que las roben o las maten, por una porquería de aparato, que los delincuentes venderán por 3 dólares, al primer arriero que pase.

Cuando los chicos y las chicas hacen una entupida ostentación de riqueza, frente a desconocidos, de sus “championes” de marca o su ropa exclusiva, comprada en los shoppings, despiertan la malsana envidia de quienes, desde la pobreza, no pueden hacer lo mismo, por lo que incita a la violencia a rateros o “peajeros”.

Cuando los conductores ebrios, tiran las latas de cervezas vacías al pavimento, sin ningún tipo de culpa o remordimiento, con el peligro de lastimar a cualquier eventual transeúnte. Cuando las familias pasean por un arroyo y luego arrojan allí todas las inmundicias e inclusive hasta las bolsas de plástico, no sabiendo que esas porquerías tardan 150 años en degradarse.

Cuando los turistas de nuestro país, visitan un parque nacional, un museo o las ruinas jesuíticas y mientras nadie los ve, rapiñan cualquier cosa, hasta un pedazo de teja que por casualidad puede tener la friolera de 400 años de antigüedad, para tenerlo egoístamente en casa, como un simple recuerdo. Total que importa el patrimonio cultural de nuestro país.

Cuando inadaptados recorren la ciudad, a las 3 de la madrugada, con su música a todo volumen, no importándoles que interrumpan el descanso de bebes, gente mayor, enfermos o simplemente trabajadores que se levantan temprano para cumplir con su horario de trabajo.

  
Al niño de la calle, que se me acerca para pedirme dinero y le ofrezco de corazón, toda el alimento que pudiera consumir, pero no lo acepta, entonces le digo que se joda. No quiero ser cómplice de una explotación comercial de sus padres, ni que con mis monedas, compren caña o cigarrillos. Tampoco deseo acostumbrarlos al dinero fácil, porque así no es la realidad de la vida.

La verdadera inseguridad, violencia e impunidad se encuentra en el Congreso. Condenemos a todos aquellos que todos tan bien conocemos, colocándolos en el sitio que les corresponde, para que paguen su pena con la sociedad y la otra, la de la calle, seguro que se resuelve mucho más fácil de lo que pensamos.

Mi estimada Karina o quien quieras que seas, si me queres invitar a discutir mi forma de pensar tan distinta a la tuya, bienvenida, pero si es para otra macanada por el estilo, por favor no cuentes conmigo. CAMBIO Y FUERA. RISTE

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